Anais Nin en su Diario decía que no sabía si su literatura había aportado algo al mundo exterior, pero que estaba segura que sí había servido para crear un mundo particular. De este mundo particular habla "Encaje", de una música cercana, ventral, como una lengua materna.
Este libro de prosa poética es el resultado de una residencia como espectadora, más bien como expectadora.
"Encaje" es la escenificación de la palabra, pero también la palabra que sube a escena asumiendo un ritmo respiratorio que la convierte en hecho dramático.
Extraño maridaje entre la palabra poética y el lenguaje actoral.
Los poetas cuando publicamos siempre pedimos el buen destino para ese libro: que ese libro encuentre a sus lectores.
En este caso, ajusto el deseo: que este libro encuentre a sus actores, y como decía Meyerhold: "El teatro es un palacio de maravillas", que así sea la entrada a este libro".