La trascendencia de la reunión que mantuvo el gobernador electo de Santa Fe, Hermes Binner, con la presidenta electa de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, excedió lo meramente protocolar y fue la primera instancia para establecer los lineamientos fundamentales de la relación entre el gobierno central y el provincial.
En tal sentido, la disposición de la futura mandataria para recibir al actual diputado nacional, responde a cuestiones elementales de peso económico y social de Santa Fe en el concierto de las provincias, pero no puede ser desvinculada de ciertas consideraciones en el plano político.
Pese a la obviedad, no resulta ocioso recordar que, en un país de estructura federal pero fuerte centralismo como el nuestro, los términos en que se establezca el vínculo con el gobierno nacional constituyen un aspecto sustancial de los parámetros con que se desarrollará la gestión provincial.
En tal sentido, el Congreso Nacional todavía adeuda un régimen definitivo, con pautas concretas y equitativas para la redistribución de los fondos de la recaudación impositiva. Hasta tanto, y en la medida en que el esquema siga siendo el de la absorción de la mayor parte de esos recursos por el poder central, para su posterior coparticipación, es necesario un seguimiento permanente por parte de la provincia para no verse perjudicada más de la cuenta en el reparto; máxime cuando, como ocurre actualmente, es una de las principales proveedoras por efecto de su actividad productiva y de controvertidas medidas como las retenciones agropecuarias.
Las obras públicas de mayor envergadura y la asignación de fondos para programas de promoción social que dependen de la Nación, también son ítems de vital impacto que no pueden ser soslayados.
Otras notas que deben apuntarse sobre este tema tienen que ver con lo político-partidario y con la forma de entender y ejercer el poder vigente, al menos hasta hoy, en nuestro país. Así, desde su pertenencia al espacio opositor y su simpatía crítica hacia el gobierno nacional, Binner deberá tratar con una administración que tiende a bendecir amigos y estigmatizar enemigos, y a desarrollar una intensa actividad de reclutamiento de aliados por adhesión entre las filas de otros partidos.
Como gobernador de Santa Fe, Binner encabeza un Frente que contiene referentes de otras fuerzas, que a nivel nacional se debaten en la definición de un discurso y un posicionamiento ajustados a los tiempos que corren.
Las tensiones internas y externas, entonces, serán otro factor a tener en cuenta, pero que en ningún caso debe ser el preponderante. Tan pernicioso como un alineamiento acrítico puede ser la confrontación permanente, sobre todo si resulta un condicionante para la defensa de los intereses de la provincia.
El hecho mismo de la reunión de la semana pasada, el tono en que se desarrolló y algunas consideraciones y propuestas sobre cuestiones concretas y acuciantes que se hicieron en su transcurso, son auspiciosos. Lo que ocurra a partir de allí, será responsabilidad de dirigentes que recibieron un firme espaldarazo electoral para hacerse cargo de ella.