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"Vidas ordinarias, vidas precarias"

Hay un sentido de la precariedad que atañe a todos los individuos, el sentido ontológico que alude a la inseguridad vital en la que se inscribe cada vida. Pero hay otro sentido que tiene que ver con el campo social, el que incluye a los desempleados, los supernumerarios, los "inútiles", los "marginados" que ya constituyen multitudes en todo el mundo, un ejército de gente sin voz. La vulnerabilidad social, a su vez, encuentra su expresión límite en la vulnerabilidad vital. "El despido no es sólo causa de cuestionamiento del orden social: también es el desmoronamiento de la estima corporal de sí mismo. Su consecuencia extrema es la depresión, que es la transformación de la vulnerabilidad social en vulnerabilidad vital (la de la vida psíquica) y también la de formas más modestas de vulnerabilidad vital, como ciertas patologías psicosomáticas que pueden surgir de la experiencia de la precarización social", constata Guillaume Le Blanc en "Vidas ordinarias, vidas precarias", editado por Nueva Visión, en que se dedica al tema de la exclusión social.

Más allá de la importancia que tiene el problema de los marginados en el mundo actual, Le Blanc se centra en lo que significa permanecer dentro de la vida normal (o vida de la norma) y el estar fuera de ella. "Si, según Freud, el caudal mínimo de la normalidad es la posibilidad de amar y trabajar, entonces es preciso decir que la experiencia de la normalidad es una experiencia precaria que no tiene validez objetiva alguna. Pues amar y trabajar sólo son las condiciones mínimas de la institución de lo humano y esas condiciones nunca están aseguradas".

El libro incluye el tratamiento de temas como el doble sentido de la vida ordinaria; los conceptos de vulnerabilidad, precariedad y viabilidad; el infortunio de la descalificación; la desposesión de sí mismo; la vulnerabilidad lingüística y la asistencia a los precarios.