Cartas a la dirección

Adiós a un maestro

Señores directores: Pocas personas logran reunir en sí mismas inteligencia, sensibilidad, capacidad de trabajo, creatividad, humildad y compromiso social. Pocas personas son capaces de transitar por la vida reconociendo y potenciando lo mejor de sus semejantes y dejando huellas imborrables en los vínculos que establecen. Pocas personas son capaces de transmitir con vehemencia y pasión aquello que enseñan. Cuando en alguien todo esto se conjuga lo llamamos maestro. Este es uno de los modos con que podemos referirnos al profesor Caropresi. También podemos decir que fue "un grande".

Ramón Félix Caropresi fue maestro normal nacional. Tuvo sus primeras experiencias docentes en la cárcel de encausados. De ese espacio educativo no sólo recuperó entrañables recuerdos sino que lo reconoció como un verdadero ámbito de formación personal.

Fue mentor y partícipe activo del Proyecto Experimental de la Escuela Almirante Brown, institución que en su cincuentenario fue capaz de recuperar su propia historia y la de sus sujetos.

Entre los años 1961 y 1966 fue decano de la Facultad de Ciencias de la Educación de Paraná. Allí no sólo implementó un nuevo plan de estudios, sino que convocó a prestigiosos y diversos profesionales del país, logrando una verdadera inserción en la comunidad, tanto por las relevantes tareas específicas que la Facultad asumió como por la cantidad de publicaciones que con diversos formatos se editaron.

En la década del '80 fue secretario académico de la Universidad Nacional del Litoral. Allí desarrolló su quehacer en el marco de un merecido reconocimiento.

Como profesor de Pedagogía, dejó infinitos recuerdos en sus alumnos. Fue profesor en el Nivel Medio y en el Nivel Superior Universitario y no Universitario. Fue formador de formadores de muchas generaciones. En las aulas siempre bregó por principios democráticos y apostó a las potencialidades del ser humano. Sus principios de formación no fueron compatibles con el autoritarismo y la mediocridad, y esto devino en renuncias, cesantías o desplazamientos.

La muerte del maestro nos conmociona. No obstante pareciera que no se lo ha despedido con el reconocimiento que él se merecía. Quizá porque "los tiempos corren", y con ellos nuestros valores. Quizá porque no podemos despedirnos de alguien que ha dejado huellas tan profundas en nuestras vidas e instituciones Quizá porque los "grandes" siguen presentes aun después de su partida.

Victoria Baraldi

DNI: 12.991.877. Ciudad.