El "Vacabulario y refranero criollo", de Tito Saubidet, cristalizó el mundo que vivió el habitante pampeano y del que da fe nuestra literatura gauchesca, también ella creada por hombres cultos y preocupados por testimoniar ese contradictorio paraíso en el que confluyeron -fugazmente- civilización y barbarie, libertad y sujeción, realismo violento y metafísica.
Publicado originalmente en 1943 por Kraft, este vocabulario es ahora propuesto por Letemendia, que ya ha publicado una sección, bajo el título de "Vida gaucha", y ahora acaba de publicar "Estilo gaucho", con definiciones, anécdotas y usos (incluso literarios) de términos pertenecientes a las artesanías, comidas y bebidas, construcciones y manualidades afines, juegos de naipes, música, bailes y vestimentas.
Así, por ejemplo, bajo la voz carreta, tras definir la palabra, se ofrecen datos sobre su existencia en la Argentina, Uruguay y Brasil, su construcción ("el eje era frecuentemente de naranjo"), las distintas partes que la constituyen ("la carreta tenía techo, salvo la llamada castillo, que no lo llevaba fijo. Las paredes eran de tablas o quinchadas de paja totora, simbol o junco, con pasantes de caña tucurú"), su uso y contingencias ("Para cuartear una carreta encajada, el cuarteador se sentaba sobre el yugo, lo que significaba una verdadera jineteada. El cuarteador era el carretero de otra carreta que acudía con sus bueyes a prestar ayuda al encajado), los testimonios de otros observadores ("Las carretas que Darwin observó en la provincia de Buenos Aires, en el año 1833, eran muy largas y estrechas"), las documentaciones históricas (como el fragmento que se transcribe del "Reglamento de Estancias", de Juan Manuel de Rosas: "Las carretas deben estar ensebadas y los ejes retobados cuando necesiten retobos..."), y finalmente el uso que nuestros escritores han hecho del vocablo (Sarmiento, Mansilla, Ascasubi...).