"Las interrupciones durante el sueño perjudican la habilidad y capacidad del organismo para regular el nivel de azúcar en sangre. Esta disfuncionalidad es considerada un factor de riesgo a la hora de evaluar el posible desarrollo de la diabetes tipo 2", afirmó la doctora Esra Tasali, profesora asistente de medicina del Centro Médico de la Universidad de Chicago (Estados Unidos) y líder de un estudio cuyas conclusiones forman parte de la publicación Proceedings of the National Academy of Sciences. A través de este trabajo, los profesionales se propusieron determinar los factores "cotidianos" que tienen influencia en la aparición de enfermedades de mayor gravedad.
Esta afirmación coincide con la experiencia de los neurofisiólogos, que indica que la regulación del descanso ejercida por el sistema nervioso autónomo -puesta en funcionamiento durante el sueño profundo- debe mantener un equilibrio. En caso de que éste se altere, la localización central de grasa, entre otros mecanismos, puede verse favorecida.
La diabetes es una enfermedad crónica que padecen actualmente 246 millones de personas en todo el mundo, registrándose 7 millones de nuevos casos por año, y en la cual los niveles de azúcar en sangre (glucosa) se encuentran elevados.
Por su parte, la diabetes tipo 2 es típica de los adultos que padecen sobrepeso y otros factores de riesgo y se caracteriza por la incapacidad del organismo -que a diferencia de lo que sucede en la diabetes 1, sí produce insulina- para controlar la glucosa debido a la resistencia que se genera.
"Las diferencias entre uno y otro tipo se van achicando porque, si bien la 2 no se trata desde el inicio con insulina, como sí sucede en la 1, siempre se termina administrando esa sustancia. Otra de las diferencias que ya no son tales consiste en la prevalencia. Actualmente, la incidencia de diabetes es prácticamente igual, tanto en hombres como en mujeres, sumado al hecho de que la 2 es cada vez más frecuente en chicos con problemas de obesidad", señaló el Dr. Eduardo Miguel Abad, consultor en nutrición, especializado en diabetes.
Con respecto a la vinculación de esta enfermedad no sólo con el sueño sino también con otras afecciones, el Dr. Daniel Cardinali, médico neurólogo y profesor titular de la Cátedra de Fisiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA) refirió: "Actualmente se vincula la falta de sueño con el desarrollo del llamado Síndrome Metabólico, pues hay estudios epidemiológicos muy importantes que establecen un nexo entre algo que es un hecho: que la población duerme actualmente un promedio de dos horas menos que en la década del 60, y el desequilibro hormonal que se produce cuando el organismo no descansa lo suficiente. Por otro lado, estar más horas despiertos provoca la actividad de las hormonas que favorecen el apetito -aquellas que trabajan durante el día- imposibilitando la acción de aquellas que lo inhiben y suelen activarse en la noche".
En cuanto a la alimentación, es importante destacar que hay determinados alimentos de digestión más lenta, condición que favorece la aparición de molestias que interfieren en la calidad del sueño, con lo cual es preferible evitarlos durante la cena. En este ámbito, los especialistas recomiendan también evitar la ingesta de estimulantes como el café después de la media tarde.
Por otro lado, no hay que olvidar que el paso de los años, sobre todo después de los 40 y en las mujeres una vez comenzado el climaterio, el sobrepeso es relativamente frecuente, pues el sistema hormonal cambia y la actividad física suele disminuir.
Este también es un punto importante pues comienzan a sumarse cuestiones: por un lado el avance de los años y el aumento de kilos; por otro, las posibles molestias o afecciones que puedan ir surgiendo e interrumpiendo el sueño y, finalmente, las preocupaciones y el estrés.
Debido a que, de acuerdo con los especialistas, la diabetes es cada vez más frecuente entre los niños, cuidar determinados aspectos, entre los que se encuentra el sueño, resulta vital. En cuestión de horas, los niños de entre 5 y 12 años deberían dormir entre 10 y 11 diariamente, mientras que para los adolescentes se recomienda dedicar un promedio de 8 horas por noche al descanso.
También es importante evitar que los chicos pasen muchas horas despiertos a fin de prevenir que estén comiendo hasta altas horas de la noche, pues al día siguiente sentirán un gran cansancio que les impedirá desarrollar sus actividades normalmente.
"Tradicionalmente, la diabetes tipo dos era caracterizada como `diabetes del adulto'. Pero cada vez son más los chicos y adolescentes que, como consecuencia de la obesidad, comienzan a padecerla. Frente a este panorama que se está haciendo visible en todo el mundo, contamos con una herramienta fundamental que es la prevención. Hay que educar a los chicos para enseñarles a prevenir la obesidad, especialmente si hay alguna persona diabética en la familia", concluyó la doctora Celia Berezan, médica especialista en Nutrición y Diabetes, integrante del equipo del Centro de Diagnóstico Dr. Rossi.