Aunque se lo llame ruleta rusa, el juego no tiene una procedencia definida. Fue la película El Francotirador de Michael Cimino y protagonizada por Robert de Niro, Cristopher Walken y John Savage que cuenta la historia de tres obreros metalúrgicos que, de un momento para el otro, se ven sumidos en la guerra en Vietnam. La tragedia se amplía cuando son hechos prisioneros del Vietcong y obligados a jugar el juego de la muerte: la ruleta rusa. Aquel de final incierto.
Esa sensación de no saber qué es lo que nos va a ocurrir de un momento para el otro también puede ser trasladado la ciudad de Santa Fe aunque lo que se pone en juego no es la vida sino parte de nuestro dinero. ¿Cómo se juega? Habrá que pararse en una esquina, esperar que pase un auto pintado de un notable color verde (verde Telefónica, según precisan algunos), levantar el brazo haciendo un gesto, esperar a que se detenga y allí comienza la diversión... o la tragedia.
Ocurre que para un mismo tramo, para una misma distancia recorrida, el precio a pagar nunca será el mismo y el entretenimiento es saber si uno acertó en la elección de este móvil (pagué un poco menos) o si fui un tonto al pagar muchísimo más de lo habitual.
Los testimonios de esta situación son múltiples y no hacen falta reproducirlos, pero cuentan historias terroríficas -muy apropiadas para una Noche de Brujas- sobre viajes en remís de unas pocas cuadras que terminan costando exorbitancias, junto con algún maltrato y autos que están muy lejos de estar siquiera en regular estado.
Lo bueno es que en este juego no hay árbitro, no hay autoridad alguna que regule la situación por lo que lo único que le queda a cada participante es rogar para que no salga la bala que más daño hace. Otra ruleta rusa, la ruleta santafesina.