Cómo prevenir accidentes y mejorar la convivencia en las calles
Los santafesinos reconocen la locura que hay al volante
El Litoral recorrió varias de las avenidas y zonas más transitadas de la ciudad. Habló con comerciantes, taxistas y colectiveros. Todos ven que se maneja mal y desestiman los controles, porque consideran que lo más importante es que la gente pare la moto.

De la Redacción de El Litoral

La realidad no escapa a los ojos de cualquier hijo de vecino en la ciudad: los santafesinos al volante son un desastre. Todos reconocen la situación y repiten la sensación de que "a la gente no le importa nada, sólo llegar". Existen normas, hay controles, se difunden las escalofriantes y agigantadas cifras de muertes por accidente, se muestran los muertos que deja la inconciencia al volante, y sin embargo no pasa nada.

Ésa es precisamente la pregunta que El Litoral le acercó a vecinos, comerciantes, colectiveros, taxistas e inspectores en distintos puntos de la ciudad: �Qué pasa con los conductores de Santa Fe?

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"El centro es un caos" es la frase que resuena, una y otra vez, entre los comerciantes y conductores que a diario experimentan la insalubre experiencia de circular por esa zona.

Hugo es un vendedor ambulante que todos los días ofrece muñecos y juegos en la Plaza del Soldado, desde donde ve que "la gente anda distraída, no acata las órdenes de los inspectores de tránsito ni nada. Pasan las bocacalles sin tocar el freno, a pesar de que los inspectores vienen todos los días". Y aunque admite que desde que rige la medida que prohíbe a los particulares estacionar por ahí la cosa está "un poco más ordenada", insiste en que "en general la gente maneja mal: anda nerviosa, toca bocina, los remises y los taxis pasan en doble fila por la izquierda, cualquier cosa".

Frente a él, en la vereda opuesta, Jorge muestra sus CD en una situación que, "ahora", ve "más tranquila". Pero, de todas formas, "manejan todos nerviosos, están todos locos". Los más son "los colectiveros", que "se tiran encima de los autos, dejan de punta la cola del colectivo cuando pasan y no dejan lugar para circular".

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Avenida Freyre no escapa al panorama general: "La gente maneja pésimo, muy mal, anda como loca y no respeta el semáforo nunca", comenta Paola desde su quiosco en avenida Freyre y General López. Un poco más al sur, en la rotonda previa al puente Carretero, Marcelo cuenta que en J.J. Paso y Bv. Zavalla "hay muchos accidentes" y cientos de "faltas: no poner un guiño, balizas, los peatones cruzan por cualquier lado... No respetan nada".

Y los siniestros, Marcelo los atribuye a "la imprudencia que hay, andan muy rápido, van a mucha velocidad cuando tienen que ir a 40 ó 50, porque es una avenida".

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Hacia el norte la descripción se repite, como si la grabación fuese la misma pero con otro escenario. "Esto es un lío", dice Alejandra desde su panadería en Peñaloza y Regimiento 12 de Infantería, una zona "muy peligrosa" porque los autos "cruzan nomás, no se fijan en los semáforos si está en rojo o en verde" y las bicicletas "se mandan, no tienen precaución, ni miran". No se olvida de los camioneros que "vienen muy fuerte".

"Son brutos, brutos", es la cruel sentencia de Martín, que hace años tiene un puesto de diarios en esa esquina. Su dedo señala, sobre todo, a las motos y bicicletas que "se cruzan, son un desastre". Lo más terrible empezó a darse recientemente para él: "Ahora es peor que antes, cada vez peor".

La reseña de Martín se verifica al instante: mientras cuenta lo que cuenta se ve un auto hacer caso omiso a la luz roja de freno, otros doblando en U y más girar en direcciones que no están permitidas; todo esto mientras las bicicletas circulan como si nunca tuviesen que acatar una norma de tránsito.

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En Blas Parera y Gorriti, una zona "re transitada", la gente maneja "mal". Andrés, que se incluye en la generalización, cree que es por puro apuro y egoísmo: "Todos queremos ser primeros y, todos esperamos a último momento para hacer las cosas, pero queremos llegar temprano".

�Qué se puede hacer para revertir la situación? En esto también coincide con todas las personas consultadas en la ciudad: "Los controles no pueden solucionar todo y tampoco puede haber un zorro atrás de cada uno de nosotros. Eso va en la concientización".

Zulma se queja en general pero particulariza la irreverencia de los camioneros: "Son muy irrespetuosos, vienen rápido y no son solidarios. Si pasa algo, si te matan, un auto los tiene que correr".

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Dos días atrás un auto arremetió con una moto en Aristóbulo del Valle e Ignacio Risso. Es que "andan apurados" y "nadie respeta nada", según Alejo.

Alberto coincide y agrega que los que fallan son todos: los que pedalean, andan en moto y en auto, y los peatones. "Creo que a la gente que comete infracciones habría que sacarle el carné o inhabilitarlo", extrema este hombre que piensa que "a algunos ni les importa que les hagan multas".

Muchas normas, poca práctica

La accidentología vial es un tema que se ha instalado en todos los ámbitos ciudadanos. No es para menos, la cifras que se acrecientan cada día no logran bajarse con la sanción de nuevas normas o más multas y programas.

Retener el carné a conductores alcoholizados, control de los carros en el centro, sistema sonoro para no videntes en semáforos, pantallas anti refractantes en las esquinas, recomendaciones de seguridad para el tránsito en bicicleta, obligaciones para los conductores de bicicletas, un código para peatones, además de sucesivas modificaciones y adecuaciones al Reglamento General de Tránsito -ordenanza 10.017-, son algunas de las medidas que se impulsaron desde el Concejo Municipal para evitar que conducir, caminar y pedalear en la ciudad de Santa Fe conlleve peligro de muerte.

Lamentablemente, nada cambia demasiado. Pero bien viene repasar parte de lo reglado para que cuando surja la pregunta de "�qué se hace para prevenir y parar esta avalancha de tragedias?" los santafesinos sepan que no es poco.

En julio de 2006 el Concejo realizó una modificación al Reglamento General de Tránsito que determinó que "todos los conductores de bicicletas" tienen que "respetar las normas generales que rigen para cualquier tipo de vehículo". Un mes después, un grupo de ediles daba cuenta de un relevamiento que mostraba que más del 90 % de los accidentes con víctimas fatales en la ciudad ocurren en las avenidas del norte y accesos a la ciudad; y demandaban que el Ejecutivo destine inspectores y semaforice la zona.

Luego vino la propuesta de Mejor Conducir, un programa para el mejoramiento del tránsito que se plasmó con una ordenanza que modificaba el Reglamento de Tránsito, el Código Procesal de Faltas y el Régimen de Infracciones y Penalidades. Se implementó entonces un sistema de puntos para calificar el comportamiento vial de los conductores, acompañado de un aumento en las sanciones, entre las que se prevé el retiro de la licencia.

Mientras las normas de tránsito rigen para toda la comunidad, no es posible aducir desconocimiento en el momento de pisar el acelerador o de violar las reglamentaciones más elementales.