Solidaridad a bordo

El problema con las tarjetas de colectivo se ha extendido más de lo previsto, o al menos, más de lo anunciado inicialmente por los responsables de la empresa expendedora.

No es ninguna novedad: la escasez de los cartones ha puesto de manifiesto la falta de monedas en la calle. Para quienes debemos utilizar a diario el servicio público de transporte urbano de pasajeros esto constituye un verdadero incordio diario.

7.15 de mañana.Todavía la sensación térmica no traspasó los 30 grados, pero los ánimos ya están caldeados: una joven está parada en la esquina con la mirada perdida. Busca y rebusca en su bolso, pero su expresión demuestra frustración. Mira a ambos lados de la calle, pero no busca un taxi: espera a algún transeúnte, a quien detendrá y le pedirá cambio: "Señor, no tendría dos monedas de un peso. Tengo que viajar en colectivo y no consigo nada". La escena se repite una y otra vez. Final feliz: se sube al colectivo y parte. Cualquier hora del día en cualquier línea de ómnibus. La señora sube y le faltan 10 centavos. Aprieta el botón rojo que cancela el cobro del pasaje, y las inserta nuevamente, augurando que el faltante sea producto de un error de la máquina y no de cálculo personal. Las 12 moneditas de 10 le confirman que ella se equivocó. Entonces -abatida- le dice al chofer: "Cancelá todo, porque me faltan 10". Una señora que estaba a dos asientos, se paró y le ofreció generosamente el preciado y mínimo metal.Unas cuadras después, sube un hombre con su hijo adolescente. Y pasó algo similar, pero con 25 centavos. Otra persona se comportó de la misma manera que la anterior mujer: se levantó y le ofreció lo que necesitaba para completar el pago de los $2.60.Los usuarios de colectivos hemos descubierto que existen nuevas actitudes de generosidad, y que las mismas no son excepcionales: se repiten a diario, a cualquier hora del día, en cualquier punto de la ciudad.