Cuando se sale a la calle se ven muchos rostros: de la marginación, de la deserción escolar, de la pobreza digna e indigna, de la riqueza, del extremo bienestar, de la opulencia, de lo que está bien, de lo que está mal. Por esta observación es que habitualmente se habla de las diferentes Santa Fe, de las múltiples ciudades que conviven en una.
Pero realizar estos cortes resulta tan brutal como elemental. Así algunos podrían definir que la ciudad tiene un Este rico, un Centro de clase media, un Norte pobre y demandante, un Sur administrativo y un Oeste que es un enorme cordón de pobreza y marginación. Una serie de etiquetas que, en realidad, provocan un daño enorme y desfiguran la realidad.
La ciudad de Santa Fe es una. Una sola. Eso es lo que se debe rescatar. En la medida que se siga sosteniendo como un hecho que la ciudad está compuesta por pedazos y no la entendamos como una sola, estaremos encerrándonos en un camino sin salida.
�Qué quiere decir que Santa Fe sea una? Que se trabaje en los diversos ámbitos para que, por ejemplo, los servicios sean habituales para todos y no milagrosos para gran parte de la población. En la medida en que nos demos cuenta de que todos conformamos una sola ciudad y de que trabajemos de manera coordinada para que haya salud, seguridad, educación, vivienda, para todos: en realidad estaremos construyendo una base social más fuerte.
Si, por el contrario, entendemos que algunos problemas son de los otros, como "Yo no me inundé", "acá no tenemos problemas de seguridad", "en nuestro barrio no hay calles de tierra", si se mantiene un discurso fraccionado, entendiendo la ciudad como pedazos, no habrá construcción posible.
Tenemos que recuperar el orgullo de ser santafesino. Pero no desde el simple eslogan, sino que hay que partir de las convicciones interiores más profundas para avanzar hacia una realidad social solidaria, de respeto y con objetivos comunes.