De "Encaje"

No hay luz sobre la palabra sombra. No hay pensamiento en la palabra sombra. Pura imagen de la oscuridad que se repliega en un contorno delimitado por la enunciación. Un pequeño sonido aniquilado en su propio arco de articulación sonora.

Planteo escenográfico de la traición: la sombra sobre la palabra sombra. Todo orquesta en ese silencio hialino.

No hay emergentes en esa inmovilidad de ser. Del ser. Lo que hubo azoga la permanencia. Reiteraciones intermitan la continuidad del vacío.

La palabra estrella sí brilla. No requiere de escenario. Se puede apagar si no se la nombra. Sostenerla con una coreografía vocal es imprescindible.

Nadie en escena hasta el momento. No hay público hasta el momento. Sólo variaciones, sospechas de interludios que acometen.

Nada es unívoco. Ni la oscuridad en la boca de la sombra ni la rutilante estrella.

Lo cierto es el ademán que en el actor reposa en sí. Lo que aún dormido, sueña.

Ninguna constelación es tan perfecta en el silencio. En esa mínima partícula.

Luego sí. La palabra bala y bala. Busca el soporte de la cuerda, se aviolina. De padecer carece tanto que se exhala (exhausta) hasta encontrar. Hasta encontrarse.

(...)

(Inicio de "Encaje", de Marcela Armengod. Papeles de Boulevard, Rosario, 2007).