Análisis
Es el momento
Por Alejandro Galetto

La capacidad, el talento y los últimos resultados no hacen más que conducir al pensamiento de que llegó el momento clave en la carrera de David Nalbandian. No porque la Copa Argentina tenga una importancia y prestigio supremo (de hecho, además de ser una mera exhibición, no juegan los mejores tenistas del mundo), pero sí por el mensaje "paratextual" que envía el unquillense con estos rendimientos.

Ya en el año 2005, el rubio jugador había logrado dar el súper batacazo de derrotar a Roger Federer en la final del Masters Cup y consagrarse a nivel mundial. En esa oportunidad, también aprovechó el envión anímico y se quedó con el certamen de fin de año que se juega en el Buenos Aires. Aquella vez alcanzó el tercer escalón en el ranking planetario y comenzó el 2006 con una gran expectativa.

Pues bien, la realidad actual es similar, pero con algunas diferencias a su favor. Esta vez, dos años después, el gran momento tiene un sustento básico racional, pensado, buscado; a diferencia de lo ocurrido hace dos años, producto del pico mental lógico en un chico de su edad. Luego de una temporada floja, David "sentó cabeza" y se propuso cambiar cosas en su manera de trabajar. Ya se sabe: eligió un entrenador serio y capacitado (muchos entendidos dicen que Martín Jaite es una de las personas que más sabe del rubro en nuestro país), se rodeó de profesionales de primer nivel (preparador físico, kinesiólogo, ayudantes) y apretó los dientes a la hora de entrenar.

El tenis tiene esos vaivenes inexplicables que pueden frustrar cualquier intento, pero si su gran momento deportivo se respalda en una madurez que indudablemente ha experimentado, el futuro puede deparar resultados insospechados.

En 2006 arrancó con semifinales de Australia, del Masters Series de Miami y con un trofeo en Estoril. Después alcanzó la ronda de 4 en MS Roma y en Roland Garros, pero su físico le jugó algunas malas pasadas. Esta vez, su fin de año fue tranquilo, tuvo descanso suficiente, hizo una buena pretemporada y arrancará 2008 con pilas recargadas y una base física acorde a la competitividad que tiene que enfrentar en los próximos doce meses. Por eso, y por aquello de su maduración, puede ser el año de Nalbandian. Y si hablamos del año de Nalbandian, estaremos hablando de un año histórico para el tenis argentino. Sólo el tiempo lo dirá.