No es frecuente que se controle el nivel de grasas en sangre de los chicos porque tradicionalmente se consideraba que no tenían problemas de colesterol elevado. Sin embargo, en muchas autopsias realizadas en las últimas décadas a niños y jóvenes muertos en accidentes se han encontrado inicios de taponamiento de las arterias aorta y coronarias. Las causas son el exceso de grasas en la alimentación y una escasa actividad física, a las que puede sumarse una predisposición genética.
"Los factores de riesgo para que se produzca la calcificación de las arterias coronarias son la obesidad y la hipertensión en la infancia, y para los jóvenes el aumento de índice de masa corporal y del colesterol en sangre", explica la médica pediatra Gabriela Dimarco, integrante del Programa de Prevención del Infarto en Argentina (el Propia, un Centro de la Universidad Nacional de La Plata, con apoyo de la Comisión de Investigaciones Científicas de la provincia de Buenos Aires, CIC, y del Ministerio de Salud provincial).
Dimarco añade que la herencia genética es un importante factor que predispone al desarrollo de problemas cardiovasculares. En estudios realizados en Estados Unidos se halló que los niños y adolescentes con familiares que habían sufrido una enfermedad coronaria antes de los 55 años tenían en su sangre (en promedio) niveles más altos de colesterol total, de colesterol de baja densidad (LDL) y de triglicéridos, que los jóvenes sin antecedentes familiares de problemas cardíacos tempranos.
Otras investigaciones norteamericanas destacan los peligros del exceso de peso: en ellas se encontró que chicos obesos tenían, en promedio, niveles más altos de colesterol total y de una proteína transportadora de colesterol, la LCAT, que es secretada por el tejido adiposo. El nivel de LCAT (un marcador de riesgo coronario) descendió cuando los niños bajaron de peso.
La Dra. Dimarco está a cargo del consultorio de Factores de Riesgo en Pediatría del Hospital San Roque de Gonnet, localidad cercana a La Plata. En él se atienden niños y jóvenes de hasta 16 años con problemas de sobrepeso, obesidad, colesterol elevado, diabetes tipo II y sedentarismo.
"En gran parte de nuestros pacientes con sobrepeso o con obesidad, encontramos niveles de grasas en sangre superiores a los normales. Entre el 24 y el 26 % de ellos presenta altos valores de triglicéridos, mientras que cerca del 44 % de los niños obesos y el 60 % de los con sobrepeso tienen exceso de colesterol. Los antecedentes familiares son importantes, ya que alrededor del 70 % de estos chicos provienen de familias con antecedentes de colesterol elevado", informa Dimarco.
Diversas investigaciones muestran que si los niños realizan una actividad física de baja intensidad en forma regular se produce un aumento del colesterol beneficioso, HDL, y una disminución del perjudicial, LDL. También baja el nivel de insulina en ayunas y aumenta la sensibilidad a la insulina del organismo, lo cual reduce la posibilidad de desarrollar diabetes tipo II (no insulinodependiente) en la niñez y adolescencia.
En el Hospital San Roque, se brindan talleres de educación alimentaria y de actividad física. Se ha constatado que tanto el peso de los chicos como su índice de masa corporal disminuyen significativamente luego de completar un programa de ejercitación regular, acompañado por una alimentación balanceada.
La Sociedad Argentina de Pediatría considera que si en la niñez se bajan los niveles de colesterol total y de LDL y estos valores se mantienen hasta la adultez, podría disminuirse la incidencia futura de la enfermedad coronaria.
A partir de los 2 años, el consumo de grasas debería satisfacer los requerimientos del desarrollo pero ser limitado para que no haya un exceso de peso. La mayor parte de estas grasas debería provenir de aceites vegetales, ya que ayudan a bajar el colesterol. Asimismo, se recomienda ingerir preferentemente legumbres y carnes magras, frutas, verduras, cereales y lácteos semidescremados, y que se eviten los productos con grasas trans.
No se aconseja que los chicos menores de 2 años consuman productos bajos en grasas, ya que éstas son necesarias para completar la formación del sistema nervioso y como fuente de energía para el desarrollo.
Irene Dra. Irene A. Maier (*)(*) Divulgadora científica, Comisión de Investigaciones Científicas de la provincia de Buenos Aires.