Entrevista a Luisa Valenzuela
La publicación de un volumen que recoge todos sus cuentos ("Cuentos completos y uno más") resulta una buena ocasión para charlar con esta narradora vital y multifacética.
Por María Luisa Miretti
-¿Qué criterios establece entre el contexto y las historias narradas, y cómo organiza y estructura los temas y su tratamiento según el formato, el estilo, el tono...?
-La presencia de la mirada crítica no es una propuesta a priori en mi caso. Mi primera novela la escribí desde la más absoluta inocencia literaria, pensando en una historia que me llamó la atención y la aparición de mundos que me gustaba explorar en mi adolescencia (entre mis diecisiete o dieciocho años). Y se debía a mi añoranza de un Buenos Aires mítico y arquetípico, porque para la época en que escribí "Hay que sonreír", estaba viviendo en Francia. Pero más adelante, las demás novelas salieron de mundos que yo quería cuestionar como en "Cola de lagartija", o explorar la zona oscura del alma humana, como en "Novela negra con argentinos", o meterme a fondo con las desidentificaciones y la búsqueda de la propia identidad como en "La Travesía".
-¿Cómo influenciaron las costumbres y la gente y los paisajes extranjeros en su literatura, teniendo en cuenta que usted es una viajera incansable, con estancias prolongadas en el extranjero?-Cada historia tiene que encontrar su propia voz, no tengo algo que contar sino algo que se está contando a través de mí. Como también me siento profundamente cuentista, la variedad es necesaria. Creo que en cada cuento se despliega una historia con su propia idiosincrasia. Los viajes son experiencias que en algunas ocasiones cruzan los relatos, pero de por sí, cada uno de ellos tiene su propio ritmo. Es por esto que no sólo importa el qué sino el cómo.
-Hija de una ilustre escritora, Luisa Mercedes Levinson, que ha mantenido relaciones directas de amistad y escritura con lo mejor de nuestro pasado literario (Borges y Bioy Casares, entre otros), se ha criado en un ambiente muy particular del cual no podía escapar la impronta cultural pero al mismo tiempo el condicionamiento que ello puede acarrear.-Hay una crítica norteamericana, Emili Hiks, que habla de la escritura en los "bordes" y de los contrabandistas transculturales. Son esos escritores -entre los que me incluye- que se manejan con dos grupos de códigos diversos para combinarlos según las necesidades del caso. El viaje me ofrece una perspectiva para enfocar lo nuestro. Y también no hay duda de que haber crecido en la compañía de tales escritores me debe haber abierto a una visión particular del mundo.
-El modo particular y delicadísimo que tiene para tratar temas tan engorrosos como el trueque sexual, el cinismo, la mentira, como así también su relación con el periodismo deben asimismo haber influido en su literatura.-La mirada crítica siempre es una mirada marginal, donde uno puede ver los distintos aspectos de la realidad humana sin necesidad de juzgarlos en demasía. Creo que eso es importante en la literatura: no bajar línea, dejar que el lector o la lectora saque sus propias conclusiones, como le agradezco mucho que haya sacado las suyas. El periodismo, sí, me enseñó una manera más bien objetiva de enfocar los problemas sin por eso renunciar a una subjetividad artística.
-La reedición de muchas de sus obras supone un gran desafío.-La serie de reediciones que se me han dado últimamente, y que agradezco mucho, me sirvió para tomar mayor conciencia de mi posición general: ese gran desafío que presenta la escritura ficcional. Me interesa escarbar en las profundidades del lenguaje para tratar de entrever qué se está diciendo, a veces, a pesar de nosotros, y más allá de nuestras limitadas intenciones.