AFP
Según la senadora colombiana Piedad Córdoba, ex mediadora del canje de rehenes de las Farc, las pruebas de supervivencia no fueron interceptadas a tres rebeldes el pasado jueves en Bogotá por el ejército, como afirmó el gobierno, sino antes, y se escondieron para impedir su entrega por el presidente venezolano, Hugo Chávez, a su par francés, Nicolas Sarkozy.
"No sé qué cálculo o interés tendrá la senadora Córdoba o si está teniendo alucinaciones", dijo el general Fredy Padilla, comandante de las Fuerzas Militares al explicar que la captura de los supuestos rebeldes estuvo a cargo tanto del Ejército como de la Fiscalía colombiana.
"Incluso el abogado (defensor de las personas a quienes se les encontró las pruebas) admitió que hasta en ese momento (el jueves) las autoridades tuvieron contacto con las pruebas. Así que ahí está una propia verdad del propio abogado defensor", señaló el militar en declaraciones a la privada radio La W.
Padilla se preguntó "cómo es posible que una persona como la senadora Córdoba con ese grado de responsabilidad, se atreva a hacer estas afirmaciones en unos medios de comunicación tan importantes y divulgue en una forma irresponsable esa mentira".
El domingo la senadora Córdoba dijo al diario mexicano El Universal que "las pruebas de vida fueron escondidas por el gobierno de Alvaro Uribe para que no pudiésemos llevarlas al presidente Nicolas Sarkozy".
En el mismo sentido se pronunció ayer Yolanda Pulecio, madre de la política colombo-francesa Ingrid Betancourt, secuestrada por las Farc en febrero de 2002.
Según la versión oficial, el operativo en el que se decomisaron las pruebas de supervivencia se realizó al anochecer del jueves, una semana después de que Bogotá hubiera suspendido la mediación que desde agosto hacía el presidente venezolano para el canje.
Kevin Alexis García - periodista colombiano invitado
"Lloré cuando vi esa foto", me dijo Alejandro López, un profesor universitario. La imagen de Ingrid Betancourt, con su mirada clavada en el piso, sus hombros doblados y el rostro acentuado por sus huesos ha estremecido a Colombia. Es la prueba de supervivencia de la otrora aguerrida candidata presidencial que desafiaba con sus denuncias a la aristocracia política colombiana. "Estoy cansada de sufrir", escribió con su puño y letra. "Estoy mal físicamente. No he vuelto a comer. El apetito se me bloqueó. El pelo se me cae en grandes cantidades".
En medio del figurón político que se daban Álvaro Uribe y Hugo Chávez, aparecen las pruebas de vida de los secuestrados para recordarles a los dirigentes que el objeto en controversia son seres de carne y hueso. Se están muriendo entre la selva, mientras sus familiares sufren el duelo en sus casas. "He dado muchas batallas, he tratado de escaparme en varias oportunidades, he intentado mantener la esperanza, como quien mantiene la cabeza fuera del agua".
Las imágenes se emiten una y otra vez en los noticieros, en los periódicos y en Internet. Se comentan en la radio. La obstinada posición de Álvaro Uribe por dificultar el intercambio humanitario diezmará poco a poco su efusiva popularidad. La imagen de cacique de provincia, de hombre de ultraderecha con mano dura y corazón grande, empieza a desteñirse entre los colombianos. Su afirmación de que las fotos muestran evidencias de las torturas de las Farc es interpretada como un oportunismo más para desacreditar a su principal enemigo militar. Ésa ha sido la constante fundamental, el intercambio nunca ha sido "humanitario". El año entrante, Uribe destinará la mayor parte del presupuesto a la guerra, mientras los cinturones de miseria se extienden en las ciudades.
Uribe cena en su Palacio presidencial, mientras Ingrid "duerme en cualquier hueco... como cualquier animal". Los pueblos no son las parcelas de los presidentes. Ingrid, no te mueras.