El que inició la discusión de la mañana fue Quito, el mozo. Apoyó la bandeja en la silla y con el diario en la mano ponderó la sabiduría de la Policía de Santiago del Estero que logró en un solo operativo mandar a mejor vida a 33 ó 34 presidiarios. Para Quito, ésa es la mejor fórmula para terminar con la delincuencia. Su lema es sencillo: el mejor delincuente es el delincuente muerto y poco importa si está libro o preso.
Yo le estaba por contestar, pero el que me ganó de mano fue José, quien le dijo sin demasiadas vueltas que era un animal y que por tipos como él la Argentina estaba como estaba. Como Quito efectivamente es lo más parecido que hay a un animal, pero a un animal cuyas agresividades son exclusivamente verbales, no le contestó y se quedó mirando, como preguntándose qué había dicho de malo para que José se enojara tanto con él.
Para aliviar un poco la tensión, Marcial se permitió hacer un chiste y Abel le pidió un cortado como para que se retirara de la mesa. Quito, efectivamente, se fue con su sufriente humanidad en dirección a la barra y al fin nos quedamos solos. El primero en hablar fue José: -Yo sé que lo presos no son unos angelitos pero a nadie, ni siquiera a mi enemigo más encarnizado le deseo un final como el que tuvieron en Santiago del Estero.
-Yo no es por darle la razón a Quito -dice Marcial a la defensiva- pero admitamos que los muchachos se la buscaron. Nadie los obliga a amotinarse y a quemar colchones.
-En la cárcel hay de todo como en cualquier parte -digo yo- hay pacíficos, violentos, irresponsables, desesperados que no tienen nada que perder y gente que trata de comportarse de la mejor manera posible. En los motines, según me han informado, hay algo de indisciplina, pero en la mayoría de los casos existen causas que los justifican.
-Según lo que dicen los diarios -señala Abel- los malos tratos, los apremios ilegales, las humillaciones a las visitas de los familiares estaban a la orden del día.
-Ahora se decidió cesantear al director de la Penitenciaría -comento.
-�Y qué van a hacer con los guardiacárceles corruptos? -pregunta José.
-Más que los guardiacárceles -digo- a mí gustaría saber cuáles son las responsabilidades de los jueces y los funcionarios estatales que permiten cárceles superpobladas y gente viviendo en condiciones deplorables.
-No exageremos -tercia Marcial- tampoco pretendamos que las cárceles sean hoteles cinco estrellas.
-Yo no pretendo eso -respondo- lo que pretendo es que la realidad se aproxime a lo que dice la Constitución Nacional, que las cárceles debe ser limpias, no para castigo sino para recuperación.
-Eso se dice pero no se cumple -señala Abel.
-Lo que yo digo es que hay que hacerlo cumplir y si efectivamente no se puede hacerlo, o no hay ganas de hacerlo, que se animen a derogar ese artículo y pongan en su lugar una ley reivindicando las torturas, el linchamiento y las ejecuciones sumarias-
-�No te parece que estás exagerando un poco? -dice Marcial.
-No exagero, planteo las cosas con absoluto realismo. Exagerado es lo que ocurrió en Santiago del Estero.
-Insisto en que los presos no son angelitos -sentencia Abel.
-Eso ya lo sabemos -agrega José- pero lo que a mí me descoloca no es que los delincuentes sean delincuentes, sino que quienes deben controlarlos o combatirlos sean tan o más delincuentes que ellos.
-No metamos a todos los guardiacárceles dentro de la misma bolsa -dice Marcial con tono moderado.
-Tratemos de que ellos no se metan en la bolsa o no se queden con la bolsa de los presos -responde José.
-Mi pregunta es la siguiente: �quiénes son los responsables: los presos que se amotinan, los guardiacárceles que los maltratan o los jueces que son los únicos que pueden y deben ejercer su autoridad y, en estas circunstancias, brillan por su ausencia?
El silencio a mi pregunta fue absoluto.
Erdosain