| |
Gerardo Sofovich y Jorge Rial rompieron la tregua y son nuevamente enemigos. Es una contienda de relieves bíblicos, si se la compara con el caso de la valija de mezquinos 800 mil dólares que también disputa la atención pública, con personajes grotescos que parecen creados por Tarantino, como el maletero Antonini Wilson y un Alberto Fernández igual a Steve Buscemi en "Perros de la calle". Si el episodio de la valija salió de una película de matones baratos de Tarantino, la colisión de Rial y Sofovich merece un Coppola y su tratamiento operístico del crimen organizado. Uno y otro tienen la clase y el vacío moral de los grandes.
En un enfrentamiento anterior, Sofovich se había pasado al 9 y criticaba a América. Rial le reprochó su falta de reconocimiento al canal que le abrió puertas para su resurgimiento, es decir que estaba acusando a Sofovich de desagradecido, un cargo lo suficientemente grave en algunos ambientes como para que el desleal acabe en el fondo de una dársena con los pies encadenados a varios kilos de cemento.
Las alianzas de Rial responden a su lealtad hacia una sola persona, él mismo, y nunca es fácil determinar para qué equipo juega. El propio Rial sintetizó su catecismo: "Nunca terminás de saber si estoy de tu lado", dijo una vez.
Naturalmente, resulta imposible que no haya roces entre semejantes colosos. Ahora el pacto de no agresión fue quebrado por un episodio en apariencia insignificante, ya que apenas se trata de una mujer, que no es un motivo de riña que interese a los poderosos.
En este caso, la mujer es apenas la pieza de un tablero, un peón intercambiable llamado se llama Mónica Farro, una vedette uruguaya que participa en el espectáculo de Sofovich. La encontraron en Internet, un lugar cada vez más promiscuo, donde crece la población de chicas en situaciones comprometidas. En esa suerte de hotel alojamiento virtual, la uruguaya aparece en un video hot junto a dos hombres.
"Mónica, no hagas ahora promoción con ese video porno armado donde todos miran la cámara", disparó Rial en su trinchera de la tarde. "Si no les va bien, vayan a estudiar teatro, pero no hagas una promoción berreta con dos tipos que te la están dando por todos lados", continuó, refiriéndose a "No somos santas", la revista que Sofovich presentó en Mar del Plata y en la cual actúa la vedette. "Me extraña de una mujer de familia. Si no estudian teatro, regalen entradas u obliguen a la gente a entrar a punta de pistola". Fue brutal, aunque el cañonazo estaba dirigido a Sofovich. La uruguaya solamente cruzaba la calle en ese momento.
A la mañana siguiente llegó la réplica angustiada de una mujer cuyo marido vive una situación de stress a causa del video. "Yo soy una esposa de familia y eso no lo vas a poner en duda ni vos ni nadie, mucho menos comparándome con una mujer que sale con un tipo casado y con hijos y que destruye familias, así seas vos tal persona a mí no me importa".
Mónica Farro acababa de introducir en el conflicto a una enemiga personal, Claudia Fernández, como suele ocurrir en los choques de gigantes: la chusma aprovecha y hace sus propios ajustes de cuentas. A propósito del supuesto fracaso del espectáculo, agregó: "No necesito levantar ningún Titanic hundido con ninguna promoción, porque ese es un trabajo que yo hice hace tiempo para Playboy y si algún pelotudo lo levantó no es culpa mía. Y muy berreta me parecés vos. Si tu problema es con Gerardo Sofovich, yo no tengo nada que ver".
En la violenta escalada, Nazarena Vélez -encabeza la obra- se solidarizó con su empleador, en tanto, lógicamente, apareció Sofovich para decir que Rial es "una persona resentida, celosa y amargada". Y reveló un gravísimo episodio que sería la causa de tanta agresividad en su ex amigo, quien, al parecer, "tiene mucho odio", fueron sus palabras, porque en la tapa anual que la revista Gente dedica a los famosos, Rial habría sido mal ubicado.
Jorge Rial sabe que representa la savia nueva ante el ocaso inevitable de Sofovich, un alto jefe de la tele durante décadas. Lo mismo sintió Salvatore Maranzano en 1931 cuando, convencido por Lucky Luciano, entendió que se había pasado el tiempo de Giuseppe Masseria, a quien mataron en un restaurante de Coney Island. Había sido invitado a almorzar por Lucky Luciano, que justo se había levantado de la mesa para ir a los sanitarios.
ROBERTO MAURER