Soy el arquitecto de mi propio destino, escribió alguna vez Amado Nervo. Pero no debe ser fácil luchar contra un sino que viene encarnado en un apellido, en una tradición familiar. Un sino que tal vez esté determinado en el mismo momento en que nacemos. Podemos eludir el destino, o fabricarlo o ayudarlo. Pero él está allí esperándonos, inevitable.
El destino de ser mujer en los países islámicos no es fácil y a pesar del transcurso de los años, su rol sigue siendo en la mayoría de los casos, secundario y postergado.
Por eso, cuando surge el rostro de una mujer que contra viento y marea desafía las milenarias tradiciones, obliga al mundo entero a volver la atención hacia ella.
Hace pocos días, la prensa internacional volvió a ocuparse de un nombre casi olvidado: Benazir Bhutto, y un país conflictuado, Pakistán, volvió a ocupar la primera plana de las noticias.
La hermosa mujer, ahora con unos años más, una incipiente papada, pero con sus enormes ojos oscuros y el delicado velo cubriendo sus negros cabellos, retornaba a su paupérrimo país, reclamando nuevamente el lugar que le arrebataron en más de una oportunidad.
Inocente o culpable, la historia de Benazir está plagada de muerte, lucha, lujo, tradiciones implacables, acusaciones, arrestos y exilio. Pero ella no puede renunciar al apellido que la identifica con la lucha por el poder. En un país donde el analfabetismo es mayoría, ella ostenta educación de Harvard y Oxford, no conoce en carne propia las urgencias de la miseria ya que siempre vivió en mansiones. Entonces �que la impulsa a arriesgar y abandonar un dorado exilio transcurrido entre Dubai y Londres?
Benazir nació el 21 de junio de 1953, hija del primer ministro Zulficar Alí Bhutto. Su padre fue derrocado, juzgado y condenado a la horca. Pero el día antes de morir le hizo jurar a su hija que continuaría su misión de rescatar a Pakistán del caos de guerra y miseria. Ella entonces tenía sólo 24 años.
A pesar de que su madre ya actuaba en política y que había hijos varones en la familia, Benazir eligió ser la solitaria protagonista de la promesa hecha a su padre.
Hermosa, atractiva, buena oradora, educada en los mejores colegios de su país y del mundo, su vida transcurrió entre dos mundos opuestos: la mansión feudal construida por sus antepasados mucho antes de que Pakistán se independizara de la India y el saber que fuera de esas paredes existía un mundo de pobreza y carencias.
Su elitista educación en el extranjero se eclipsó bruscamente cuando en 1977 su padre fue derrocado.
Benazir retornó a Pakistán sabiendo lo que le esperaba. Sufrió arresto domiciliario en su residencia de Karachi durante cinco años, pero liderando secretamente el PPP (Partido Popular de Pakistán- Pakistan People Party), partido fundado por su padre en 1967. También conoció las "delicias" de la cárcel.
Pero ya su camino estaba marcado y no retrocedió. Cuando el partido gobernante convocó a elecciones, ella asumió oficialmente el liderazgo del suyo. Por supuesto, fue denostada y condenada por todos los políticos opositores que la señalaban como una pecadora, transgresora, como una insolencia a la tradición pakistaní. Ninguna sociedad islámica estaba dispuesta a aceptar el mandato de una mujer.
Sin embargo esta bella mujer, alentada tal vez por la memoria de su padre siguió adelante. Luciendo siempre el traje típico, el cherwar kamiz, con un chal echado sobre los hombros y otro más pequeño cubriendo su oscura cabellera y se convirtió en la bandera de la oposición.
El 2 de diciembre de 1988, a través de elecciones, Benazir Bhutto se convirtió en la primera ministra de Pakistán, siendo la primera mujer a la cabeza de un gobierno en el mundo islámico.
Pakistán es un país de más de 120 millones de habitantes, un gran índice de pobreza y analfabetismo y las rivalidades étnicas y religiosas son muy marcadas y se dirimen todavía con las armas, con tradiciones muy arraigadas no fáciles de cambiar.
La mujer de Oriente ha vivido siempre oculta, reducida al papel de un objeto. Durante miles de años el hombre fue el rey de la creación.
Sin embargo Benazir llegó al poder y trató de poner en marcha un programa que llamó socialismo islámico. Sin embargo su gestión transcurrió con demasiados altibajos,
En 1990, fue destituida por corrupción y nepotismo. En 1993 volvió al gobierno nuevamente a través de elecciones con Farup Legari como presidente. Pero en 1996, el mismo Legari la destituye acusada nuevamente de corrupción. Le cuestionaban la falta de capacidad para mantener el orden, saqueadora y derrochona, demasiado joven e inmadura. Tenía entonces 43 años.
En 1997 Benazir insiste y se presenta a elecciones sufriendo una derrota aplastante, pero tanto ella como su madre lograron conservar sus bancas tradicionales en una de las provincias. Como corresponde en toda arena política, ella denunció fraude electoral.
Poco a poco esta hermosa mujer se fue llamando a silencio, con causas pendientes por corrupción y mala administración. Dejó el país. Su marido también fue encarcelado en Pakistán acusado de corrupción y enriquecimiento ilícito.
En 2001 las denuncias contra Benazir fueron desestimadas. Pero se le impidió presentarse en las elecciones de 2002 y el gobierno de Musharraf amenazó con encarcelarla si pisaba suelo pakistaní. En 2003 un tribunal suizo la condenó a 6 meses de prisión en suspenso por lavado de dinero.
Ella desde Dubai y Londres, donde pasa sus días siguió liderando el PPP con el propósito de regresar a su país para las próximas elecciones.
Y así fue. El 8 de octubre la ex primer ministra pakistaní, retornó a Karachi, después de 8 años. El mismo día de su regreso la comitiva que la recibió y la acompañaba en su desfile por las calles de su ciudad sufrió un cruento atentado donde murieron más de 120 personas y más de 400 quedaron severamente heridas.
Benazir no se arredró y solicitó la renuncia del presidente, Gral. Pervez Musharraf y descartó la posibilidad de participar en un futuro gobierno, según declaró después del segundo arresto domiciliario sufrido en cuatro días.
Lo cierto es que su regreso a Pakistán significó la movilización de miles de adherentes al PPP, seguidores de esta bella mujer que osó desafiar las tradiciones milenarias de un país desértico y empobrecido.
Su voz se alza frente a las multitudes para exigir la renuncia del presidente, reclamando elecciones libres y justas, pidiendo el fin de las medidas de restricción para los medios de comunicación. "Quiero salvar a Pakistán", son sus palabras repetidas hasta el cansancio.
Mientras tanto, el tiempo pasa y la fecha de las elecciones se acerca, serán en enero.
A Musharraf lo acusan de dictador apoyado por Estados Unidos.
Benazir Bhutto por su sola condición de mujer, la primera que en su país se atrevió a desafiar el poder ancestral de los hombres, �podrá con la marea de intereses que nada tienen que ver con la solidaridad, la conmiseración y el bien común?
Pero lo que es más importante, su conducta es movida por la sinceridad y el patriotismo, �o tal vez por la ambición?
Ana María Zancada