El Grupo de Artillería 2 de Rosario de Tala (Entre Ríos) fue designado con el nombre de Francisco Solano López. No conozco los motivos que se tuvieron en cuenta para esa designación, pero admitamos que atendiendo a la verdad histórica el acto es -en el más suave de los casos- una traición a la memoria de miles de argentinos que murieron en una guerra iniciada por el dictador paraguayo.
Como no soy nacionalista, no acostumbro a utilizar giros al estilo de "traición a la patria", pero admitamos que la tentación de recurrir a esos vocablos es fuerte cuando desde las propias Fuerzas Armadas se alienta un homenaje a quien fuera un enemigo de la Nación.
Se dirá que ciento cincuenta años después, la reconciliación se impone. Efectivamente, la Argentina mantiene excelentes relaciones con Paraguay; pero desde el punto de vista simbólico, la reconciliación se realiza en otro marco institucional y no a partir de un acto unilateral promovido, seguramente, por militares "nazionalistas" que siguen creyendo que la manera más efectiva de defender a la patria en aquellos años era estar al lado de Solano López y disparando contra las tropas argentinas.
Curioso nacionalismo el de estos militares que siempre parecen estar a contramano de la Nación real. Por otra parte, no deja de llamar la atención la propensión de estos entorchados a dejarse seducir por el discurso de los fascistas criollos que en la Argentina representan el 0,001 de la opinión pública.
No creo que en Paraguay haya un regimiento que se llame Bartolomé Mitre o Pedro II o Venancio Flores. Sólo a estos "nazionalistas"se les ocurre promover este tipo de homenaje. Llamar Francisco Solano López a un regimiento es tan coherente como denominar Richard Nixon a un regimiento vietnamita. Y por esa línea muy bien podríamos designar a Campo de Mayo con el nombre de Fernando VII.
Sobre la guerra del Paraguay se han escrito muchos libros, pero en los últimos años el debate histórico se ha esclarecido y pertenece a un tiempo superado la lectura revisionista que coloca a Solano López como un líder antiimperialista. Hoy está fuera de discusión que Gran Bretaña no tuvo nada que ver con esa guerra. Por lo contrario, hizo lo imposible para evitarla; entre otras cosas, porque hasta hacía unos meses a quien estaba bloqueando era a Brasil y no al Paraguay. También está fuera de discusión que la provocación militar la inició Solano López ocupando el Matto Grosso y después invadiendo Corrientes.
Solano López fue un dictador sanguinario que condujo a su pueblo a una masacre innecesaria. No terminaron allí sus desmesuras. En el camino ejecutó a sus hermanos y torturó -hasta colocarlas al borde de la locura- a sus dos hermanas. Una mujer, Juana Carrillo, fue obligada a caminar descalza durante días. Con los pies ensangrentados y el cuerpo lacerado por los golpes fue encontrada por los soldados brasileños después de Cerro Corá. Esa mujer, Juana Carrillo, no era una mujer cualquiera, esa mujer era la madre de López y al respecto cada uno puede sacar la conclusión que le parezca sobre la moral de un hombre que se comportó así con su propia madre.
La guerra de la Triple Alianza fue una tragedia. Como en toda guerra, los actos de heroísmo, pero también los de crueldad, estuvieron presentes en todos los bandos. Duró casi cinco años, pero su resolución ya estaba decidida en el primer año. En 1866 López no tenía ninguna chance de ganar la guerra. Sin embargo continuó cuatro años más sometiendo a su pueblo a una verdadera carnicería, carnicería que fue infligida por los ejércitos enemigos, pero también por él mismo, ya que las ejecuciones ordenadas por López contra su propia gente cobraron miles de vidas.
Es verdad que murió con las botas puestas. Lo reconocieron cuando huía porque era el único soldado gordo en un ejército desarrapado integrado por esqueletos. López murió en el campo de batalla, junto con el jefe de su Estado mayor, su propio hijo, un adolescente de catorce años, pero también Hitler murió en el bunker con las botas puestas. Y a Churchill no se le ocurrió por ello designar con el nombre del führer a algún regimiento inglés, entre otras cosas porque los ingleses son nacionalistas en serio y en temas como estos nunca se equivocan.
La comparación entre López y Hitler no es arbitraria. El historiador paraguayo Guido Rodríguez Alcalá dice: "La semejanza entre López y Hitler está en la movilización total para la guerra, en la guerra total que ambos llevaron a cabo... Creo que no es exagerado considerar a López como un precursor del moderno totalitarismo... Romanticismo, voluntarismo y paranoia definen las personalidades de los tiranos y no es casual que el fascismo en Paraguay haya reivindicado la figura de López...". Tampoco es casual que el fascismo argentino haga lo mismo.
En realidad, la reivindicación de López en Paraguay fue orquestada por Alfredo Stroessner. Es sintomático que uno de los tiranos más sanguinarios y corruptos de América Latina se reconozca en López. En la Argentina, el revisionismo histórico encontró en López al paladín de la causa nacional contra el liberalismo. Mucho más patológica que la reivindicación de los fascistas criollos es la de cierta izquierda que creyó ver en López un anticipo de Fidel Castro resistiendo en soledad a los imperios de turno.
La verdad histórica no transita por esos carriles. La guerra del Paraguay contó con el apoyo expreso de toda la clase dirigente criolla. En los campos de batalla murieron los soldados rasos, pero también los hijos de los políticos más importantes de su tiempo, entre los que se cuentan Dominguito, el hijo de Sarmiento, y Paz, el hijo del presidente de la Nación en ejercicio.
En Paraguay pelearon Alem, Roca, Aristóbulo del Valle, Lucio Mansilla, entre otros. Es verdad que en el norte los dirigentes de las montoneras se opusieron a la guerra, del mismo modo que en Paraguay lo hicieron los adversarios de López o en Brasil los republicanos enfrentados a Pedro II.
En esos años se estaban constituyendo los Estados nacionales y la guerra del Paraguay sirvió para afianzar los atributos estatales de la Argentina, Uruguay y Brasil. Incluso esta afirmación merece ser matizada, porque en el caso de Brasil, considerado por los revisionistas como el verdadero beneficiario de esta guerra, los costos fueron altísimos. "Maldita guerra, que nos hace atrasar medio siglo", dijo el barón de Cotegipe. En 1889 la monarquía brasileña se derrumbaba, para muchos herida de muerte por los costos que tuvo que pagar por esa maldita guerra.
El tema, por supuesto, excede a una crónica, pero a modo de conclusión una opinión sobre López merece ser tenida en cuenta. "El nombre de López se conservará en la memoria de los hombres como símbolo de un terror cruel, que las madres citarán a sus hijos como emblema de horror. Y esa nación tan generosa, tan valiente, esa nación abominará de López con la desesperación de los males sin remedio y las palabras del patriota italiano que decía: "Maldito sea hasta el pecho que le dio de mamar".
El que escribe este texto no es Mitre, es José Hernández. Esas referencias históricas deberían haberse tenido en cuenta por los militares que, en mala hora para nuestra patria, decidieron designar con el nombre de un tirano a un regimiento argentino.