El tiempo que ocupa su cargo un intendente y sus colaboradores en una ciudad es de cuatro años -si no ocurre nada en el medio que interrumpa el trabajo-. En ese lapso ocurren muchas cosas y generalmente, al final de cada gestión se realizan balances sobre lo que se hizo o dejó de hacer. A veces esos balances cierran, otras no; y es ahí cuando es momento de dar explicaciones, porque dar cuenta, ser claro y preciso es inherente a la función pública.
Cuando el comportamiento de algunos funcionarios es un tanto dudoso, a veces deben desarrollar estrategias para salir "lo más limpio posible". Los recursos para zafar suelen ser variados, por ejemplo, puede mentir o seguir mintiendo.
En algún lugar del Google se encontró que las personas mentimos como una forma de eludir la realidad y por tanto la responsabilidad que tendría el afrontar la verdad. Muchos trastornos psicológicos llevan asociada la mentira como forma de evitación de circunstancias. Sin embargo a la larga, si llega a convertirse en hábito, puede suponer un trastorno psicológico considerable.
Mentir, evitar o huir puede ser una solución eficaz e inmediata, pero por poco tiempo, porque siempre cuando huimos de nuestros actos, estos nos persiguen de uno u otro modo. �La mentira tiene patas cortas? Estamos convencidos que sí. Por ejemplo, nos tentamos y robamos dos caramelos en un kiosco con cara de despistados. Para la situación caben dos alternativas, que el kiosquero o los clientes no nos hayan visto y entonces nadie nos regañará, aunque sabemos de lo malo de nuestra acción o que nos llamen la atención y así y todo intentemos justificarnos diciendo: no me di cuenta.
Seguramente, la psicología tiene mucho que decir del embustero compulsivo; se ignora si a los mentirosos alguna vez los alcanza la cura, pero ojalá que sí lo haga la Justicia.