La vuelta al mundo
Gualeguaychú: Todo el año es carnaval

Desconfío de una causa cuando se la empieza a defender con la obcecada pasión de un hincha de fútbol o con el rictus histérico de una mascarita. La manipulación y el fanatismo suelen ir de la mano, sobre todo cuando las supuestas decisiones combativas están consentidas por la impunidad y la felonía de políticos oportunistas y coimeros.

Las buenas causas se defienden con argumentos precisos y adecuadas metodologías de lucha. La histeria nunca ha sido una buena consejera y la historia está poblada de acontecimientos de histeria colectiva promovida por intereses inconfesables y sus aliados objetivos: la ignorancia, el miedo y altas cuotas de frivolidad.

Los sociólogos han estudiado el tema y han arribado a conclusiones interesantes sobre estos fenómenos de alienación colectiva que justamente se promueven en localidades pequeñas en donde los niveles de solidaridad social son más primarios e irracionales. Las brujas existen en Salem, no en Nueva York o Washington.

El carnaval es un buen negocio turístico y no está mal que lo sea. Lo que está mal es extender la semana de carnaval a todo el año. Una murga puede ser, durante el reinado del Dios Momo, un hecho simpático; una murga funcionando fuera de temporada es patética, ridícula o peligrosa. Gualeguaychú fue conocida en su momento como la ciudad de los corsos y las murgas. Es probable que sin saberlo -o sin saberlo de una manera conciente- estén pretendiendo hacer realidad la consigna "todo el año es carnaval".

Vamos a los hechos. A los vecinos de Gualeguaychú les han hecho creer que van a ser envenenados por una multinacional. La creencia incluye la complicidad de Uruguay y del gobierno de Tabaré Vázquez. Según los asambleístas y sus corifeos, Finlandia sería un imperialismo depredador y genocida y el Frente Amplio uruguayo la herramienta de esas políticas de exterminio contra Gualeguaychú.

�De dónde salieron estas creencias?, �cómo se fueron instalando en la conciencia colectiva? Curiosamente fueron los medios más tradicionales de Buenos Aires los que empezaron a batir parche sobre estos temas. El 30 de abril del 2005 el diario Clarín habló de las papeleras y del peligro de la lluvia ácida sobre las poblaciones ribereñas. Un mes más tarde el diario La Nación se refirió al impacto negativo que tendrían las pasteras sobre el turismo y el medio ambiente y advirtieron que Uruguay no estaba en condiciones de controlar a las empresas Botnia y Ence.

Como se sabe, La Nación y Clarín son socios con el Estado nacional en la empresa Papel Prensa que emplea tecnología más antigua que la planta de Botnia. �Porqué escribieron esas notas? Tal vez porque el pensamiento político correcto estimula notas de este tipo, en donde siempre se queda bien sin pagar ningún costo.

Lo cierto es que estos diarios después dieron marcha atrás en sus consideraciones de vaticinar una suerte de Hiroshima para Gualeguaychú, pero la primera piedra ya estaba tirada. O la segunda, para ser más precisos, porque la primera la tiró el gobernador de Entre Ríos, el mismo que el 11 de noviembre de 1988 en El Heraldo de Concordia anunciaba como un buena noticia para la provincia la instalación de fábricas de celulosa en la costa del río Uruguay. �Qué razones de peso hubo para que el señor Busti se transformara de pronto en un abanderado de la causa verde? La respuesta tentativa a esa sorprendente conversión la conoce Mario Benedetti, o por lo menos él fue quien la hizo pública.

La Academia Nacional de Ingeniería en su informe oficial sostuvo luego de abundantes consideraciones técnicas que "no son esperables efectos nocivos en salud y biodiversidad". Por su parte, el gobierno de Uruguay -del que se dice que es un títere de las multinacionales- ha instalado una red de laboratorios ambientales con 35 centros de análisis con mediciones permanentes en tierra, aire y agua. Asimismo, el gobierno contrató a un equipo canadiense para cumplir con las mismas tareas y que actuará con independencia de las instituciones oficiales.

Las únicas víctimas reales de lo que está ocurriendo en la costa del río Uruguay no son los vecinos de Gualeguaychú que viven con inédita pasión su corso anual, sino los vecinos de Fray Bentos -y en particular sus trabajadores aduaneros-, muchos de los cuales corren el peligro de perder sus empleos, por no mencionar a comerciantes y pequeños empresarios que vivían de sus relaciones comerciales con la Argentina.

Los otros perjudicados son los uruguayos en general, quienes gracias a la combatividad de nuestros muchachos se ven privados de un importante porcentaje del turismo, un tema que a Gualeguaychú no parece preocuparle demasiado, sobre todo cuando ha advertido que parte de ese turismo se puede volcar a sus playas. Hoy sacarse una foto en la playa con las chimeneas de Fray Bentos como telón de fondo se cotiza tan bien como sacarse una foto al lado de la Torre Eiffel en París.

Los asambleístas se victimizan pero en realidad los únicos que no pueden expresarse en los medios de la región son los empresarios de Botnia, al punto de que hasta le han negado la posibilidad de pagar una solicitada. Seguramente los vecinos saben del peligro de dejar hablar a los representantes de Botnia porque ya vivieron una experiencia parecida cuando el ingeniero Héctor Rubio, uno de los fundadores de la asamblea, viajó a Finlandia y después de visitar las instalaciones de la empresa llegó a la conclusión de que no había peligros de contaminación. La diferencia conceptual fue resuelta con rapidez por los asambleístas: Rubio era un agente de Botnia o había sido coimeado por la empresa.

Los que sí pueden expresarse a gusto y sin mordazas de ningún tipo son Romina Picolotti y Daniel Taillant, el matrimonio verde que vuela alto y caro. Ellos sí que son transparentes, austeros y defienden la calidad de vida, o por lo menos su calidad de vida, muy mejorada gracias a este excelente negocio que es la defensa del medio ambiente.

Un buen argumento por parte del gobierno argentino es que Uruguay desconoció el Tratado del Río Uruguay. El problema es que los orientales no piensan lo mismo. Según su representante, el 15 de mayo del 2002 se firmó un entendimiento con el gobierno argentino en la sede de la Comisión de Administración del Río Uruguay (Caru) en Paysandú, en donde la Argentina manifestaba su satisfacción por las explicaciones que daba el gobierno de Batlle.

�A quiénes creerle? Creo que corresponde cotejar la información, preguntarse, además, qué hizo o dejó de hacer el señor Bielsa en este tema; pero más allá de lo que se ventile en La Haya, no tengo empacho en decir que aunque sea tildado de traidor a la patria, a la hora de elegir le creo más a Tabaré Vázquez que a Busti y le creo más a Mujica que a Bielsa.

Disculpen que sea sincero, pero yo a este conflicto no lo vivo como si estuviéramos en Malvinas o como si fuera un barra brava, entre otras cosas porque los temas no son comparables y porque en Malvinas no nos fue muy bien que digamos comportándonos como hinchas de fútbol. Es que por este camino de carnestolendas dentro de poco vamos a empezar a cantar "el que no salta es un finlandés o un uruguayo".

Rogelio Alaniz