El salario vuelve al tapete

Luis Tarullo (DyN)

El salario, qué duda cabe a esta altura, volverá a ser la vedette más destacada de la temporada. Sin plumas ni bikinis infartantes, su depreciación por efecto de la inflación y la incógnita sobre la mejora que podría tener alcanzan para aumentar las pulsaciones de millones de espectadores.

Mientras se presume que no habría demasiados cambios en la política económica en el gobierno de Cristina Kirchner, los valores de los diversos productos que la gente necesita para subsistir continúan masacrando los bolsillos.

Centavo tras centavo, se observa a diario cómo los precios de muchos artículos siguen su escalada, pese a los controles y acuerdos entre gobernantes y empresarios.

Los sindicalistas han dicho que no aceptarán que la negociación salarial esté condicionada al posible pacto social ni tolerarán topes para las eventuales mejoras. Ambas pretensiones están almidonadas por la incertidumbre. Sucede que hay quienes quieren que en el paquete del acuerdo multisectorial se incluya la cuestión de los sueldos y siempre ronda la sospecha de un nuevo pacto gobierno-CGT para ponerle techo al índice salarial a discutirse, con base en la presunta -y dudosa- inflación.

Pero en medio de la actual situación cargada de particular expectativa, también hará su aparición estelar otro elemento que aparentemente estuvo sin ser contemplado durante varios años, a tono con la tradición doméstica de la necesidad de resolver la inmediatez y no observar más allá de las narices.

Se trata de la elevación del índice de aporte jubilatorio de los trabajadores afiliados al sistema de AFJP. Ocurre que a los aportantes al esquema de reparto se les descuenta el 11 por ciento de su sueldo, mientras que a los de la llamada jubilación privada se les deduce, hasta ahora, el 7.

A partir de enero ambos grupos estarán igualados en 11 por ciento, por lo que varios millones de personas tendrán una reducción en sus haberes por efecto de ese incremento de los aportes. Desde el sector gremial ya se está advirtiendo que debería haber una compensación para esa masa de trabajadores que, si bien va a recaudar más dinero para su jubilación, al momento de ir al supermercado, ahora y no dentro de años, tendrá menos plata en el bolsillo.

Las fórmulas para esa compensación podrían ser desde el incremento directo en el marco de las negociaciones hasta un aumento a cuenta de futuras mejoras. Igualmente por ahora esta circunstancia se maneja con teorías y habrá que ver cómo reaccionan una y otra parte cuando se desarrollen en firme las negociaciones.

De todas maneras, si el sector empleador y el trabajador acuerdan encarar la cuestión, seguramente habrá, como en muchas otras ocasiones, conversaciones en privado y extraoficiales, cosa de llegar a la mesa de las tratativas con algún atisbo de solución. Además, innegablemente se colará en las conversaciones un tema para el cual quizás haya más tiempo para discutir, pero que reclama atención, cual es la eventual incorporación a los salarios de los pagos en tickets, ya que entonces esas sumas tributarán y, también, los valores actuales tendrán una merma por efecto de las deducciones previsionales y de salud.

En tanto, algunos números que aluden sobre todo a los sectores asalariados, en algunos aspectos muestran signos positivos, de acuerdo con las estadísticas oficiales. Así, se supo de nuevos aumentos del consumo.

Pero ello debe ser desmenuzado de manera tal que no se caiga en un espejismo que, como muchos otros, después se transforman en fenomenales porrazos. Sabido es que en épocas de crisis se restringen los consumos y, sobre todo, de artículos prescindibles. Por un lado, entonces, es atendible que, a medida que le entra algún peso más, la gente vuelva a darse gustos que tenía olvidados o postergados. También, por supuesto, que aumente la compra de productos comunes, de todos los días.

Sin embargo hay otra lectura posible y con un trasfondo que implica una contrariedad: la gente se inclina por los gastos inmediatos y placenteros -que pueden ir desde una indumentaria o una comida especial hasta un auto- pero no puede acceder a otros bienes más importantes y trascendentes, como por ejemplo una casa.

Justamente, en esa cuestión también está la doble faz: aumentan los valores de las propiedades, hay compras de inmuebles, pero del otro lado hay millones que no pueden acceder a un crédito (muchas veces por cláusulas rayanas con la usura) para tener aunque sea una modesta vivienda o hacen malabares para pagar una renta absolutamente descontrolada.

El solo lanzamiento gubernamental de una canasta navideña económica indica que hay algo que no huele bien en la economía doméstica.

En ese marco, se viene, entonces, una nueva etapa de pulseadas por los ingresos como uno de los datos salientes del estío que, igual que en los últimos años, hace sentir su particular torridez. Así, por protagonismo, por temporada y por su evidente casi desnudez con la cual se regodea en este caso la vouyerista inflación, el salario otra vez será vedette.