Hace unos treinta años, el barril de petróleo apenas superaba los diez dólares. En la actualidad está en cien dólares y si le vamos a creer a Chávez, es muy posible que siga aumentando. La incorporación al mercado de consumo de China y la India está alterando drásticamente el volumen del uso energético mundial y cualquier solución que se intente elaborar deberá tener en cuenta estos datos concluyentes.
Si el petróleo se está transformando en un recurso escaso, es lógico que las sociedades busquen soluciones alternativas. El metanol parece ser una de ellas, pero su desarrollo está lejos de ser satisfactorio. Por otra parte, la extensión de esta experiencia alteraría la actividad de los países productores de materias primas como el maíz y el trigo, lo cual provocaría una serie de transformaciones positivas y negativas en las estructuras productivas tradicionales y, muy en particular, en la relacionada con la provisión de alimentos.
La otra variable de análisis a tener en cuenta está relacionada con el cultivo de la soja y la creciente demanda de este producto por parte de las economías emergentes. En algún momento se creyó que la síntesis que expresaba estas contradicciones en los planos de la producción y el comercio era la consigna "petróleo o alimentos".
Esa contradicción derivó en diversas estrategias de desarrollo y en fuertes planteos ideológicos que recién en el siglo XXI se están apreciando en su real dimensión. Se sabe que tanto las naciones desarrolladas como las emergentes necesitan de recursos energéticos, mientras que amplias franjas del mundo reclaman alimentos para poder sobrevivir.
Hoy, esta contradicción es sólo aparente, la espuma que flota en la superficie. En un mundo globalizado, contradictorio y, en más de un aspecto, caótico y peligroso, las estrategias nacionales de desarrollo deben tratar de compatibilizar las exigencias de fuentes energéticas con la producción de alimentos.
En el caso de la Argentina, las asignaturas pendientes son visibles. La crisis energética es estructural y no se resuelve negando las leyes de la economía o arengando a la población para que consuma menos. Tampoco es inteligente la política de sabotear las actividades exportadoras, ya que cualquier alternativa de desarrollo está asociada con el mercado mundial.
La economía mundial, en la era de la globalización, se caracteriza por su dinamismo y sus paradojas. El desarrollo de China e India encarece los recursos energéticos, pero abre excelentes perspectivas para la venta de alimentos a un mercado que se amplía cada vez más. Justamente, el rasgo distintivo del capitalismo es esta capacidad formidable para destruir y crear riquezas. Corresponde a los estados nacionales y a la sabiduría y prudencia de su clase dirigente transformar estas paradojas en oportunidades.
Tal como se desarrollan los acontecimientos en la Argentina, hay que señalar que no se están aprovechando a fondo las favorables condiciones que ofrece la expansión del comercio internacional. En tal sentido, no se puede obviar el cultivo de una retórica que huele a viejo y conductas reveladoras de una crónica adolescencia.