Visita de Negroponte
EE.UU. se aleja de Musharraf y reclama un llamado a elecciones
Los seguidores de Benazir Bhutto siguen resistiendo, a pesar de las medidas impuestas por el gobierno. Foto: AFP. 

Desde Washington se pide a Islamabad que levante el estado de excepción instaurado por el gobierno. Mientras tanto, se multiplican las protestas por un estado de libertad.

AFP/EFE

El número dos del Departamento de Estado norteamericano, John Negroponte, dijo en Islamabad que el estado de excepción instaurado en Pakistán es incompatible con la celebración de elecciones libres, y emplazó al presidente Pervez Musharraf a levantarlo.

"No creemos que esta clase de medidas de excepción sea compatible con el entorno necesario para celebrar elecciones libres y justas", dijo Negroponte.

"Llamamos a que este tipo de acciones cesen, y que el estado de excepción sea levantado, y todos los prisioneros políticos liberados", añadió el enviado estadounidense, subsecretario de Estado.

"Los paquistaníes merecen una oportunidad para elegir a sus líderes libremente", agregó.

Musharraf le aseguró que ya había tomado o se disponía a tomar algunos pasos, dijo Negroponte, "pero quedan otros temas que deben ser considerados o llevados a cabo".

Negroponte, sin embargo, también envió una señal al campo opositor, al pedir que continúen las negociaciones que la ex primera ministra paquistaní Benazir Bhutto protagonizó con Musharraf.

"Si ambas partes dan pasos para volver a las negociaciones de reconciliación que han tenido, creemos que eso sería muy positivo", dijo el diplomático estadounidense.

No hubo respuesta al pedido de Negroponte desde las filas de Bhutto.

Una comisión electoral tiene previsto reunirse el miércoles para fijar definitivamente una fecha para las elecciones, previstas para enero.

Negroponte también expresó su preocupación ante la situación en el valle de Swat, noroeste del país, donde milicianos protalibanes están ganando terreno.

"La situación en Swat nos recuerda que siguen habiendo temas por resolver en lo que respecta a la violencia extremista", dijo.

El jefe del ejército paquistaní prometió una operación "inminente" para acabar con esas bases islamistas.

Por otra parte, al menos 70 personas murieron en enfrentamientos entre chiítas y sunitas en el noroeste de Pakistán, declararon varios responsables paquistaníes.

Según la televisión paquistaní, 150 personas también resultaron heridas en unos violentos enfrentamientos, que se produjeron en el distrito de Kurram, fronterizo con Afganistán.

Algunos testigos afirmaron que esos choques aún siguen cerca de la ciudad tribal de Parachinar, donde impera el toque de queda desde abril, cuando otros enfrentamientos entre ambas comunidades religiosas causaron 55 muertos.

La violencia interreligiosa en ese país del sureste asiático ha causado más de 4.000 muertos desde fines de los años ochenta.

3 de noviembre

El general Musharraf, que tomó el poder en 1999 mediante un golpe de Estado, impuso el 3 de noviembre pasado el estado de excepción, oficialmente a causa de la amenaza islamista y por lo que consideró ataques del poder judicial.

Según declaró un consejero presidencial a la AFP, el estado de excepción sólo será levantado una vez que mejoren las condiciones de seguridad.

Un difícil equilibrio

Estados Unidos se inclina en la actualidad hacia la cúpula militar y fuerzas moderadas de Pakistán a expensas del presidente Pervez Musharraf, en una delicada apuesta por mantener un aliado clave en su guerra contra el terrorismo, opinan analistas.

Los expertos aseguran que en los últimos días han percibido un cambio de rumbo en la política de Estados Unidos, algo reafirmado por la visita a Islamabad del número dos del departamento de Estado, John Negroponte.

Si la ayuda militar es puesta bajo estudio "es una grata sorpresa para mí. Estados Unidos ha apoyado a Musharraf más que al ejército como institución", dijo Hassan Abbas, analista de la escuela de gobierno John F. Kennedy en la Universidad de Harvard.

El general Musharraf, que se alzó con el poder tras un golpe de Estado en 1999, convirtió a este país musulmán con armas nucleares en uno de los principales aliados de Estados Unidos en la lucha contra el movimiento talibán afgano y Al Qaeda, tras los ataques del 11 de setiembre de 2001.

Incluso la jefa de Negroponte, la secretaria Condoleezza Rice, hizo referencia a la posible revisión de una ayuda que alcanza 10.000 millones de dólares desde 2001, pero dejó entrever que el capítulo militar, la mayor parte del monto, permanecería intacto cuando dijo que Washington no quiere minar su llamada guerra contra el terrorismo.

"Negroponte habrá dicho eso (sobre la revisión de la ayuda) tras estudiar numerosos análisis que indican que los días de Musharraf como líder están contados y que su forma de aferrarse al poder no hará más que generar tensiones entre los militares", explicó Abbas.

El ejército, conducido por una elite profesional y pro occidental, es clave en la guerra contra el terrorismo, que ha sufrido reveses en Pakistán a medida que talibanes y militantes de Al-Qaida ganan terreno en las zonas del noroeste del país, fronteriza con Afganistán.