Era un centro comunitario que desapareció con la invasión del Salado
El triste final del Ave Fénix
El centro comunitario dejó de funcionar luego de la catástrofe hídrica de 2003. Una vivienda de Santa Rosa de Lima, ubicada en Pasaje Silva y Estrada, era la sede que brindaba, además de copa de leche y cena, apoyo escolar a más de 380 chicos de la zona.

La inundación de 2003 derrumbó sueños. Y uno de ellos fue el de Miryam Guadalupe Vigil, una mujer de 65 años que anhelaba ser testigo de la finalización del secundario de más de 380 chicos que asistían a su centro comunitario.

Ave Fénix abrió en el año 2000 para brindarle apoyo escolar a los chicos de Santa Rosa de Lima y barrios lindantes que así lo quisieran. Pero tres años después cerró. Las aguas del Salado barrieron con todo. "Soñaba con ver a los chicos terminando sus estudios, pero no me dio el tiempo", dijo Miryam.

Alumnos de 1° a 7° año, y algunos de 8°, eran los que todos los días llegaban a la casa de la mujer para reforzar conceptos y aprender otros; quienes, además, recibían la copa de leche o la cena.

Miryam vivió en Santa Rosa de Lima durante 22 años. Pero la catástrofe hídrica de 2003 determinó su final allí y, junto a su hija, decidió habitar otro barrio por las condiciones en las que había quedado su vivienda. Aunque reconoce que no volvería a poner en funcionamiento otro centro comunitario, ya que en estos momentos no le es posible, asegura que siempre se pregunta qué será de las vidas de los 380 chicos que concurrían a Ave Fénix y que un mal día se quedaron sin el espacio que, además de enseñarles, los contenía.

El inicio

La silla de ruedas en la que se moviliza Miryam, por una incapacidad motriz que padece, nunca le fue un impedimento para proponerse objetivos. Así, con una voluntad increíble, enfrentó obstáculos que la fortalecieron en su trabajo de bregar por la educación de los chicos.

"Yo no hubiese hecho esa asociación civil sino fuese por cómo soy como persona. A mi nadie me usa y como me sentí engañada decidí hacerla. Soy parapléjica pero no tarada". Con esas palabras, la mujer introdujo el diálogo con El Litoral.

"Hace muchos años, una persona me propuso poner en marcha un espacio de ayuda escolar. No iba nadie. Hasta que un día le pedí a un hombre que trabajaba allí que me trajera al primer chico que encontrara", contó la mujer. Y agregó: "Y así fue como, un día viernes, llegó el primer alumno. Fue terrible porque rendía el lunes y tuvimos que pasarnos todo el fin de semana estudiando. La cuestión es que rindió bien y empezaron a caer todos los chicos del barrio".

Pero la llegada de unas elecciones incidió en que Miryam Vigil se apartara de esa institución y abriera las puertas de su propia casa para seguir brindando ayuda escolar en una pequeña habitación. Con esa intención, había hecho unos almohadones blancos para que los chicos pudieran sentarse y aprender cómodamente. Luego, y una vez establecido el centro comunitario como Ave Fénix, "porque surgió de las cenizas", la asociación comenzó a brindar la copa de leche y la cena gracias a donaciones de insumos que le llegaban a nivel provincial y municipal.

A más de cuatro años de que el río Salado invadiera las calles de la ciudad, Miryam contó que la casa donde más de 380 chicos encontraban contención, hoy está usurpada. Mientras tanto, muchos vecinos de Santa Rosa de Lima esperan que el Ave Fénix vuelva a surgir de las cenizas.

Mónica Ritacca