textos de Mariana Rivera
Si uno lo cruzara por la calle pensaría que es el estereotipo de turista extranjero que llegó a Santa Fe para pasar unas vacaciones en estas calurosas tierras. Sin embargo, René Hoffmann, oriundo de Suiza, no está descansando.
Ya adaptado a las temperaturas de la ciudad, nos recibió para la entrevista con una camisa suelta, bermudas y cholas. En su mano, un anillo tipo sello con las iniciales JR. No eran las de su nombre sino las de su grupo de música: Repris de Justesse, conocido como "r2j".
René es el creador de este grupo que ofrece su música gratuitamente en cárceles y orfanatos de distintos lugares del mundo. Llegaron a Santa Fe invitados por el padre Gabriel Carrón, director de la Pastoral Penitenciaria e Infancia en Riesgo de Santa Fe.
Junto a otros jóvenes músicos que apuestan a esta noble causa, René Hoffmann destinó sus vacaciones anuales -como desde hace 25 años- para traer su mensaje musical a estas latitudes. Un mensaje que promueve dejar de ser indiferentes frente a problemáticas como la existencia y el sufrimiento del hombre, tal como se escucha en la letra de una de sus canciones.
Durante su estadía en nuestra zona, el grupo se presentó en las cárceles de Mujeres (U 4), Las Flores y en la Unidad 1 de Coronda, pero también llevó su música a dos escuelas de barrios carenciados de la ciudad, como San Agustín y Yapeyú. La recorrida también incluyó una presentación en la cárcel de Paraná y en la peatonal San Martín de nuestra ciudad.
"íMirá!, los Rolling Stones", gritó asombrado un alumno de la Escuela Ceferino Namuncurá, de Yapeyú, mientras arrastraba la silla de su banco por la tierra seca del patio de la escuela. Tenía que ubicarse junto a sus compañeros a la sombra de unas frondosas tipas, adonde se había improvisado el escenario, para poder tener una buena perspectiva de aquel grupo que había llegado a tocar música. Quedó maravillado por tanto despliegue de guitarras, baterías, parlantes y micrófonos, que quizás antes sólo vio en la tele.
"Nos gusta verles los dientes y sus sonrisas", aseguró René al final de una de las primeras canciones, luego de presentar al grupo en francés (traductora mediante). A los costados, maestras, porteras y directoras disfrutaban del espectáculo y batían palmas al ritmo del rock and roll o de algún blues.
"Es la primera vez que hacemos un viaje a América del Sur -contó René a Nosotros. Tenemos experiencia en lo que hacemos, ya que cantamos hace más de 25 años, pero sin embargo, las reacciones de la gente son cada vez diferentes. En el momento en que uno toma contacto con la gente de la cárcel, ya sea guardia o preso, los sentimientos vienen de una vez, sin barreras, automáticamente. La música es un regalo para ellos".
La idea de llevar este espectáculo a las cárceles surgió de la historia personal de René, quien estuvo a punto de ir preso por "malas compañías". La vida le demostró que puede haber un cambio y por eso apostó por hacer su aporte en contra de la discriminación. "Tuve un grupo de amigos y casi fui a la cárcel como ellos, porque no estaban haciendo cosas tan buenas. Aunque yo nunca estuve en las drogas. Luego, conocí a mi esposa y ya tengo hijos y nietos. Sin embargo, no quise olvidar a la cárcel, el lugar adonde hubiera podido ir", cuenta.
El padre Gabriel Carrón quiso contarnos quiénes son los integrantes de Repris de Justesse para tener una idea de cuánta pasión y compromiso los mueve. "Ellos quieren que todos sepamos quiénes son, para que no piensen que les pagan para venir -aclara-. Ellos todos trabajan y juntan plata para viajar. René es bombero en el aeropuerto de Ginebra desde hace 33 años, y a partir de un problema de salud en su columna siguió trabajando, pero hace de `espantapájaros', es decir, ahuyenta a los pájaros para que no se interpongan en el camino de los aviones y ocurran accidentes. En menos de un año ya se va a jubilar: tiene 60".
"Hacen conciertos en Suiza durante todo el año para pagar los viajes, de modo que moverse no implique un gasto extra para ninguno del grupo -continuó Carrón-. Ahora están en época de vacaciones y las destinan a hacer este tipo de viajes. En esta oportunidad, viajaron para quedarse una semana en Buenos Aires, una en Santa Fe y otra en una ciudad de Misiones. Querían ir a una comunidad aborigen de esa provincia, para compartir tiempo con ellos, pero aparentemente no se pudo dar por resistencia de los caciques".
"Este grupo actuó en Camboya cuatro veces, tocando para chicos de la calle, portadores de sida y personas pobres, y también en Albania, en los barrios donde se trafican niños. Siempre van a lugares en donde una organización los cubra, porque sería peligroso ir sin conocer a alguien. En este caso, están relacionados con la Pastoral Penitenciaria e Infancia en Riesgo", aclaró el padre Gabriel Carrón.
