La inyección intracitoplasmática es una nueva técnica que se realiza con un microscopio con ópticas especiales y permite visualizar al espermatozoide unas 6.000 veces más grande y así poder seleccionar los que tengan mejor forma.
Según conceptos internacionales, la infertilidad es la incapacidad de una pareja para lograr una concepción después de un año de relaciones sexuales sin protección anticonceptiva. Su incidencia va en aumento con cifras que varían entre el 15% y el 20% y las estadísticas muestran que la distribución de las causas de infertilidad son de origen: masculino: 25%; femenino: trastornos ováricos 20-30%, trastornos de las trompas 15-20%, trastornos del cuello del útero 5-10%, y otras causas 5-10%.
Se estima que las causas de origen masculino se producen por una deficiente producción de espermatozoides o porque éstos son de mala calidad. A medida que el factor masculino reviste mayor gravedad, se pasa de indicar una inseminación artificial (en donde se separan aquellos espermatozoides con mayor movilidad y se colocan mediante el uso de un catéter dentro del útero de la mujer) a técnicas más complejas como la FIV (Fertilización In Vitro) y el Icsi (Inyección intracitoplasmática de espermatozoides).
El Icsi -procedimiento que consiste en la inyección de un espermatozoide dentro del óvulo utilizando una aguja de vidrio- es la técnica que se utiliza en la actualidad y permite visualizar a los espermatozoides en un microscopio que aumenta su tamaño unas 400 veces. Hoy, con la nueva técnica Imsi, se aumenta unas 6.000 veces el tamaño del espermatozoide, pudiendo visualizar con más detalle los defectos de la cola, la implantación de la misma, el cuello y la forma de la cabeza. Esta nueva técnica permite diferenciar los espermatozoides buenos de aquellos que parecen buenos pero no lo son y así poder introducirlos dentro del óvulo.
"Con esta nueva técnica podemos seleccionar los espermatozoides con mejor morfología sin el uso de ninguna tinción y a tiempo real y así poder usarlos para realizar tratamientos de reproducción asistida de alta complejidad. Estamos orgullosos de poder ofrecer esta nueva técnica a todos nuestros pacientes", señaló Sergio Papier, director médico del Centro de Estudios en Ginecología y Reproducción (Cegyr), de Buenos Aires.
Cabe recordar que este centro fue creado en septiembre de 1983 con el objetivo principal de promover la excelencia en Medicina Reproductiva. Desde entonces desarrolla una intensa actividad médico-asistencial dedicada especialmente a los problemas de ginecología, obstetricia, andrología, urología y cirugía con especial énfasis en reproducción humana, con reconocido liderazgo y siendo referente de los principales Centros de Reproducción Asistida del país y de toda Latinoamérica.
Desde noviembre de 2002 cuenta además con la Certificación ISO 9001/2000 otorgada por el Bureau Veritas Quality International, tras comprobarse el riguroso cumplimiento de los estándares de calidad en el servicio que brinda la institución, bajo las más estrictas normas de bioseguridad.
En otro orden, cabe mencionar que recientemente se dio a conocer una técnica para las mujeres que postergan su fertilidad debido a una enfermedad. Se trata de la vitrificación para congelar los óvulos: es un método de congelamiento rápido que, a diferencia de la alternativa de congelamiento en forma lenta, evita el daño celular y disminuye el riesgo de muerte del óvulo.
Está indicado para mujeres que padecen ciertas enfermedades como cáncer de ovario u otras que impliquen tratamientos con rayos o quimioterapia, motivo por el cual se ven obligadas a postergar su fertilidad. También es útil para otras muchas mujeres que -por ejemplo- no desean congelar embriones en un procedimiento de reproducción asistida.
En la historia de la criobiología existen dos métodos que han sido desarrollados para criopreservar gametas y embriones: el congelamiento lento y el congelamiento rápido denominado "vitrificación". El factor limitante para utilizar cualquiera de estos dos métodos es el posible daño celular que pueda ocurrir durante estos procesos.
"El primer método puede resultar en un daño celular debido a la producción de cristales intra y extracelulares; estos cristales son de hielo y se forman a partir del agua de la célula. Y en los óvulos, se ha probado que ésta es la mayor fuente de fractura y daño a la zona pellucida (cubierta exterior del óvulo) y al citoplasma del óvulo, daño que ocurre a temperaturas entre -50 y -150°", explicó la licenciada Fernanda de Raffo, bióloga y directora de Fertilab.
La vitrificación es considerada la alternativa más segura para los óvulos, ya que evita la formación de cristales de hielo al interior de la célula lo que disminuye el daño y evita la muerte del óvulo. "En la vitrificación, luego de incubar por un corto período de tiempo a los óvulos o embriones en crioprotector, rápidamente se sumergen en nitrógeno líquido a -196°. Se produce así una solidificación del citoplasma del tipo vítreo que evita el daño celular", detalló la especialista.