DESTINOS
La cruz, la luna y la estrella
Moros, cristianos y judíos. Un viaje que abarca España, Portugal y Marruecos y nos enseña a contemplar y entender culturas amalgamadas. Se inicia en el 711 cuando los moros desembarcaron en Al Andaluz: 1300 años de encuentros y desencuentros, de fusiones y divisiones. Cristianos, musulmanes y judíos, la cruz, la luna y la estrella, encarnando una historia impresa sobre las piedras, las ciudades, la música, el canto y la comida. textos de Estrella Boriglio.

La historia está vinculada directamente con el futuro. No es posible imaginarse a Madrid sin la bohemia de la Belle Epoque o los poetas del Siglo de Oro; del mismo modo que tampoco sería posible explicar los últimos 500 años de Occidente sin la influencia de esa ciudad; donde levantar la vista es sorprenderse a cualquier hora.

Es evidente que el devenir de Madrid y su conversión en una gran metrópoli está indisolublemente unido a la institución de la capitalidad, pero -además de sus consecuencias metropolitanas-, el hecho le confiere un carácter distintivo, que la hace diferente al que poseen otras grandes ciudades no capitales. En Madrid, el flamenco, la zarzuela o los toros están presentes, incluso, en sus gestos más vanguardistas. Aquí, hasta salir por la noche es un acto generador de cultura.

Un viaje a la Edad Media

Caminar por Toledo (capital de la España de los reyes Católicos hasta 1560) y Segovia, es como hacer un viaje en el tiempo y aterrizar en la Edad Media, justo en la línea divisoria a la que llegaron los moros, y apreciar una arquitectura medieval impresionante que permanece intacta con sus más de dos mil años de existencia y que nos maravillará por su magnificencia.

Toledo es considerada una ciudad-museo por conservar muestras entremezcladas de la cultura romana (como el circo Romano), musulmana (como los baños árabes), mudéjar (casa del Temple, Iglesia de San Andrés o la Sinagoga de Sta. María la Blanca), gótico (la Catedral); barroco (convento de las Capuchinas), y renacentistas (el Alcázar, el Ayuntamiento, la Casa del Cedillo). Este conjunto monumental le valió el reconocimiento de Patrimonio de la Humanidad.

La huella del tiempo ha dejado patente la esperanza de la convivencia entre culturas, la adaptación y la tolerancia.

Segovia tiene su magnífico acueducto romano, obra que permanece intacta con sus más de dos mil años de existencia y que nos maravilla por su magnificencia. El Alcázar y La Catedral, como el recorrido peatonal, harán de este día una experiencia inolvidable.

Porto, segunda ciudad más importante de Portugal, en la desembocadura del río Duero, con elegantes barrios y villas señoriales dispuestas en cascada de estrechas calles y viejos callejones y techos de tejas, ha sido declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad y será nuestra entrada a la cultura lusitana.

Rumbo a Lisboa

Coimbra, bella ciudad universitaria; Fátima, uno de los centros más importantes de peregrinación de la fe cristiana; y Obidos, población de origen romano y con fuerte impronta medieval, marcarán el camino que -atravesando un paisaje de empinadas escaleras para acceder a murallas que, no sólo dan una idea de la distribución interior de sus callejuelas, sino también de la historia de este territorio ganado a los moros- nos llevará hasta Lisboa, capital de Portugal y sede del otro gran reinado católico e imperio de ultramar.

Muchas ciudades en el mundo tuvieron su origen como factoría o colonia alrededor de un puerto, pero ninguna como Lisboa miró siempre hacia el mar, apropiándose sólo de una estrecha franja de tierra para proteger su retaguardia. Está situada en el estuario del Mar de Palha, espléndida eclosión para un río -el Tajo-, que a su paso por Toledo fluye con mucha discreción.

