El científico Sergio Idelsohn, recientemente distinguido con el Premio Scopus que otorga la editorial Elsevier, recibió a Nosotros en su despacho-estudio del Intec 3, en el Parque Tecnológico del Litoral, frente a la margen Este de la laguna Setúbal. Desde allí trabaja disfrutando de un paisaje estupendo, "tanto que es de lo que más extraño cuando no estoy en el país", confiesa.
Seguramente este entorno natural es el remanso que contribuye a lograr la serenidad y concentración que necesita para moverse en su habitual mundo de números, fórmulas, ecuaciones, modelizaciones.
Siempre que un autor escribe artículos científicos hace referencia a trabajos similares realizados por otros colegas, los cuales aparecen citados en las últimas páginas de los papers. Y justamente lo interesante de este premio es que Idelsohn se encontró con que -entre todas las especialidades (contando Medicina, Bioquímica y otras disciplinas)-, en los últimos 10 años figuró entre los 8 investigadores argentinos más referenciados en todas las revistas científicas del mundo. "Me sentí muy asombrado", dice con la humildad que caracteriza a los que realmente saben.
La tarea de la firma holandesa para otorgar esta distinción consistió en consultar la gran base de datos que posee -justamente llamada Scopus- donde están todos los trabajos que circulan por el mundo y que suman unas 14.000 revistas.
Como resultado de ello supo cuántas veces había publicado trabajos -son 91 los que tiene en su haber- como primero o segundo autor y -además- y lo central, en cuántas oportunidades sus investigaciones habían sido referenciadas por otros autores de todo el mundo.
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-�Cuándo le confirieron este premio?%s
-Lo otorgaron en octubre; yo me enteré unos pocos días antes porque no estaba en el país. Si lo hubiese sabido habría regresado; por ello delegué en un familiar que vive en Buenos Aires para que fuese a recibirlo. Se entregó en el Hotel Alvear, vinieron los directivos desde Holanda y estaban presentes todas las autoridades de ciencia del país.El director de Elsevier puso una pantalla, se comunicó directamente a una computadora y, casualmente, para explicar el premio utilizó Idelsohn como ejemplo y empezaron a salir todos mis trabajos.
-íQué bueno y qué orgullo para la ciencia argentina y santafesina en particular!
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-Como si esto no requiriera de un estudio previo, de cálculos matemáticos, ecuaciones...
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El Dr. Idelsohn entiende que lo que hace tanto él como todos los investigadores representa sólo un granito de arena, porque siempre están tratando de mejorar lo que ya está hecho... y mejorar algo es muy difícil. Una vez que está mejorado, copiarlo es muy fácil. "Yo siempre pongo un ejemplo: se puede con facilidad fabricar una heladera; pero si es una mejor, que consume menos, que hace menos ruido, que con menor cantidad de electricidad enfría más, que es más cómoda, ese poquito es muy difícil lograrlo. Si fuese tan fácil los fabricantes lo habrían hecho desde el principio. Una heladera de hace 20 años es muy diferente a las de ahora, porque fueron mejorando, y dentro de 20 años serán todavía mejores. Pero hacer hoy las que serán dentro de 20 años es muy complejo. Todo eso es cálculo puro, por eso digo que cada uno pone un granito de arena, que se suma a otro y así la ciencia avanza. Pero no es fácil comprenderlo".
-Cuánta gente como yo se preguntará por qué demoran tanto en llegar a algo, por ejemplo, en lograr un corazón que funcione como el humano...
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Prácticamente el científico de la UNL transcurre la mitad del año en la Universidad Politécnica de Cataluña y la otra aquí en Santa Fe, aunque en realidad, esté donde esté, se halla trabajando siempre para lo mismo. "Dirijo gente que está haciendo el doctorado acá y otra que lo está haciendo en Barcelona y gracias a la computadora estamos siempre vinculados. Hace poco estuve en China, en un intercambio de la UNL con el Instituto Tecnológico de Beijing, pero desde el hotel seguía trabajando para una y otra parte.
"Por suerte y gracias al ex rector y actual intendente Mario Barletta, conservé el cargo de profesor aquí. Por supuesto que cuando estoy en Barcelona lo hago con licencia sin goce de haberes. Lo que no tengo más es el cargo de investigador superior del Conicet, la categoría máxima. Yo quería que el Conicet hiciera lo mismo que la UNL, cosa que venía haciendo desde hacía 15 años, o sea cuando estaba afuera no me pagaban, pero me mantenían el cargo. Lamentablemente el Conicet prefirió perder un investigador a conservarme en esas condiciones. Ahora en las publicaciones no pongo más Conicet-UNL, pongo sólo esta última".
"Me pareció injusto -sostiene-, pero sucedió que tuve una diferencia con una persona del Conicet y no me aceptaron más en esa condición. Es por ello, además, que este premio me puso muy contento, porque lo da Elsevier junto con la Secyt, el organismo madre del Conicet. Si no hubieran estado de por medio los holandeses, quizá no me lo habrían otorgado".
Nos despedimos del Dr. Idelsohn con la satisfacción de conocer los investigadores de valía que tiene nuestra ciudad, en el reconocimiento que cosechan en el exterior, en el polo científico-tecnológico que Santa Fe representa -de lo cual, tal vez, pocos estén al tanto-, pero nos acompaña también un cierto dejo de tristeza porque nuestro país no ha sabido aprovechar a fondo este enorme potencial de desarrollo.
Desde hace muchos años, Sergio Idelsohn se dedica a la mecánica de fluidos, o sea el estudio del movimiento de los elementos no sólidos, como el aire, el agua y los metales fundidos, y dentro de ellos a los que tienen una superficie, como el mar y el metal fundido (el aire no, porque no la tiene). �Para que sirve esto? Para estructuras civiles que están en el mar, como por ejemplo escolleras, puentes, etc., donde se estudia cómo una ola choca contra ellos, qué fuerza hace, cuál es la resistencia.
"Estudiamos un fenómeno que está muy `de moda': los tsunamis -explica el destacado científico-. Los hemos representado en computadora, matemáticamente, para saber, al moverse la tierra en el fondo del mar, qué tipo de ola se produce, hasta dónde va a llegar y si puede provocar devastación.
-�Están mejorando el sistema?
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Hicimos un trabajo para Barcelona: allí se construyó un dique para el cual se había hecho una escollera y se había llenado con agua y arena. En un momento dado el dique se desplazó, y se trataba de una construcción que había costado muchos millones de dólares, y nadie entendía la razón del desplazamiento. Utilizamos entonces todos nuestros modelos para explicar un fenómeno que se llama licuefacción, el cual produjo una ola -una especie de tsunami pequeño ahí adentro- y provocó que la escollera se moviera.
Asimismo, analizamos problemas metalúrgicos: un metal fundido que está en un recipiente a 1.500 grados de temperatura, al cual tienen que echarle desde arriba otro metal. Allí debemos corroborar si salpicará o no, porque si lo hace puede quemar al obrero que está trabajando. Entonces, estudiamos desde qué altura hay que tirarlo, porque es algo que no puede hacerse ni siquiera experimentalmente, ya que hay riesgo de vida. De allí que realizamos el cálculo matemático y después indicamos cómo hacerlo, cómo mezclar los metales, etc.