Histórico fraude financiero

Jérome Kerviel, el corredor bursátil acusado por el banco francés Société Générale de cometer un fraude histórico, fue inculpado ayer de varios cargos, entre ellos el de "abuso de confianza" aunque quedó en libertad, sin fianza, tras reconocer que disimuló pérdidas gigantescas.

Kerviel, de 31 años, fue imputado por los jueces de instrucción de su caso por "abuso de confianza", "falsificación y uso de documentos falsificados" e "infiltración en un sistema automatizado de datos informáticos".

Tras dos días de interrogatorio por parte de la policía, por un fraude que asciende a 4.900 millones de euros (7.100 millones de dólares) -el mayor de la historia de las finanzas-, el joven quedó en libertad bajo control judicial.

Los jueces de instrucción, Renaud van Ryumbecke y Fran�oise Desset, no pidieron fianza, explicó la abogada.

La fiscalía anunció que apelaría la decisión judicial.

El joven, que dijo que ocultó sus pérdidas por el afán de convertirse en un broker excepcional, aseguró ante la policía francesa que no buscaba enriquecerse.

Su monumental fraude, mediante complejos productos de inversión financiera conocidos como "derivados", ha creado una auténtica conmoción en el sistema bancario francés, y ha dejado en una peligrosa situación a la Société Générale, uno de los tres mayores bancos del país.

Según anunció ayer el fiscal de París, Jean-Claude Marin, Kerviel, que hasta el pasado jueves era un empleado discreto y no especialmente brillante, aseguró que "no malversó un sólo céntimo" y que actuó solo.

Un malabarista arrastrado por la crisis bursátil

Los malabarismos de Kerviel en el mercado de "derivados" provocaron escalofríos en los responsables de las finanzas europeas, que dudan de que un hombre solo pudiera provocar semejante caos.

No obstante, el fiscal explicó que el empleado, que cooperó totalmente con los policías, "esperaba convertirse en un corredor de acciones excepcional y obtener primas de rendimiento superiores", que podrían haber alcanzado los "300.000 euros en 2007".

El empleado cobraba unos 100.000 euros anuales, una cantidad considerada pequeña para los golden boys de las finanzas.

Además, Kerviel subrayó que había otros operadores que también realizaban operaciones semejantes aunque tal vez a menor escala, una acusación que la investigación deberá aclarar.

Kerviel podría ser condenado a una pena de hasta siete años de cárcel y 750.000 euros de multa. Por el momento le fue confiscado el pasaporte, y según la medida cautelar, no podrá realizar ningún tipo de inversión bursátil.

Paralelamente, unos 100 accionistas de Societé Générale presentaron una denuncia por "manipulación de los precios" e "información privilegiada", dirigida sobre todo "contra el administrador del banco", que vendió 85,7 millones de euros en acciones el 9 de enero, es decir, dos semanas antes de que estallara el escándalo.

El fiscal explicó que el empleado comenzó a "tomar posiciones no autorizadas por el banco" en los mercados desde finales del año 2005. Ayer, el presidente de la entidad en cuestión, Daniel Bouton, negó que existiera un "complot" que convierta al empleado al que la entidad acusa de un fraude millonario en un agente al servicio de un banco ruso, como apuntan algunos rumores, o en un chivo expiatorio usado para esconder otras pérdidas.

En la bolsa de París, la acción de la Societé Générale seguía hundiéndose y terminó la sesión el lunes en baja de 3,81% a 71,05 euros.

La semana pasada, la acción de este banco acumuló pérdidas del 13,44%.

"Cuando se produce un acontecimiento de esta naturaleza, no puede quedar sin consecuencias en materia de atribución de responsabilidades", declaró el presidente francés, Nicolas Sarkozy, en oportunidad de una visita a una universidad cercana a París.

AFP