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Según el diccionario de la Real Academia Española, "bochorno" significa "aire caliente y molesto que se levanta en el estío" y "calor sofocante". Esa acepción, desde el punto de vista meteorológico, encaja perfectamente con lo ocurrido en la Ciudad de Buenos Aires, el Conurbano y distintas zonas del país en la última semana.
Bochorno también simboliza "encendimiento y alteración del rostro por haber recibido alguna ofensa". Y eso es precisamente lo que sintieron cientos de miles de argentinos que vieron cómo en lo peor del calor, con 42 grados, se quedaban sin luz y agua y los servicios de atención al cliente de las empresas distribuidoras no daban respuestas satisfactorias a sus demandas. Muchos volvieron a protagonizar cortes de calles, con cacerolas incluidas.
Ocurre que el calor sofocante produjo un fuerte consumo de energía y esto derivó en masivos cortes en el servicio eléctrico. Algunos expertos en energía comenzaron a sospechar de la existencia de un "plan de cortes programados encubiertos" con el fin de que no se llegue a consumir más energía de la que se produce y ocasione un colapso en el sistema que afecte a toda la población. El tema se convirtió en la prioridad número uno para el gobierno nacional. La presidenta Cristina Fernández regresó de sus vacaciones en El Calafate y debió enfrentar el tema con todas sus energías. Incluso tuvo que reconocer públicamente la existencia de una crisis energética que afecta al país.
Para el gobierno, el problema se suscita debido a una "crisis de crecimiento" según la cual como ahora los argentinos tienen un mejor nivel de vida pueden acceder a más "comodidades" que antes y entonces se consume más energía. "Somos víctimas de nuestro propio éxito", llegó a sentenciar un ministro. Además, la propia presidenta argumentó que el problema no fue de generación de electricidad, sino de distribución.
Según dijo, en el peor momento de la crisis, el martes a la noche, se produjeron 19.200 megavatios y se consumieron 17.885 y lo que falló fueron las líneas de distribución que se encontraron saturadas. Incluso si ésa fuera la razón, lo cierto es que se está al límite. �Qué ocurrirá cuando los argentinos, aprovechando la bonanza económica, compren más acondicionadores de aire y traspasen ese umbral?
La cuestión de fondo es, y seguirá siendo, qué obras de infraestructura se realizan o realizarán para aumentar la producción de electricidad. Pero no fue de inversiones de lo que se escuchó hablar esta semana a los funcionarios del gobierno. Fue del plan para ahorrar energía y cambiar lamparitas o de la tarea de pseudo inteligencia que deberán realizar los porteros porteños para saber dónde se consume más. Esta iniciativa, que causó más rechazos que aprobaciones, fue idea del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, que luego de su polémica participación para "dominar" el índice inflacionario (en 2007 fue de 8,5 por ciento, menos que en 2006...), extendió su influencia al área energética. No debe sentirse muy cómodo el secretario del área, Daniel Cameron. En el gobierno, aún hoy, creen que el trabajo que se hizo en el Indec para maquillar los números de la inflación fue un éxito y que realmente los precios aumentaron menos de dos dígitos. �Creerán acaso que se podrá hacer lo mismo para esconder los cortes que sufren cientos de miles de ciudadanos?
Es una costumbre ya, que cuando surge un problema grave se ataquen las consecuencias y no las causas. En el caso energético, sin dudas, la cuestión de fondo es la falta de inversiones para aumentar la producción, más allá de que sea cierto que se consume más. No debería ser consumir menos, sino producir más el objetivo final. Lo contrario es tapar el sol con las manos o limitarse a administrar la crisis.
Otro ámbito en el que se sufrieron las consecuencias de la "crisis de crecimiento" fue el vinculado al desabastecimiento y aumento en los combustibles. Ya se estaba convirtiendo en un problema grave la escasez en las estaciones de servicio y el precio de las naftas en muchos lugares del país superaba los 3 pesos por litro. Y esto era reflejado en los medios de comunicación.
Y nuevamente apareció Moreno. Esta vez anunció la prohibición de exportar combustibles líquidos y la obligación de retrotraer los precios al 31 de octubre, para obligar a las empresas a abastecer el mercado interno. Recién el viernes se llegó a un acuerdo con las empresas del sector para que se produzca una merma en los valores y que los surtidores estén llenos.
En este caso, la medida parece que fue efectiva, pero habrá que ver hasta cuándo se mantendrán los precios con los mercados internacionales del petróleo en constante suba. En la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri debió librar sus propias batallas y para ello tuvo como aliada a la fuerza que comanda Elisa Carrió.
El ex presidente de Boca logró, de la mano de los diputados de la Coalición Cívica, imponer su proyecto de intervención y desregulación en la obra social de los municipales, con la oposición de los kirchneristas. El sindicato que comanda Amadeo Genta pasó de la confrontación directa, con el apoyo de Hugo Moyano, a las negociaciones y a ver cómo después de muchos años puede llegar a perder esa caja multimillonaria.
Macri consiguió que no se dé marcha atrás con los despidos de 2.300 contratados, logró que se levante el paro de tres días y ratificó la intervención de la obra social pese a un fallo judicial en su contra. Pero sabe que tiene por delante cuatro años y que los oponentes que enfrenta no se rendirán fácilmente. También debe suponer que la alianza circunstancial con la fuerza de Carrió no durará para siempre.
Ernesto Behrensen (DyN)