TURISMO / PATAGONIA
Recuerdos del paraíso
Esquel, Chubut. Un valle que puede pintarse de todos los colores según las estaciones del año. Montañas que abrazan a sus cerca de 35.000 pobladores. Lagos majestuosos y un silencio patagónico que pone cada cosa en su lugar. Todo esto y mucho más ofrece esta ciudad que en los últimos 3 años creció en propuestas para el visitante. textos de Revista Nosotros (enviada especial).

Desde el cielo, la emoción ya comienza a sentirse apenas los ojos alcanzan a divisar un grupo de casas que se amontonan como buscando abrigo en la inmensidad del paisaje. Todo el entorno son montañas de picos nevados y lagos de espejos tan azules y tan verdes como sea capaz de percibir la sensibilidad del hombre.

Allí, como un mojón en la Patagonia está Esquel. Un valle de poderosa belleza, de poco más de cien años de historia y gente tallada por la omnipresencia de la naturaleza. "Este lugar te pone en escala", suelen decir los lugareños, hombres y mujeres que han nacido en esta tierra y piensan su vida en armonía con el paisaje.

Al recién llegado le costará unas horas adentrarse en el ritmo intrínseco de las personas y los lugares. Porque Esquel tiene un tiempo propio. Donde no hay espacio para el apuro, las ansiedades ni el stress. Porque todo se conjura para una vida en plenitud. Y esto es condición que ofrece este sitio tanto a los pobladores como a los visitantes.

De las puertas para adentro, un fueguito siempre prendido, la charla que discurre amena y busca la palabra justa para lograr el vínculo y, en el medio, algún sabor casero para compartir en rueda. Esta imagen se repite tanto en las casas de los esquelenses como en los espacios especialmente preparados para recibir al turista. En todos y cada uno de ellos, la "calidez patagónica" se hace carnadura para ponerle rostros, nombres e historias al lema que eligió esta ciudad para promocionarse como destino turístico.

De las puertas para afuera, un paraíso con sus misterios y su multiplicidad de vidas que se nos presentan como una postal. Pero que, para quien se atreva a adentrarse en su ritmo, será un verdadero desafío para los sentidos.

Un destino en crecimiento

La ciudad más relevante de la zona cordillerana de Chubut se ha ubicado entre los destinos más elegidos por visitantes de las más diversas latitudes. Esto responde, en gran medida, a una política de promoción que ha puesto en marcha desde hace tiempo la Secretaría de Turismo de Esquel y que logró entusiasmar, en la misma medida, a prestadores y vecinos de la ciudad.

Hoy, desde que pisa suelo de Esquel, el viajero encontrará buena disposición para responder a las inquietudes de los visitantes pero, además, para compartir con quien llega, las tradiciones y costumbres que hacen de esta comarca, un lugar tan particular.

Estos gestos se han traducido en cifras. Según los datos aportados por el área respectiva, desde hace tres años ha crecido progresivamente el número de turistas: en 2004 se registraron 53.415 personas de visita, en 2005 un total de 55.773 y el año pasado ese número trepó a 67.825. Y la temporada 2007 ha consolidado a Esquel como destino del turismo de invierno, merced a la existencia del centro de esquí La Hoya, que se está dotando de infraestructura para recibir a las familias que buscan disfrutar de los deportes de nieve.

Sin embargo, el mayor crecimiento de visitantes se sigue dando en la temporada alta de verano. De los 35.700 turistas que llegaron en 2004, se pasó a 50.650 en el año 2006.

Paralelamente, ha evolucionado y se ha diversificado el sector de los servicios destinados al turismo. En enero de 2006, la ciudad contaba con 2155 camas y en el mismo mes de este año registró 2770, cifras que se pueden ver en la construcción de nuevos complejos de cabañas, noveles agencias de turismo y en la ampliación de hosterías ya en funcionamiento.

Un viaje en el tiempo

Con este alentador panorama, y una vez metido en el clima de Esquel, el visitante podrá adentrarse en la historia de la zona con sólo ubicarse en un asiento de La Trochita e iniciar un viaje en el tiempo.

Viajar en el expreso cordillerano es vivenciar la experiencia de los pioneros, aquellos pobladores originarios que se trasladaban durante largas horas de Esquel a Ingeniero Yacobazzi y, en ese trayecto, los vagones se transformaban en una casa compartida. Si hasta tiras de carne se asaban al fuego de las salamandras para pasar el invierno.

