Herencias en el campo laboral

Luis Tarullo (DyN)

El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner hereda una serie de problemas del mundo laboral que, como tantos de otros sectores, requieren una solución cuando mucho mediata.

Pese a los índices favorables en materia de creación de empleo, el trabajo en negro, la merma de los salarios, los puestos laborales e ingresos precarios y la falta de personal calificado en diversos rubros son cuestiones que están a flor de piel.

A ello debe sumarse la irresolución de otros temas, como una nueva ley de accidentes de trabajo, a la que se le puso un pie encima debido a las discrepancias entre las partes y, en consecuencia, no se sabe cuándo será abordada nuevamente.

Trascartón, está cantado que se desatará una nueva puja por los aumentos salariales, que ya está mostrando sus primeros rounds en torno a los topes para los incrementos a discutirse y acerca de si el tema sueldos debe estar incluido o no en un eventual pacto social.

Por lo pronto, con la amenazante sombra de los índices oficiales de inflación que tienen credibilidad nula -lo cual convertiría también en irreales los aumentos de sueldo que se pacten sobre la base de esos guarismos-, varios sindicatos y empresas han acordado ya sumas extra para compensar la pérdida del poder adquisitivo de los salarios en los últimos meses del año.

Encima, continúa la fragorosa interna en el sindicalismo peronista que domina la CGT, en la cual se consolida el bloque liderado por el gastronómico Luis Barrionuevo, cuyo objetivo casi único es destronar al camionero Hugo Moyano.

Parecía hace algunas semanas que se había establecido una virtual tregua para esperar la renovación de autoridades cegetistas que debe concretarse a mediados de 2008, pero hubo nuevas muestras de los detractores de Moyano de que, si pueden, tratarán de voltearlo antes.

Pero, del otro lado, el camionero no se queda quieto y, amén de responderles, se muestra envalentonado por la andanada de sus enemigos y quienes están en sus cercanías no descartan el desafío de analizar su continuidad al frente de la central gremial.

De todas maneras, Moyano sufrió recientemente un duro golpe que también concita su atención. Fue el crimen del tesorero de la Federación de Camioneros, un hombre con el cual tenía una estrecha relación y que fue asesinado en un episodio cargado de saña y puntos oscuros, que remonta a los años trágicos del último tercio del siglo XX en la Argentina.

Aún no se ha logrado dilucidar la motivación del homicidio, pero hay coincidencias con hechos de características mafiosas, lo cual, de confirmarse, debería preocupar a un círculo más amplio que el de los camioneros o el sindicalismo.

Un posible retorno de la violencia política con vendettas incluidas sería ni más ni menos que una terrible marcha atrás en el complicado camino que tuvo que recorrer la sociedad en las últimas tres décadas para superar aquella etapa.

Si, en cambio, fue producto de un intento de robo, debería también esclarecerse rápidamente, ya que así pararía de crecer la bola de nieve de la hipótesis del crimen político.

Con estas y otras situaciones, entonces, es válido imaginar sombras sobre la concreción del pacto social que anhela el oficialismo. Máxime si no se restablecen plenamente los puentes con sectores como el ruralista, base fundamental de la producción argentina y dador de trabajo intensivo.

Se verá con el andar del nuevo gobierno si hay alguna posibilidad para ese acuerdo, en el deberá estar presente todo el abanico de la sociedad, incluidos los representantes de las diversas religiones, quienes han mostrado en muchas ocasiones que su aporte puede ser fundamental y hasta han ejercido roles y desarrollado acciones que cubrieron el déficit de otros sectores.

En caso de que avance la concertación, la prioridad, indudablemente, será reducir las brechas existentes entre los diversos estamentos sociales, con el fin de recuperar a los caídos del mapa que transitan los infiernos de la marginalidad.

La pirámide social tiene desde hace años grietas por la cuales se fugaron esperanzas, sueños y posibilidades de millones de personas, algo tan incomprensible como imperdonable en un país como la Argentina. Entonces, los logros, pero también la obligación de saldar las cuentas pendientes, son parte de la misma herencia.