Día del urbanismo
La planificación ciudadana como una estrategia de convivencia
Zonas anegables, crecimiento desigual y limitado, inequidad social vislumbrada en el espacio, son algunos problemas actuales. Foto: Eduardo Salva

Este año la Municipalidad presentó el Plan Urbano Santa Fe 2010. El nuevo intendente electo promete terminar de convertir a la ciudad en un centro urbano y regional. ¿Qué hay que considerar? ¿Puede Santa Fe recobrar la armonía? Opinan especialistas.

Desde su nacimiento, cuando el panorama se limitaba a un aglomerado de casas apenas unidas entre sí, subordinadas a un templo o edificio público que presidía la composición, y la plaza y sus construcciones lindantes confirmaron su carácter urbano; Santa Fe se perfiló como una ciudad ribereña que nunca logró incorporar del todo al río a su vida cotidiana, aunque el puerto le mostró su brazo más generoso.

De esta manera, el otrora hábitat de los mocovíes forjó una historia que por momentos se vivenció fuerte, unida y armónica; y en otros apareció conflictuada y fragmentada. Hoy el momento parece coincidir con estos últimos atributos. Sin embargo, se logró que los intentos de urbanistas y académicos locales, guiados por el Secretario de Planeamiento de la Municipalidad, pusieran en discusión pública qué perfil debe adquirir y qué medidas hay que implementar para que la ciudad viva una vida plena y equilibrada entre sus faces física y social.

He aquí el aporte del urbanismo: el estudio de los mecanismos para ensamblar los procesos culturales, económicos, políticos, ambientales, de salud, vivienda y educación, entre otros, en un sano equilibrio ciudadano. Para cada uno de estos aspectos, la ciencia interdisciplinaria tiene una respuesta.

Su objeto es la ciudad, no como un estático sino como un continuo habitado y vivido por personas que deben sentirse satisfechas y felices en la convivencia con su faz física y social. Porque una ciudad, aclara el arquitecto Julio Arroyo, "es una articulación de, como mínimo, tres grandes elementos: el Estado, la sociedad y la cultura. El Estado se articula con el fenómeno urbano básicamente a través de dos grandes aportes: desde el aparato normativo y en la intervención concreta, como obras públicas. La sociedad básicamente aporta el lazo social, el reconocer al otro como ciudadano y no como una amenaza, por más que haya conflicto. Y la cultura, que encierra los sistemas simbólicos compartidos y los sistemas de expectativas: ¿qué podemos pensar acerca de las cosas? ¿quién piensa similar a lo que pienso yo?".

Pasado...

¿Qué aporte significan los 400 años de historia de la ciudad para pensar su presente y futuro urbano? La historia brinda sistemas simbólicos de identificación, experiencias compartidas y vivencias espaciales que se pueden resignificar, y es necesario retomar, para construir ciudad física y socialmente.

En cuanto a la planificación, existen cuatro grandes antecedentes: el Plan Regulador de 1940 -que expresa la transición del plan colonial-, el Plan Director de 1981 -contempla la visión funcionalista del desarrollismo tardío-, el Documento Diagnóstico del Plan Estratégico Santa Fe Siglo XXI de 2002 -que elabora un diagnóstico participativo- y del ProCIFE (2004), que estudió los problemas posteriores a la inundación y planteó como desafíos la vulnerabilidad social y territorial, la desigualdad socioeconómica y el crecimiento poblacional.

Arroyo ve en la experiencia de vida de Santa Fe la vía del optimismo: "Vivimos en un espacio que ha sido ocupado desde hace largos 400 años, por eso mismo hay ciertas sedimentaciones que nos permiten tener sistemas simbólicos muy desarrollados, que nos llevaría a pensar que es posible generar procesos de identificación cultural con este lugar. Santa Fe es una buena ciudad, con mucho potencial".

Presente...

Es cierto que hoy se notan ciertas interrupciones y conflictos en esa relación entre el cuerpo o la ciudad social, y la física. El hecho que es reconocido por todos los especialistas consultados, Arroyo lo aduce a que Santa Fe "está instalada en un área de grave compromiso hídrico". A lo que le agrega la existencia de un ordenamiento socio económico que diferencia y hasta excluye sectores, dando lugar a un problema de "vulnerabilidad social".

Quien tendrá a su cargo las políticas locales de planificación urbana en la próxima gestión municipal, el arquitecto Eduardo Navarro, es conciente de que el diagnóstico, en general, "es muy deficitario". Más si se tiene en cuenta que "en cada uno de los subsistemas donde uno pone el ojo, ve que están funcionando en forma deficitaria o tienen un estado de atraso preocupante".

-¿A qué se debe?-Pasa por cuestiones normativas, por cuestiones humanas, de falta de preparación de los cuadros que tienen que manejar eso... Todo eso da como estado de situación un cuadro preocupante, más allá de la excelente gestión del actual secretario de Planeamiento, Gustavo Giobando.

Futuro...

¿Qué hacer? ¿Cuál es la actitud que tienen que tomar las organizaciones de la sociedad civil, los dirigentes políticos y los concejales?

Para Arroyo hace falta "tomar conciencia de que estamos en una ciudad conflictiva y que esto hay que revertirlo", para lo cual se necesita un "liderazgo político" que encauce "en un sentido político los conflictos de la ciudad. Los conflictos de la ciudad social, los conflictos de la ciudad física y los conflictos de la relación ciudad social- ciudad física".

En la misma sintonía, Navarro puntualiza que "es el municipio el que tiene que fijar las reglas de juego", basadas en una base de participación para que "la sociedad se sienta protagonista e incorpore el proyecto, que no es lo mismo que poner a todo el mundo a proyectar".

-¿Qué aporte puede hacer el urbanismo para esta situación de enfermedad?-Tener un plan. Un plan no se basa solamente en el plano teórico de las líneas generales, sino hacerlo descender al mundo operativo. Tiene que ser realista, tener un horizonte de sucesos a corto, mediano y largo plazo. Además de ser consensuado, susceptible de ser corregido y controlado.

Sol Lauría