Crónica política
Binner
Por Rogelio Alaniz

"Dame sabiduría y entendimiento para que pueda conducir a este pueblo". Salomón

Su maestro fue un socialista ejemplar: Guillermo Estévez Boero. A su lado aprendió que el socialismo es una causa solidaria que se sostiene con el estudio y la militancia; el estudio que abre horizontes, la militancia que permite hacer realidad las palabras. También a su lado supo que el socialismo no es el resultado de una catástrofe, sino el producto de un esfuerzo sostenido fundado en los valores de la justicia y la libertad.

A la política siempre la entendió como esfuerzo, como emprendimiento colectivo iluminado por ideas. Binner conoció desde su juventud esa inolvidable y jubilosa fraternidad que nace entre los hombres que militan en la misma causa. Los que alguna vez vivimos la experiencia de unirnos alrededor de ideales y esperanzas y conocimos el sabor a veces dulce, a veces áspero, pero en todos los casos vital, de la militancia, sabemos de esos lazos invisibles y consistentes que se tejen compartiendo la lucha de todos los días en asambleas, en actos callejeros, en volanteadas en las puertas de las fábricas o en esos inolvidables bodegones donde la madrugada sorprendía a nuestra juventud hablando de un mundo y una sociedad más justos.

Ni receta, ni dogma infalible, ni coartada para el ejercicio de la violencia o el resentimiento, el socialismo que Binner practica es el de la acción tenaz e inteligente de la que hablaba Palacios, un socialismo que se define por su voluntad de hacer realidad en un mundo difícil los valores más nobles que la humanidad ha ido cultivando desde los orígenes de la modernidad. Un socialismo reformista, que se propone construir desde el consenso y que, sin renunciar a sus fuentes, está atento a las enseñanzas de una realidad que cambia pero permanece, que se transforma pero resiste.

Como Juan B. Justo, Binner no concibió su profesión de médico como un privilegio sino como un servicio. "Las verdades del socialismo las aprendí conviviendo con el dolor humano", decía Justo recordando sus visitas a los hospitales y sus esfuerzos por salvar vidas destruidas por la impiedad de las enfermedades sociales.

En la Argentina, la relación entre medicina y socialismo ha sido una relación de testimonio, de compromiso. Binner es un legítimo heredero de esa tradición. El médico se confunde con el socialista, porque en todos los casos se trata de estar al lado de los que sufren. La medicina enseña a convivir con el dolor, pero también con la esperanza y con el saber que otorga soportes reales a la esperanza. La medicina ejercita a los hombres en las virtudes de la paciencia, la solidaridad y la asistencia generosa. La medicina así concebida es una formidable escuela política en las que se formaron hombres tan diversos pero tan unidos en algunas certezas centrales como Justo y Korn, Repetto y Bunge, Dickman y Sabattini, Illia y Binner.

Por primera vez en la historia, un socialista será gobernador. Se trata de un hombre nacido en Rafaela. Allí hizo sus estudios primarios y secundarios. Después se fue a vivir a Rosario y nunca dejó de estar en Santa Fe. Austero, sobrio, de pocas y precisas palabras, Binner es por sobre todas las cosas un político honrado, un político que no ha sido ni seducido ni corrompido por el becerro de oro del poder.

Desde el humor, pero también desde la mala fe, cuestionaron su rigidez moral, su seriedad, la economía de su lenguaje. Algo parecido dijeron de Yrigoyen porque no hablaba en público y de Illia porque era una tortuga. Siempre pensé que si de lo que se trata es de buscar una compañía para divertirse en un cabaret las personas indicadas pueden ser Menem, Vanrell o Sofovich, pero si de lo que se trata es de gobernar una sociedad, de representarla y de representarla con justicia, me importan los hombres justos, los aburridos y monótonos hombres justos, que no se quedan con lo ajeno, que cumplen su palabra y que miran el rostro de sus hijos sin avergonzarse de ser aburridos, dominados por esa secreta y jubilosa alegría que asiste a los hombres que saben que hacen lo que deben.

Inmigrantes y criollos hicieron realidad una provincia próspera y justa a partir de la cultura del trabajo. En el tambo y en la chacra, en el almacén y en el taller, en el hospital y en la cooperativa, hombres trabajadores, exigentes y austeros fueron haciendo posible una sociedad integrada, asentada en grandes valores éticos.

Binner es, por filiación familiar y decisión personal, el exponente de esa tradición, de esa historia que supo hacer de Santa Fe una de las provincias más progresistas de la Argentina. No olvidemos que Santa Fe es tributaria de esa inmigración que en otros tiempos diera a la provincia a dos de sus grandes gobernadores a quienes el destino hizo primos: Carlos Sylvestre Begnis y Aldo Tessio.

En la Argentina, en los últimos veinte años, a las noticias políticas las expresaban los motonautas, los corredores de autos y los cantantes de letras estúpidas. Hoy las novedades son otras. En Santa Fe hubo buenos y malos gobernadores, pero la novedad, lo que ha colocado a Santa Fe en el centro de la atención pública, es un tipo de construcción política que intenta conciliar las ideas con las identidades partidarias y la calidad de la gestión.

En tiempos de desencantos, de frustraciones, de crisis de valores, no deja de ser estimulante una experiencia política que se propone realizar con realismo los ideales más sanos de una sociedad, contradiciendo la muerte de las ideologías, reivindicando el compromiso social y poniendo en un primer plano el acto moral. No es casualidad -todo lo contrario- que el símbolo de esta experiencia política sea Pocho Lepratti, el militante social asesinado por quienes todavía no han rendido cuentas ante la Justicia.

El gran desafío que se le presenta a las nuevas autoridades es estar a la altura de las esperanzas que han despertado. Sin duda que es un riesgo alentar tantas expectativas en un mundo difícil, conflictivo, tensionado por poderosos intereses, pero más allá de las turbulencias futuras no deja de ser una gran satisfacción saber que la política puede ser un quehacer de hombres honrados, que los funcionarios pueden destacarse por sus méritos, no por sus prontuarios y que la gestión pública no debe resignarse a la administración de lo dado sino que también puede ensayar la esperanza de la transformación.

Las sociedades y los hombres vivimos tensionados entre valores opuestos. El bien y el mal, el vicio y la virtud coexisten; y según las circunstancias, en cada uno de nosotros puede emerger lo mejor o lo peor. Justamente, lo que transforma a la experiencia liderada por Binner en algo valioso es ese esfuerzo por tratar de poner en un primer plano los valores más nobles, las actitudes más generosas, las pasiones más sanas.

Ya habrá tiempo para hablar sobre las vicisitudes cotidianas de la política. Hoy importa reconocer la calidad moral de un hombre que nos devuelve a los santafesinos -y a los argentinos en general- la satisfacción de saber que la política puede ser una actividad noble.

La historia nos enseñó que hay muchas maneras de hacer política, pero hay una sola manera de hacer política cuando la política se concibe como servicio público, testimonio moral y ejemplo ciudadano. Binner pertenece a ese linaje.