La Eteljiva la Gorgonia la Indalecia
la Rosenda la niña Baldomera
doña Virginia la señora Zósima
la niña Pastora la niña Limbamia
doña Goyita doña Bersabé la Micolcita
la niña Encarnación la niña Carlina
la señora Petrona la señora Ana Carlota
doña Segunda la Tertuliana la Hormesinda
en las paredes en los muros en las tapias en las pircas
bajo las baldosas bajo los entarimados bajo los ladrillos
nunca abras esa puerta
no te muevas de tu cuarto
no murmures ni musites
cantar es pecado aun bajo los árboles del fondo
cuidado con levantar la tapa del piano
o dar cuerda al fonógrafo
o desenfundar la guitarra
El espejo es el charco que refleja
la imagen asquerosa del mundo
La culpa es la azucena que nos regenera
En la soledad te visitarán los ángeles
Sus ojos como dedos pulsarán tu sueño
En el cuarto a tinieblas encontrarás la luz
En el cuarto a oscuras
en el cuarto cercado de lutos
florece un jardín hueco con vertientes de llanto
donde chapotean los alientos fríos
de la Eteljiva de la Gorgonia de la Indalecia
de la Rosenda de la niña Baldomera
y se precipitan en chorro inacabable de nombres
doña Virginia la señora Zósima
escritos sobre nombres olvidados
la niña Pastora la niña Limbamia
que aparecen y desaparecen en el dintel del pudridero
doña Goyita doña Bersabé la Micolcita
la niña Encarnación la niña Carlina
resucitadas en mi memoria
la señora Petrona la señora Ana Carlota
orondas desafiantes
doña Segunda pintada como mascarita
la Tertuliana renga y valetudinaria
la señora Augusta emperatriz de las simuladoras
a Miquichita la niña Ignacia la Hormesinda
pobres vergonzantes alimentadas de residuos monacales
El señor obispo
brazo con tridente del Santo Tribunal
cierra sus ojos turnios
y condesciente a comer las primicias
La señora epíscopa se encarga de negocios de la carne
y sus frutos espirituales
Francisco de Aguirre vocifera