EFE-AFP-Télam
Los países en vías de desarrollo acusaron hoy a las naciones industrializadas de no cumplir los compromisos de transferencia de tecnología adquiridos en Kyoto, al arrancar la semana clave de la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático que se celebra en la isla de Bali (Indonesia).
La transferencia tecnológica es una de las principales herramientas para la lucha contra el cambio climático y uno de los cuatro pilares fundamentales que se debaten en Bali, junto con los mecanismos de mitigación, adaptación y financiación para paliar y afrontar el calentamiento global.
"La convención y el Protocolo de Kyoto establecen que todos los países tienen la obligación de iniciar programas que limiten sus emisiones (de gases contaminantes), pero que son los países industrializados los que deben proporcionar recursos financieros para hacerlo posible", dijo el secretario ejecutivo de la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático (Unfccc), el holandés Ivo de Boer.
De Boer añadió que los países pobres se quejan de que los ricos no están cumpliendo con los compromisos adquiridos.
Los países en vías de desarrollo dirigen sus esfuerzos en Bali a conseguir un acuerdo que les permita acceder a tecnologías limpias y a herramientas que les ayuden a enfrentarse a las consecuencias del cambio climático.
"Nuestras quejas son que la transferencia de tecnología estos años ha sido muy escasa. Los países industrializados nos piden que nos comprometamos, pero ellos no cumplen sus propios compromisos", indicó Luis Cáceres, miembro de la delegación de Ecuador en la conferencia de Bali.
La clave del debate radica en cómo se va a financiar esa transferencia de tecnología, de acuerdo con De Boer, quien explicó que se debate en las sesiones y mesas de trabajo sobre la adopción de "fuentes de financiación innovadoras", así como del desarrollo de parámetros que midan la transferencia efectiva de tecnológica del Norte al Sur.
De Boer anunció la creación de un mecanismo que posiblemente gestionará Global Environmental Facility (GEF), el mayor organismo de financiación medioambiental del mundo, y que servirá para traducir las evaluaciones de necesidades tecnológicas que hacen los países en vías de desarrollo en propuestas de proyectos que puedan recibir financiación de empresas privadas e instituciones financieras internacionales.
"La tecnología tiene que estar en el corazón de la respuesta futura al cambio climático", opinó el holandés De Boer.
La transferencia tecnológica es imprescindible para que los países más vulnerables puedan adaptarse a los cambios que se avecinan por culpa del calentamiento global y muchos necesitan en la actualidad poner en marcha instrumentos avanzados de alerta o sistemas de irrigación y de resistencia a las sequías.
De Boer explicó que también es esencial para "llevar a cabo una transición hacia una economía de emisiones bajas (de gases contaminantes) y acabar con el binomio que iguala el crecimiento económico al crecimiento de emisiones".
Los países en vías de desarrollo necesitan que se les facilite el acceso a tecnologías para saltarse el período de desarrollo económico basado en un consumo intensivo de carbón, indicó De Boer.
"No podemos permitir que el crecimiento no sostenible que han seguido los países industrializados se convierta en la norma", añadió el secretario de la Unfccc.
"Puede mitigarse considerablemente el cambio climático utilizando nuevas tecnologías limpias, pero éstas son caras, el mercado es todavía muy joven y necesita expandirse y crecer. Necesitamos más incentivos que saquen las tecnologías limpias de los laboratorios y las introduzcan en los mercados", dijo De Boer.
En este sentido, consideró imprescindible la actuación del sector privado y recordó que "las empresas son la clave de un futuro de energías bajas en emisiones de carbono".
La Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático comenzó el 3 de diciembre con la asistencia de representantes de 190 países y concluirá el viernes próximo con la clausura de la reunión ministerial.
La reunión de Bali busca sentar las bases de las negociaciones que se desarrollarán entre 2008 y 2009 para establecer un nuevo acuerdo contra el cambio climático que reemplace en 2012 a la primera fase del Protocolo de Kyoto.
El Protocolo de Kyoto, la primera estrategia mundial para reducir la emisión de gases que provocan el efecto invernadero, cumple hoy diez años en los que ha pasado de la insignificancia permanente a encabezar la agenda global.
El Protocolo de Kyoto nació como una ambiciosa apuesta mundial para poner freno a los efectos de la actividad humana sobre la naturaleza, pero posteriormente se convirtió en un arma política arrojadiza que cosechó resultados desiguales.
No obstante, la campaña mundial liderada por el ex vicepresidente de EE.UU., Al Gore, ha obligado a recoger el calentamiento global en sus políticas incluso a los más rotundos escépticos, algunos de ellos reconvertidos ahora en conservacionistas.
El foco del movimiento mundial contra el calentamiento global hoy no estaba en Kyoto, sino en Bali, donde la comunidad internacional busca un acuerdo que suceda el firmado hace diez años y logre involucrar también a China, India y Estados Unidos.
En la ciudad que lo vio nacer, hoy no había especiales celebraciones que recordaran el fragor con el que hace diez años se negociaron los puntos más polémicos del acuerdo, el primero legalmente vinculante que lucha contra el cambio climático a nivel global.
Entre los éxitos del Protocolo de Kyoto se cuentan hechos como la adhesión de un importante conjunto de países, lo que propició que el acuerdo pudiese entrar en vigor el 16 de febrero de 2005, ocho años más tarde de su aprobación.
En aquel año el conjunto de países firmantes rebasaron ya más del 55 % de las emisiones mundiales, el umbral fijado para que el tratado tuviera efecto.
Entre los países que lo han rubricado se encuentran todos los miembros de la Unión Europea, los países centroamericanos y sudamericanos, Japón, Canadá, la recién incorporada Australia, así como la mayoría de naciones asiáticas y africanas.
El Protocolo de Kyoto no obliga a los países en vías de desarrollo a reducir sus emisiones de gases productores del efecto invernadero.
No así a los industrializados, que para 2012 deben rebajarlas entre un 6 y un 8 % en comparación con sus cifras de 1990.
Entre los fracasos que ha vivido el Protocolo de Kyoto destaca la decisión del gobierno de George W. Bush de desentenderse del acuerdo, a pesar de que Estados Unidos es el mayor emisor de CO2 del mundo.
Otro de los obstáculos con los que ha topado ha sido la imposibilidad de involucrar a las principales potencias emergentes como China e India, convertidas en los últimos años en algunos de los mayores contaminantes del planeta.
Estos días, a más de 5.000 kilómetros de la tranquila ciudad nipona que dio nombre a este protocolo, se juega el futuro medioambiental del mundo para cuando expire la vigencia del tratado de Kyoto, en 2012.
El premio Nobel de la Paz fue oficialmente entregado al estadounidense Al Gore y al Grupo Intergubernamental de Expertos sobre la Evolución del Clima (Giec) por sus acciones contra el calentamiento climático, hoy en Oslo. El ex vicepresidente estadounidense y el indio Rajendra Pachauri, presidente del Giec, recibieron una medalla de oro, el diploma Nobel y un cheque de 1,1 millón de euros de manos del presidente del comité Nobel, Ole Mjoes. Gore y el Giec -grupo de unos 3.000 expertos coordinados por la ONU- comparten el Nobel por contribuir a sensibilizar a la opinión mundial sobre los efectos potencialmente dramáticos del calentamiento planetario.