"El 24 y el 31 son fiestas de familia'. Eso es lo que siempre repetían mis padres. Y la verdad es que cuando mis hermanos y yo éramos chicos lo disfrutábamos mucho, pero después, a medida que fuimos creciendo, cada primo fue tomando su camino y luego, al empezar a casarnos, todo se hizo más difícil porque comenzaron a aparecer las caras largas y las peleas previas. Si estás en Nochebuena con tus suegros, en año nuevo tendrías que visitarnos a nosotros', pasó a ser la frase más pronunciada durante los primeros 20 días de cada diciembre. Debido a esta situación, las fiestas se convirtieron para mi en un momento de angustia, en el cual me la paso añorando las épocas en que todo era más simple, acordándome de mi abuela sentada en la cabecera de la mesa y rogando que nadie se pelee", afirmó Lucía (34), mamá de dos varones de seis y tres años, y de Maia, de dos.
La sensación descripta por esta maestra jardinera es compartida por un gran número de personas que atraviesan un período de muchos nervios cada vez que el calendario marca el comienzo del último y más complicado mes del año, ya que el cansancio y estrés, acumulados a lo largo del ciclo de trabajo, se mezclan con los preparativos de las fiestas y las vacaciones.
Sin embargo, lo que en muchos de los casos prevalece es una sensación de angustia y pérdida, al revivir la ausencia de familiares queridos que ya no están. En este sentido, la Sociedad Americana de Geriatría elaboró recientemente un trabajo a fin de brindar consejos útiles que permitan evitar la depresión que, según los especialistas, es más frecuente a medida que la edad aumenta.
Entre los principales puntos a tener en cuenta se encuentran la socialización y el armado de "programas" o salidas con los familiares y amigos más cercanos.
En segundo término se destaca al aceptación de las sensaciones y sentimientos, condición que permite compartir con otros y "descargarse". Finalmente, es importante evitar la ingesta exagerada de alcohol y estar atento a los síntomas y señales que permitan establecer un diagnóstico de depresión.
"Las fiestas son movilizadoras de reencuentros con figuras y situaciones significativas que a menudo no están debidamente internalizadas. Además, el ritmo de vida vertiginoso impide procesar, contener y darle un sentido enriquecedor a estas emociones. Es en ese momento cuando aparecen sentimientos de temor o de pérdida. Para evitarlos, la mejor recomendación es tener una anticipación positiva", señaló el doctor Roger Montenegro, médico psiquiatra, presidente de la Fundación Contener.
Asimismo, el especialista indicó que caer en ideas imaginarias de felicidad no ayuda, porque "es esperable que surjan roces y altibajos", tal como sucede el resto del año y teniendo en cuenta que se pone en juego un importante intercambio de emociones y personalidades.
Bajar las expectativas con respecto a la organización de la celebración en sí también ayuda, ya que a menudo ése es también un punto de conflicto. Si en lugar de establecerse obligaciones y deberes se lo piensa como una oportunidad para festejar, disfrutar y ser creativos -innovando, por ejemplo, en la decoración de la casa o la elaboración de los platos- los momentos previos se disfrutarán mucho más.
Si bien el duelo por la muerte de un ser querido es una herida abierta todos los días del año, durante las fiestas, la ausencia puede sentirse más. "Mi hermano murió una semana antes de Nochebuena y, obviamente, siempre la pasábamos juntos. Ese hecho generó que, sin importar los años que hayan pasado, cada vez que se acerca el 24 de diciembre me surge esa sensación de tristeza que tiene que ver con extrañar a otra persona", refirió Norberto.
De hecho, según una revisión de estudios y ensayos realizada por profesionales del Instituto de Investigación en Psicología y Salud de la Universidad de Utrecht, en los Países Bajos y cuyas conclusiones forman parte de la reciente edición de la publicación The Lancet, el período más vulnerable es el de los primeros treinta días posteriores a la pérdida.
Por otro lado, los especialistas postularon que la ausencia más difícil de superar es la del cónyuge, y que la angustia y depresión que sobreviene luego del fallecimiento pone en riesgo la salud e incrementa el riesgo de suicidio.
"En términos cuanti-cualitativos, la intensidad de la pérdida varía según el ciclo de la vida. Para un chico, por ejemplo, es una pérdida muy significativa la muerte de alguno de sus padres, al igual que para una persona mayor la de un nieto, por ejemplo. En cambio, cuando se trata de un cónyuge, por lo general se toma de otra manera", consignó el doctor Montenegro.
"Lo primero que hay que ver cuando se produce el fallecimiento de un ser querido es determinar en qué medida es necesaria la intervención de un especialista. Luego, es necesario evaluar la mejor forma de acercarse a la persona que está sufriendo y por último, establecer cuáles son los indicadores que está mostrando.
Para esto hay que considerar y tener en mente que el duelo se relaciona con diversos síntomas y enfermedades psicológicas, como la depresión, la ansiedad, el insomnio, la falta de apetito y memoria y la disfunción social. A su vez, también puede provocar síntomas más extremos como el estrés postraumático", concluyó la doctora Margaret Stroebe, líder del ensayo.
Más información: - Fundación Contener: http://www.contener.org
fuente: agencia pro salud news. foto de El Litoral