El viaje a Santa Fe coincidió con el cumpleaños número 26 de Sven, el hijo de René, ebanista, quien será su sucesor en esta actividad voluntaria, según adelantó con orgullo. "Antes hice música, cuando era muy joven, pero en la cárcel sólo desde hace 25 años. Mi hijo tenía un año cuando empecé a tocar allí y mañana cumple 26 -contó René-. Mi corazón late muy fuerte porque es la primera vez que él me acompaña a un viaje y quiero que la fundación continúe con él", enfatizó.
Respecto a la experiencia de tocar para los niños en la escuela, el músico rescata las miradas infantiles, "que me tocan muy fuerte. Y especialmente en la última canción que tocamos en cada presentación, que se llama `Indiferencia', y está escrita por nosotros. Allí decimos que no soportamos la indiferencia frente a la miseria, la falta de respeto, de amor, de consideración. Los presos nos piden las letras para pegar en las celdas".
"En las cárceles de mujeres, por ejemplo, la experiencia nos marca mucho, porque ellas están con sus niños, y yo también tengo hijos y nietos. Por eso, verlas ahí es una experiencia muy fuerte, de allí que la relación afectiva sea también mucho más fuerte. Ellas sienten más comunión con nuestro grupo. Aunque los hombres de las cárceles, al final del concierto, también se acercan y nos demuestran su agradecimiento".
El grupo que lidera René Hoffmann está integrado de la siguiente manera: Nicola, de 38 años, guitarrista, trabaja en el aeropuerto de Ginebra y en una asociación para los chicos víctimas de la guerra; Joane, de 21 años, es la nuera de René y la intérprete del grupo; Jeremy es pianista, tiene 32 años, 4 hijos y trabaja en informática; Cyril, de 37 años, es el bajista y es profesor de música; Sandrine, de 36 años, es la esposa de Cyril y la corista del grupo, además de trabajar como maestra jardinera; Shirley es la cantante y tiene 41 años, también trabaja en el aeropuerto; Xavier, de 39 años, es el baterista, y trabaja en informática; Sven, el hijo de René, hace rap; Katharine es la esposa de René, de 56 años, es enfermera y cofundadora de la fundación; y Christian, sonidista, de 40 años, trabaja como ingeniero en sonido.
El grupo tiene previsto continuar realizando esta actividad altruista en distintos lugares del mundo, "de manera de poder llegar a más gente", es el deseo de René.
"También pretendemos tomar jóvenes con dificultades en Suiza, que estén bajo el cuidado de los jueces, para que nos acompañen a armar y desarmar sus equipos en los viajes. Queremos, a partir de esa convivencia, ser sus educadores. Esta experiencia sería un buen aprendizaje para esos chicos, porque viajan con nosotros y aprenden, se les inculcan valores. Formarían parte de la familia del grupo musical", proyectó René. Para concretar esta idea tienen la esperanza de que el gobierno suizo los ayude a seguir trabajando.
Antes de partir con un colectivo para la Cárcel de Las Flores, adonde iban a entregar su música, René Hoffmann cerró la entrevista: "cuando volvemos a Suiza estamos cansados por todo lo que hicimos, pero llegamos con la impresión de haber recibido más de lo que hemos dado. Por eso estamos seguros de que vamos a seguir adelante con Repris de Justesse".
"Indiferencia" es el título de la canción con la que Repris de Justesse se despide en cada una de sus presentaciones en todo el mundo. Para cada ocasión, en el idioma del lugar donde ofrecen sus conciertos voluntarios, la letra -escrita por el grupo suizo- moviliza a los destinatarios:
Indiferencia frente a la existencia
En la vida quisiera soñar, viajar, irme, evadirme
fuera del espacio y del tiempo.
Huir de esta rutina que dura desde demasiado tiempo.
Pero no puedo irme de aquí.
Estoy encerrado y no se ve.
Por todas partes hombres me obstruyen el camino.
Tengo que luchar por mi futuro
pero ellos también están presos
a la búsqueda de la libertad.
Indiferencia frente a la existencia
Indiferencia ante el sufrimiento
No tienes vida, no tienes historia
Y te escondes en el oscuro
En la sombra de tus murallas
Para evitar todas las batallas
Estas barreras que levantaste
Para evitar la sociedad.
Pensabas que iban a protegerte
de todos los golpes que te hirieron
Todos estos cercados, estas empalizadas
Estas alambradas y estas balaustradas
Estos obstáculos que te impiden comunicar.
Mira, ya ni siquiera sabes quién eres
Indiferencia frente a la existencia
Indiferencia ante el sufrimiento
Quisiera tanto que se dejara su oportunidad
A estas palabras que dan un sentido:
Encontrar, compartir, amar, esperar.