Lisboa es una ciudad que debe recorrerse a pie, especialmente los barrios altos. Estrechas calles adoquinadas, edificios pintorescos y callejones son el escenario de la vida cotidiana. A veces, el cansancio que provocan sus calles empinadas se puede matizar con los múltiples tranvías, elevadores, funiculares y hasta el metro, pero siempre en distancias relativamente cortas, porque los circuitos preparados para conocerla están organizados teniendo en cuenta a su escarpada geografía.

Como no podía ser de otra manera, Evora, testigo de cada una de las civilizaciones que la habitaron, nos regalará toda su historia, conservada milagrosamente en un patrimonio histórico de primer nivel resguardado por sus milenarias murallas en el corazón de Portugal.

El magnetismo de Sevilla y Córdoba

Después de atravesar la región de Extremadura llegaremos a Sevilla. La gran ciudad andaluza, bañada por las aguas del Guadalquivir, con una rica historia heredada de los tiempos en que moros y cristianos convivieron en estas tierras.

Aquí, como en todo Andalucía se respira un aire particular. Su gente, su arquitectura, su exquisita cocina y lo taurino se mezclan como una melodía flamenca en un tablao.

Cuando inicia la cuaresma en Sevilla, las calles se impregnan de un perfume muy característico: el olor a azahar nos deslumbra con una ciudad que cambia completamente en pocas horas y entra en una dimensión distinta, convirtiéndose en un gigantesco paseo peatonal, poblada por procesiones y estaciones de penitencia. Presenciaremos las procesiones de Semana Santa. Cada viernes santo 13 hermandades compuestas por 24 pasos realizan sus procesiones y estaciones de penitencia durante este día en Sevilla.

Desde la orilla de enfrente, Córdoba es al sol de la mañana un perfil color óxido que no deja imaginar la absoluta blancura de los callejones retorcidos que, al otro lado del puente romano, bajan a la Mezquita. Los arcos del puente anticipan la lección de ritmo repetitivo en el espacio que brindará en su interior.

De este lugar diseñado para prosternarse y orar, que es precisamente el significado del término "mezquita", suele decirse que es un "bosque de columnas" o "troncos de palmeras datileras que evocan el desierto". Y está destinado a convertirse en el monumento islámico más importante de Occidente.

Desde la Reconquista, la Mezquita se convirtió en Catedral, una abigarrada iglesia cristiana repleta de mármoles, jades rojos y caoba indiana que ocupó parte del templo islámico. Está rodeada por un barrio de callejones encalados y estrechos, cuya blancura sería enceguecedora si no fuera por los millares de macetas con flores que recubren los patios y balcones.

Las murallas saben mucho de éxodos y de exilios. De hecho, la que rodea la Alhambra de Granada posee una puerta llamada los Siete Suelos, por la que partió para nunca más volver el Rey Boabdil. Las fortificaciones de Córdoba fueron reducidas por los ejércitos de Fernando III en la conquista andalusí, por el año 1236.

Granada es una de las joyas de España donde todo juega al unísono, hasta la geografía, para hacer que uno se enamore de ella. Como en todo Andalucía, aquí se vive la influencia árabe en la arquitectura mudéjar de los Omeyas.

En la puerta de Africa

Después de respirar tantos siglos de historia atravesaremos la Costa de Sol para cruzar el estrecho de Gibraltar y llegar a la puerta de entrada a África: Tánger, una de las más vibrantes, misteriosas e interesantes ciudades de Marruecos.

La Medina ya no es lo que era, porque parte de las construcciones se han perdido y se han edificado otras de marcado carácter occidental que han roto la uniformidad. Pero, aún así no hay que perderse de conocer el Gran Zoco, donde está la mezquita de Sidi Bou ABid, en el que destaca el recubrimiento de cerámica policromada; y el parque de la Mendoubia, con una higuera india gigante y un drago del que dicen que ha visto pasar ocho centurias.

En el gran zoco se entra en contacto directamente con los vecinos de Tánger, con agricultores que venden sus productos y con puestos de venta de las más diversas especies. El pequeño zoco es una plaza en el corazón de la medina donde se puede tomar un té con hierbabuena o un zumo; y Alcazaba es la parte alta de la medina, desde donde se disfrutan vistas al puerto y la bahía.

