El centro del duelo entre la CIA y la KGB en Latinoamérica

El ojo del huracán de la Guerra Fría y del espionaje entre norteamericanos y soviéticos en América Latina estuvo en Montevideo, según el libro "La CIA en Uruguay", que acaba de publicar el escritor Raúl Vallarino a partir de testimonios de sus protagonistas y de archivos secretos desclasificados.

"Uruguay fue escenario principal del combate de las dos potencias, Estados Unidos y la Unión Soviética, durante la Guerra Fría. En este país estaba el centro del espionaje soviético para toda Latinoamérica", indica Vallarino.

En ese entonces llegaron "agentes encubiertos como diplomáticos, que fiscalizaban no sólo operaciones en Uruguay, sino en el resto de América", explica el escritor y periodista, que fue director de la Biblioteca Nacional de Uruguay entre 2000 y 2005.

"La CIA en Uruguay", publicado por Planeta, aborda la colaboración entre el poder uruguayo y la Agencia Central de Inteligencia de EE.UU. durante los años 1950 y parte de los años 1960 con Benito Nardone como protagonista.

Este político y periodista uruguayo, presidente de Uruguay entre 1960 y 1961 e integrante del Consejo Nacional de Gobierno, fue asesorado, según Vallarino, por Howard Hunt, cerebro de la invasión de Bahía Cochinos en Cuba y artífice del caso Watergate, de espionaje a la sede del Partido Demócrata norteamericano.

"Hunt se convirtió en 1957 en el jefe de la CIA en Uruguay y encubría ese trabajo bajo su cargo de primer secretario de la Embajada de Estados Unidos", destaca Vallarino.

Una de las principales tareas de Hunt, añade, "era infiltrar el Partido Comunista" de Uruguay y conocer con claridad a sus contrincantes, "incluidos en la destacada representación que el KGB tenía en la Embajada soviética" en Montevideo.

En 1960, Hunt dejó Uruguay para dirigir en su país el intento (fracasado) de invasión de Cuba por Bahía de Cochinos; más tarde fue condenado a 33 meses de cárcel y su protector, el presidente norteamericano Richard Nixon, tuvo que renunciar a su cargo por el caso Watergate.

Pero aunque Hunt ya no estaba en Uruguay, su red de agentes siguió muy presente en la vida de la República Oriental.

Vallarino recuerda cómo en enero de 1961, con Nardone al frente, el gobierno uruguayo expulsó al embajador de Cuba, Mario García Incháustegui, y al primer secretario de la Embajada de la URSS, Mijaíl Samailov, por "intromisión en los asuntos internos" del país.

"Había un plan coordinado para trabajar" entre la CIA y las autoridades de Montevideo, afirma el escritor uruguayo, quien subraya también las presiones que se estaban produciendo desde la otra parte, es decir, de la Unión Soviética.

Vallarino es autor de otro libro de espionaje, "Nombre clave: Patria. Una espía del KGB en Uruguay", en el que recoge las aventuras en este país de la española África de las Heras, precisamente el cerebro de las actividades de los servicios secretos soviéticos en Latinoamérica.

Esta espía española, infiltrada por Moscú en la secretaría de León Trotski en México, que se lanzó en paracaídas tras las líneas alemanas en la II Guerra Mundial y participó en otras numerosas aventuras, es también uno de los focos de atención del nuevo libro de Vallarino.

África de las Heras, que cambió su nombre por el menos llamativo de "María Luisa" y estaba casada con el escritor uruguayo Felisberto Hernández, "ocultaba sus actividades bajo la coartada de modista de alta costura, pero en realidad era coronel del KGB", afirma Vallarino. "Fue la encargada de todo el espionaje soviético en América. Por aquí pasaban todas las informaciones que se trasladaban a Moscú, en un enfrentamiento (con EE.U.U) sórdido y desconocido para los habitantes del Uruguay", asevera el escritor.

Juan Antonio Sanz (EFE)