Hoy, el Viejo Expreso Patagónico es un ícono turístico de Esquel. Declarado Monumento Histórico Nacional en 1999, conserva intactos sus 8 vagones, 2 coches comedor y el furgón. Con capacidad para 152 pasajeros, La Trochita (tiene 75 centímetros de rieles) realiza su recorrido hasta la estación Nahuel Pan, a 18 kilómetros de la partida.

A bordo de ese tren es posible atravesar el paisaje. Se abre paso, lentamente en la estepa patagónica, y así el viajero experimenta el viento en la cara, mientras el paisaje surge, generoso, en gran cantidad de imágenes para capturar en las retinas.

Al llegar a Nahuel Pan, donde hoy viven unas 40 familias descendientes de mapuches y tehuelches, un museo que rescata su cultura y las artesanas que ofrecen sus creaciones, ayudan a seguir conociendo el pulso íntimo del lugar.

Un lugar indescriptible

El verdadero festival para los sentidos lo aporta el Parque Nacional Los Alerces, creado en 1937 con el objetivo fundamental de proteger los bosques de lahuán o alerce, un exponente típico de la flora andino-patagónica. Hoy, se preservan otras cientos de especies y a orillas de sus lagos de aguas celestes, azules y verdes es posible acampar en zonas especialmente acondicionadas durante el verano.

Una experiencia inolvidable es la excursión lacustre que, a lo largo de unas dos horas, traslada a los pasajeros a bordo hasta El Alerzal Milenario. La excursión parte desde puerto Limonao, recorre parte del Lago Futalaufquen y remonta el río Arrayanes hasta el lago Verde.

En la orilla oeste del lago Verde se desembarca para recorrer a pie un camino de unos 800 metros que conduce al Puerto Chucao, ubicado en las márgenes del lago Menéndez. Allí se trasborda a una embarcación que recorre dos de los tres grandes brazos de este lago y bordea la Isla Grande.

En toda la travesía se pueden admirar los grandes cordones montañosos, con sus altos picos coronados de nieve eterna, y observar el cerro Torrecillas con su glaciar homónimo de perpetuo hielo azulado.

Al llegar al extremo del brazo norte del lago Menéndez, se desembarca para emprender una caminata por El Alerzal. Allí se inicia otro "viaje" que el caminante deberá disponerse a realizar con todos los sentidos bien atentos. El encuentro con la flora, la fauna y el latido vital de la naturaleza se puede percibir con sensibilidad y respeto. Al fin del camino está el tesoro: un alerce de 2600 años se erige, fuerte, en la frondosidad del paisaje. La emoción es incontenible.

Atrás habrán quedado los sabores tradicionales degustados en confortables y cálidos restaurantes, el cordero patagónico, las tortas galesas y la tradición del te. Cada cosa toma su lugar ante la pulsión y la memoria que nos enseña la naturaleza.

Cómo llegar

Esquel está ubicada en el oeste de la provincia de Chubut, a 620 kilómetros de la capital, Rawson, y a 2200 kilómetros de Santa Fe. Cuenta con un aeropuerto a sólo 20 kilómetros de la ciudad y una moderna terminal.

Numerosas empresas de ómnibus llegan desde distintos puntos de Argentina y Chile, con servicios diarios en diferentes categorías. Y hay vuelos semanales de Aerolíneas Argentinas y Lade.

En avión

Aerolíneas Argentinas ofrece un vuelo directo Buenos Aires-Esquel, los lunes, miércoles y viernes. Parte a las 11.30 y llega 13.50 al aeropuerto de Esquel. Los mismos días, a las 16.45 parte desde Esquel y llega a Buenos Aires a las 18.45. La tarifa del pasaje (ida y vuelta) es actualmente de $ 985.68.

Lade también vuela a Esquel, aunque en este momento está sin funcionamiento, pero se estima que en temporada alta tendrá frecuencias.

LAN vuela a Bariloche, y desde allí se puede hacer combinación con ómnibus a Esquel.

Omnibus y autos

Para quienes viajen en auto, desde Bariloche hay que tomar la ruta nacional 40 y luego la ruta provincial 259. Y, desde Trelew, la ruta nacional 25 y luego la 40.

Hay servicios de ómnibus, desde Buenos Aires, por Vía Bariloche, Crucero del Norte, Vía Tac, Don Otto y Andesmar. Desde Santa Fe, Flechabus tiene línea a Bariloche: boletería 32 terminal de ómnibus, (0342) 4557368.