Un equipo interdisciplinario trabaja en el CAF 21
Respuesta comunitaria a la violencia
La violencia como emergente de una situación social y económica que agobia y genera exclusión; el trabajo en equipo que permite abordar las situaciones de manera integral. Proyectos alternativos a la cultura de la violencia.

Cada hecho de violencia intrafamiliar que trasciende a los medios conmociona, horroriza y abre interrogantes: ¿qué se podría haber hecho para que no ocurra lo que finalmente sucedió? ¿Alguien advirtió lo que estaba pasando puertas adentro? ¿Hubo alguna señal que fue desconocida o ignorada? ¿Cuántas situaciones violentas ocurren sin que trasciendan a la opinión pública?

Para los integrantes del equipo de trabajo del Centro de Acción Familiar N° 21, de Santa Rosa de Lima, estos hechos -que son más cotidianos de lo que se cree- son considerados como emergentes: "lamentablemente las condiciones están dadas para que esto ocurra y mucho más seguido", opina Esteban Olivieri, psicólogo. Y para definir cuáles son esas condiciones, precisa: "son sociales, políticas, económicas... Esto responde a la exclusión que tiene un montón de aristas. A la exclusión y al desamparo institucional, a veces, porque es imposible de absorber por las instituciones de los barrios, y a veces, porque no hay suficiente articulación intersectorial. Pero muchas veces porque faltan los espacios que pueden tramitar algo de este exceso de frustración que la comunidad padece".

Olivieri dialogó con este diario, junto con Carolina Bruno, psicopedagoga y directora del CAF; María Josefina García, Lic. en Trabajo Social, y Gladis Cóceres, psicóloga social. Los cuatro profesionales coinciden en que "no es una problemática que pueda ser abordada en forma fragmentada, sino en comunidad".

Un trabajo integrado

¿Por qué trabajar en equipo? "Desde lo específico y focalizado, no hay posibilidad de respuesta integral y sostenida para la gente, y aparte, para fortalecernos entre nosotros y aportar otras miradas para operar en grupos familiares que están, en algunos casos, totalmente devastados y desestructurados en todo el desfase que se viene viviendo desde hace 15 años".

En consecuencia, cada historia se trabaja "como única" pero pensada con el otro. A veces, no llega la situación de violencia de manera directa, "sino que comienza con otra situación y después aparece", sea a través de marcas en el cuerpo como de otras formas de manifestación, no tan evidentes pero igual de dolorosas.

Cada intervención es diferente también: "algunas personas vienen y pueden plantear el tema de manera directa, en otros casos, se debe traer a la discusión porque el riesgo es grave y el tiempo no se puede perder". "Por eso cuando ocurren hechos tan horrorosos y se dice `cómo nadie hizo nada', lo que pasa es que hay ritmos, momentos, estados de pasividad en los grupos familiares, la decisión de los adultos de seguir juntos. No se resuelve tan fácil como preguntarse por qué no le sacaron antes los chicos...".

Ofrecer una alternativa

Más que charlas específicas, la propuesta el equipo del CAF es generar alternativas: para eso es que se habilitaron durante varios meses (desde diciembre último a agosto de 2007) espacios culturales con profesores de arte, de narración oral, plástica y teatro, con la idea de instalar estas prácticas que no son tan habituales. El proyecto funcionó hasta entonces con financiamiento de la Nación. Además se trabajó involucrando a gente del barrio como acompañantes terapéuticos.

Frente a una problemática compleja, el abordaje también lo es. "Ha sido muy trabajoso encontrar gente que pueda acompañar a otro, a la familia, a un niño, en términos no tutelares, sino desde el lugar del respeto por los tiempos del otro".