+ por revista Nosotros
El estrés laboral, los malos hábitos dietéticos y el sedentarismo favorecido por la tecnificación del trabajo, forman una combinación explosiva para el aparato digestivo y el peso corporal. El resultado son las malas digestiones, la aparición de la obesidad y un peor rendimiento en el trabajo.
Estas son algunas de las propuestas de los especialistas para cuidar la nutrición, la digestión y la salud, y ahorrarse el consumo de medicamentos antiácidos, laxantes o pastillas para adelgazar, además de las visitas innecesarias a la farmacia o al médico.
Para ello se recomienda elegir el restaurante más saludable. Es preferible un lugar que ofrezca una variedad de platos que pueden ser aptos para su plan de alimentación, así como los establecimientos que dispongan en su menú de alternativas bajas en grasa. Siempre es aconsejable revisar el menú antes de entrar o sentarse a la mesa.
Para que la dieta sea equilibrada no tiene que serlo todas y cada una de las comidas, si no las realizadas a lo largo del día. "Los excesos calóricos en las comidas del trabajo pueden compensarse en el hogar, pero para ello hace falta consultar a un médico para conocer bien qué alimentos se necesitan y cuáles se han ingerido", según el doctor Gregorio Mariscal Bueno, experto en dietética y nutrición.
Para poder proseguir con normalidad con la jornada laboral después de la comida, hay que optar por alimentos que favorezcan la digestión y eviten la "pesadez estomacal". Para ello, hay que reducir el consumo de grasas y aumentar la ingestión de frutas y verduras, así como productos lácteos.
Además, es muy diferente el consumo de energía que efectúa el organismo de una persona que realiza tareas físicas intensas, como un obrero de la construcción, una persona dedicada a la limpieza o un trabajador agropecuario, que el de alguien que trabaja sentado durante muchas horas en una oficina o conduciendo un vehículo.
Por eso, conviene acudir al médico endocrinólogo o nutricionista, para que calcule el tipo de alimentación que aporta la cantidad de calorías adecuadas a nuestra actividad, porque si son excesivas se tiende a engordar y si son deficientes se produce la fatiga.
Un menú ideal puede consistir en pasta, una ensalada, un tomate o verdura, como primer plato, seguido de un pescado "blanco" o una carne con poca grasa cocinada a la plancha, además de una pieza de fruta, un yogur o una porción de queso fresco, como postre, según el médico experto en alimentación y trabajo, Juan Goiría.
A media mañana, como tentempié, es preferible tomar unos frutos secos o una fruta y un jugo natural, en lugar de otro tipo de comida "rápida", industrial o "de máquina expendedora", acompañados de un refresco.
Aunque el café y el alcohol con moderación puedan formar parte de la alimentación cotidiana, no es aconsejable tomarlas durante la jornada laboral. La cafeína es un poderoso estimulante que favorece el estrés y el nerviosismo, y por tanto la desconcentración, mientras que las bebidas alcohólicas reducen la capacidad de reacción y aumentan la somnolencia.