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"La familia del comendador"

"La ignorancia me rechaza" y "Cada uno es lo que es y no lo que debiera ser", son dos reveladoras declaraciones de Juana Paula Manso, nacida en Buenos Aires en 1819. El conocimiento fue su impulso, su guía y su meta, y notable su actividad intelectual y artística, destacándose como traductora, periodista, educadora, escritora y promotora cultural. Y su destino fue aventuroso; casada y abandonada con dos hijas en Brasil, entiende (como anota Lidia Lewkowicz) "ese dolor como aspecto integrador de un proceso y no como resultado de una pérdida". Es un exponente de ese romanticismo argentino que, bajo influencia francesa, conformaría la rica Generación del '37, con el grupo que en Montevideo se conoció como el de "Los Proscriptos", en que intervienen intelectuales de la talla de Echeverría, Alberdi, Gutiérrez, López, Mitre o Sarmiento.

Sus acciones, su vida y su obra fueron capitales en la apertura de espacios de participación de la mujer en nuestra cultura: "su accionar intelectual y artístico lega un importante aporte a la historia de la mujer decimonónica y al conjunto de su literatura", escribe Lewkowicz en el estudio preliminar a "La familia del comendador", una novela que se desarrolla en Brasil, antes de la abolición de la esclavitud, donde la injusticia de la explotación humana da fondo a historias de amor desgraciadas y a una pasión que busca legitimarse. Una historia que llevó a que en su tiempo se la comparara con la célebre "La cabaña del Tío Tom", de Beecher Stowe. En la novela Manso claramente se opone al racismo y propone una nueva moral en las relaciones amorosas y familiares.

La publicación, en ediciones Colihue, pertenece a la Colección Los Raros, de la Biblioteca Nacional, bajo la consigna de que "toda política editorial en el espacio público busca volver lo raro a lo clásico y hacer que lo raro no se pierda ni se abandone en la memoria atenta del presente".