CICLO DE CHARLAS
Del arte cortesano al arte revolucionario
Organizado por el Instituto Superior de Profesorado N° 8 Almirante Brown y la Alianza Francesa, se viene desarrollando un ciclo de disertaciones a cargo del Prof. Domingo Sahda.

Graciela Audero

Las conferencias llevan por título: "Del arte cortesano al arte revolucionario (1750-1930)", y cuentan con la proyección de imágenes -de obras principalmente francesas- que ilustran estilos, escuelas y modos de realización que remiten conceptualmente al Barroco tardío, al Rococó, al Neoclasicismo, al Romanticismo, al Realismo y a las cuatro escuelas que, en opinión del escritor mexicano Octavio Paz, cierran la Modernidad en Occidente: Impresionismo, Cubismo, Expresionismo y Surrealismo.

El Prof. Domingo Sahda insiste en la idea de constantes avances y retrocesos rítmicos en las configuraciones sobre diferentes soportes, estáticos y móviles, a lo largo de períodos históricos en los que se suceden definiciones del arte como manifestación del poder palaciego y cortesano, imágenes de connotación política didactizante, como también, el arte en tanto manifestación de sentimiento y pertenencia romántica, de testimonio social o de cientificismo naturalista.

Sin embargo, el disertante destaca el cambio fundamental producido en el dominio del arte entre 1884 y 1914, es decir entre la primera manifestación de la autonomía artística: el "Salón de los Independientes", en París y la crisis de la guerra 1914-1918, época en la que se elaboró el arte vivo de nuestro tiempo. Ruptura revolucionaria semejante a la que había marcado el fin de la Edad Media y que había suscitado el gran despertar del Renacimiento. A pesar del progreso filosófico, científico y técnico que favorecía esa ruptura presidida por los artistas plásticos independientes, la burguesía con su espíritu inmovilista la rechazó en favor del arte oficial. Por primera vez en la historia del arte, la evolución estética se realiza con total independencia de la moda, del gusto y de las costumbres, al margen de toda influencia social. El único promotor de este cambio revolucionario es el artista, subversivo por definición.

Es así que, condenado por los medios oficiales, el artista se transforma en un paria. Y, aislados, los artistas se agrupan, reuniéndose en cafés, en ateliers grupales o en torno de revistas.

Expresión en plenitud

Todas las revoluciones estéticas del Impresionismo, Cubismo, etc., ocurren en París, donde artistas franceses y, sobre todo, artistas de todo el mundo, pueden concretar los cambios, gracias a la extraordinaria atmósfera de libertad y de receptividad, marco privilegiado que permitirá a cada genio, de Monet a Picasso, expresarse en la plenitud de su originalidad.

La gran revolución -remarca el Prof. Sahda-, comienza con la elección de la sensación y de la impresión, nuevo enfoque instintivo del mundo de las apariencias, como medio de conocimiento y de punto de partida de toda experiencia artística. La noción de realidad ligada a la objetividad en el arte cortesano, se vuelve indisociable de la impresión visual que la realidad produce en el artista en el arte revolucionario.

Al destruir los principios preexistentes, el arte dejó de ser una disciplina académica y conformista para devenir una "experiencia" siempre viva, dinámica, perpetuamente nueva hasta nuestros días.

Este dinamismo, junto a la evolución cultural que le hace perder al arte su carácter específicamente nacional para volverse mundial, explica las revoluciones estéticas del siglo XX: tantas revoluciones como visiones del mundo diferentes, tantas visiones del mundo como creadores, afirmando el genio individual e irreductible de cada artista.