El número dos del Vaticano, cardenal Tarcisio Bertone, auguró una exitosa gestión a la presidenta electa Cristina Fernández de Kirchner, en otro gesto para intentar distender la relación entre el gobierno y el Episcopado argentino que encabeza el cardenal Jorge Bergoglio. Otro gesto. Tan sólo eso. Fue la lectura que hicieron los obispos, puertas adentro, de la reunión "protocolar de índole personal" que el enviado papal mantuvo ayer con el matrimonio presidencial y a la que no asistió ninguna autoridad eclesiástica local.
"El presidente (Néstor Kirchner) dice siempre que llevó a su pueblo del infierno hasta el purgatorio. Le he augurado a la nueva presidenta que pueda elevarlo hasta el paraíso, con la colaboración de todos", subrayó el referente papal delante de la prensa. Una frase que resonó como música celestial en Balcarce 50.
En tanto, fuentes episcopales consultadas trataron de darle el "peso justo" al encuentro. Ni estereotiparlo como dicen que buscó el gobierno, para demostrar que el primer mandatario tiene voluntad de diálogo, y presionar a la Iglesia. Ni tampoco minimizarlo, como se pretendió hacer en ambientes eclesiásticos, a una mera formalidad protocolar que debía cumplir el enviado papal en su paso por el país.
Más allá de las especulaciones de unos y otros, está claro que el escenario de relación no es el mismo después del 28 de octubre, y que además hubo señales bidireccionales de querer revertir el grado de incomunicación que primó en la era Néstor Kirchner, con apenas una audiencia oficial -en agosto de 2003- entre el presidente y Bergoglio.
Cristina Kirchner dio el primer paso al ratificar su posición contraria al aborto dos días antes de las elecciones y convocar a una "nueva etapa sin odios y rencores" tras ganar los comicios.
La cúpula episcopal respondió en consecuencia: saludó a la presidenta electa mediante una carta de felicitaciones, en la que también hizo votos por el éxito de su futura gestión.
Por Guillermo Villarreal