En Tánger hay que pasear por sus calles porque es una ciudad en la que abundan los olores, los detalles sorprendentes, las sensaciones, la historia.

Rabat, conocida como "La ciudad de los Jardines", es la capital administrativa de Marruecos. Fresca y tradicional, es una mezcla dinámica de cultura ancestral y moderna. La Torre Hassan, el Palacio Real, el Mausoleo de Mohamed V y la zona de Oudaias Kabash tienen un encanto especial.

Nuestro viaje continuará hacia la magnífica Casablanca, famosa por una de las películas más nombradas en el mundo entero. Ciudad moderna, llena de vida y capital industrial del país.

La ciudad roja

Marrakech, una de las emblemáticas capitales del antiguo imperio marroquí, es la ciudad de las mil y una noches. Un lugar mítico y místico, punto de encuentro para exploradores de sensaciones insólitas y deslumbrantes.

Llamada la "Ciudad Roja" por el color de sus murallas y llena de jardines regados por pozos subterráneos (khettaras), que fueron construidos por los almorávides y nómadas saharianos en el siglo XI.

No hay que dejar de dar un paseo por la plaza Djemaa El Fna, donde se concentra toda la vida y la actividad del sur: bailarines, narradores de cuentos, malabaristas, artesanos, comerciantes y encantadores de serpientes. Otros atractivos deslumbrantes son los Jardines de la Menara, las tumbas Saaditas, Palacio El Bahía, el barrio judío, la torre Katoubia.

Marrakech es camaleónica, al estilo de las grandes metrópolis cosmopolitas, como Nueva York o París. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, es un lugar único para empaparse de cultura musulmana y admirar la belleza de la arquitectura islámica. Hará de nuestro paso por Marruecos, una experiencia única e inolvidable.

Marruecos nos convida con la mixtura africana, musulmana, de marroquíes, beréberes, judíos, fenicios y sefaradíes.

Culminar este viaje en este lugar lo encontramos casi imprescindible para testear los efectos generados en casi 800 años en la fusión de los marroquíes africanos del norte y los desplazamientos de los beréberes desde el desierto; de los mamelucos, fenicios y judíos desde Medio Oriente, y de los omeyas procedentes de los califatos ibéricos que terminan moldeando el hoy fascinante Marruecos.

Por las calles de Toledo

Toledo judío. No se puede decir que la ciudad haya estado nunca dividida claramente en barrios separados según la raza y religión de sus vecinos, aunque existieran cercos entre ellas y puertas cerradas por la noche debido a razones de seguridad. En la Toledo musulmana hubo doce mezquitas, diez sinagogas y un menor número de iglesias cristianas. Las dos únicas sinagogas que permanecen en pie actualmente inducen a llamar el barrio donde se encuentran, la Judería, donde hubo mayor concentración de la población hebrea.

Toledo musulmán. Si nos referimos a la estructura urbana, Toledo es árabe, con sus calles estrechas y sinuosas, sus casas -cuyos tejados casi se tocan, pero las ventanas nunca se miran de frente- que encierran a la vista pública sus joyas más preciadas: los patios llenos de verdor, azulejos y fuentes de agua. De la docena de mezquitas quedan dos: la del Cristo de la Luz, del año 999, y la de Tornerías, algo posterior. •Toledo cristiano.Toledo fue cristiana desde el siglo IV. Siendo parte del imperio de Roma, lo fue el reino visigodo, aunque arriano durante unos años y católico después, pasando por los más de trescientos años de convivencia de las tres religiones bajo la dominación musulmana, hasta la llamada Reconquista.En el siglo XVII la entonces "ciudad convento" contaba con casi setenta edificios de usos eclesiásticos o afines, como colegios, hospicios, hospitalitos, capillas.Más información: www.gruppaviajes.com.ar