Pablo Adreani - Analista del Mercado de Granos
El mundo se vio esta semana convulsionado por el efecto que puede traer a toda la economía mundial la continuidad de la crisis inmobiliaria de los Estados Unidos. Desde que comenzó a insinuarse la crisis, cuatro meses atrás, las commodities se habían mantenido al margen de las bajas bursátiles. El anuncio del presidente Bush del viernes pasado, de inyectar al sistema vía reducción de impuestos un excedente de dinero de 145 mil millones de dólares, no logró calmar el ánimo de los inversores del resto del mundo.
El impacto sobre las bolsas generó una corriente bajista de todas las acciones y para calmar aún más los ánimos la Reserva Federal anunció la mayor baja en la tasa de interés de los últimos 25 años: 0,75 por ciento. El recorte no fue suficiente para calmar a los mercados que reaccionaron en baja como Londres, China, Malasia, Tokio, Brasil y Argentina.
Ahora la crisis comenzó a impactar en el precio de las commodities y causó fuertes bajas en trigo, maíz, soja y todo el complejo oleaginoso. Hasta el girasol CIF Rotterdam acusó el efecto de la crisis con una baja de 100 dólares por tonelada: cerró a 1.750 dólares, contra 1.850 en la pre crisis.
La pregunta es: �con la crisis inmobiliaria de los Estados Unidos devenida en crisis financiera global, los chinos van a comer menos soja?, �India va a importar menos aceite, porque bajará su consumo?, �los africanos consumirán menos harina de maíz o de trigo?
La historia nos muestra que muchas veces en mercados tan alcistas como los que hemos tenido este año para las commodities, los operadores esperan una excusa para provocar fuertes cambios de tendencia y toma de ganancias, en este caso de los fondos que tenían sus posiciones invertidas.
Dicho de otra forma, la baja convenía a un grupo con grandes fondos con posiciones vendidas y tomaron ganancias. Sin el ánimo de minimizar la actual crisis financiera en Estados Unidos, debido a que todavía no sabemos si la misma puede empeorar, en lo estructural el balance de oferta y demanda mundial de los principales granos no ha cambiado.
Sigue siendo el mismo balance ajustado de un mes atrás; caída de los stocks mundiales de trigo -por tercer año consecutivo-; merma en la producción de soja de Sudamérica, que no podrá compensar la fuerte caída de la producción de soja estadounidense; y efecto de la sequía en la producción de maíz de Argentina, como segundo exportador mundial.
Todo eso no ha cambiado, con el agregado que la demanda global sigue siendo firme por parte de los principales países como China, India, África y Asia Pacífico. Podemos pensar que un agravamiento de la crisis en Estados Unidos pueda provocar cierta recesión y a partir de ella podrían caer las importaciones de dicho país desde China, India y África.
Pero �esta caída en el comercio tendrá efecto directo sobre el consumo de alimentos de estos países? Esta es la gran pregunta que todo el mundo se hace; pues no hay antecedentes de la situación que se está viviendo hoy, cuando la demanda de alimentos supera ampliamente a la oferta global.
Esto produce consecuentes caídas en las existencias finales mundiales. A ello hay que agregar la demanda adicional por biocombustibles, tanto biodiésel a partir de aceite de soja y palma, como de etanol a partir de maíz y caña de azúcar.
En lo coyuntural vemos que los mercados tienen hoy más chances de suba que de baja, en el caso del trigo el partido es fundamentalmente local. Los productores se resisten a vender a estos niveles y en algún momento la escasa oferta tendrá un impacto alcista sobre los precios.
En el caso del maíz y la soja, está muy influenciado por el factor sequía sobre buena parte de la Pampa Húmeda y otras zonas productoras del país. Si pensamos en una recuperación paulatina en Chicago, de las caídas técnicas sufridas en estos últimos días por el efecto psicosis y si la crisis americana no se agrava, estamos viendo un escenario de fuerte recuperación en los precios de las materias primas agrícolas para el corto a mediano plazo.