Horacio Serafini (CMI)
El proceso será en los primeros seis meses de 2008, dijo Díaz Bancalari. La definición pasó casi desapercibida en medio de la agitación de la campaña, pero después del domingo cobró su auténtica dimensión.
"No tengan ninguna duda de que en el lugar que me toque actuar pondremos en marcha una gran reorganización democrática del Movimiento Nacional y Popular que es el Partido Justicialista", dijo el presidente Néstor Kirchner.
Como lo hizo en contadísimas ocasiones durante sus cuatro años y medio de gobierno, citó varias veces a Juan y Eva Perón, antes de confirmar que en la "construcción de una herramienta democrática", está dispuesto a ir por la jefatura del Partido Justicialista (PJ) en una elección interna: "Allí, los que tanto hablan van a tener la urna y vamos a ver quién es quién", desafió.
Penúltimo antes de la elección, el discurso de Kirchner, el miércoles de la semana pasada, adquiere también ahora otro valor. Sus palabras fueron en el municipio de Ituzaingó ante intendentes justicialistas del Gran Buenos Aires. Los términos habían sido conversados dos días antes por el Presidente con un núcleo mínimo de dirigentes provinciales, entre ellos el electo vicegobernador Alberto Balestrini y el titular del PJ bonaerense, José María Díaz Bancalari.
Son esos intendentes que en su mayoría renovaron sus mandatos, junto a los que resultaron electos, los que el domingo le hicieron un aporte decisivo a la consagración de Cristina Fernández de Kirchner: le sumaron casi la mitad (23,5 por ciento) del 45 por ciento de los votos que la consagraron presidenta.
El contundente triunfo del oficialismo, pero también la magra cosecha que logró su principal rival justicialista (Alberto Rodríguez Saá sumó apenas 7,71 por ciento), han apurado los tiempos de puesta en marcha de aquella definición presidencial.
"El objetivo es que el PJ esté normalizado en el primer semestre del año que viene", señaló Díaz Bancalari. Según su visión, que se nutre de las orientaciones presidenciales, el justicialismo está "ante una gran oportunidad para redefinir su condición de nuevo movimiento nacional".
En ese plan, el reelecto diputado nacional anticipó que el PJ dará un nuevo proyecto estratégico para el país, del que carece desde el que hace 33 años (en mayo de 1973) presentó Perón pocas semanas antes de morir.
El desafío que lanzó Kirchner en Ituzaingó ("vamos a ver quién es quién") seguramente no tendrá acogida entre los referentes del justicialismo antikirchnerista, a juicio de Díaz Bancalari. A partir de la relación de fuerzas que determinó la elección, "no se va a presentar nadie", dijo el titular del PJ bonaerense, después de lanzar la chicana a Rodríguez Saá y al ex presidente Eduardo Duhalde: "De las internas, están invitados a participar todos aquellos que quieran".
Dada esa relación de fuerzas, difícilmente Duhalde, que tomó distancia de las elecciones con un viaje al exterior, cumpla con su anunciado regreso a la política previo a las elecciones, cuando dijo que en noviembre volvería para "reconstruir el PJ". Rodríguez Saá, por su parte, la misma noche del lunes pasado anticipó a sus colaboradores que en vez de "suicidarse" en una interna se dedicará a afiliar adherentes a su partido Frejuli.
De los pasos precisos que en función de la normalización del PJ dará después del 10 de diciembre, Kirchner hablará estos días en su retiro de El Calafate con su sucesora. Ella ha dicho en las horas que siguieron a su elección que es necesario una "realineamiento" de los partidos políticos hacia un sistema de "frentes de centroizquierda (la Concertación Plural con el PJ como eje) y otro de centroderecha".
Apelación
El periodista y el abogado que denunciaron que la presidenta electa, Cristina Fernández, habría fraguado su título de abogada, apelaron la desestimación de la causa dispuesta por el juez federal Norberto Oyarbide. El abogado denunciante, Fabián Bergenfeld, quien acompañó la acción judicial como presidente de la Asociación Civil Para la Defensa Ciudadana, redobló la apuesta y desafió a la senadora a que lo querelle por el presunto delito de "falsa denuncia". Mediante una carta, Bergenfeld advirtió que "un título profesional no es una `cuestión personal' ni un dato sensible, sino que es un atributo que se otorga en el ámbito de una universidad, revistiendo interés público cuando se trata de una de las supuestas cualidades sustanciales de una senadora nacional. Bastaba con que se exhibiera a través de un tercero su diploma y la copia de su certificado analítico, más aún teniendo en cuenta que las sospechas sobre su graduación comenzaron a difundirse largo tiempo atrás", sintetizó.