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Atahualpa Yupanqui llegaba al alma de los hombres "como vaso de agua fresca" gracias a la simplicidad de su poesía, dijo el cantautor César Isella, quien compartió varias actuaciones con el folclorista de cuyo nacimiento se cumplen hoy cien años.
Un Isella de apenas 20 años e integrante del legendario grupo Los Fronterizos conoció a Yupanqui hace medio siglo, cuando éste ya era una figura consagrada.
"Lo veía como un gigante morrudo y genial. Nos trató de usted. Creaba distancias y metía miedo. Hasta que al rato descubrí a un hombre magnífico, de muy buen humor y hablar claro y llano", recuerda Isella, de 69 años, uno de los referentes de la canción latinoamericana.
Para el artista, la clave de Yupanqui (1908-1992) es que "decía las cosas de un modo particularmente simple, de esa simpleza clara y profunda que llegaba a los seres humanos como vaso de agua fresca".
"Aún las verdades más duras llegaban a lo profundo, sin ofensa", señaló.
Para Isella, esa particularidad devenía de su andar por los rincones remotos de la extensa Argentina, donde al artista se empapó de miles de vivencias de la gente sencilla que luego nutrieron su poesía.
"Su modo de tocar la guitarra -zurdo con cuerdas al revés que los demás- y el fuerte sentimiento en su pulsación conmovían. Uno sabía que allí adentro había vida vivida y mucha de la gente de su pueblo. Lo de Yupanqui no era sólo maestría con el instrumento y su voz. Las dos cosas tenían que ver con lo que él y su guitarra habían vivido", señaló Isella.
El cantautor, que compartió con Yupanqui varias de sus actuaciones en el exterior, recuerda que "don Ata", pese a hablar muy bien lenguas como el francés y el húngaro, siempre utilizaba el español en sus presentaciones.
En el escenario, Yupanqui hacía poner una mesa pequeña con un vaso de agua que iba sorbiendo a tragos durante la actuación.
"A tal punto que a mitad del recital, el vaso de agua formaba parte del escenario y de sus canciones. Era tan maravilloso ese mensaje natural, que con la última canción sorbía el último trago de agua, como un broche de la inmensa naturaleza que representa el agua en el ser humano y en la religiosidad profunda de la poesía que él iba dejando. Era hermosamente notable", recuerda Isella.
El ex integrante de Los Fronterizos comenzó a recorrer América como solista en 1967 y en ese periplo trabó amistad, entre otros, con el cantautor chileno Víctor Jara, el cubano Silvio Rodríguez y el poeta peruano Nicomedes Santa Cruz, quienes reconocían la influencia de Yupanqui en "sus hechuras internas como artistas".
"Con los tres soñamos encuentros conjuntos con el maestro Yupanqui por la cercanía que yo como argentino tenía. Sólo con Silvio Rodríguez y en Buenos Aires pude hacerlo realidad", memora Isella. El encuentro fue pocos meses antes de la muerte de Atahualpa en Francia.
Para Isella, "don Ata" tuvo la grandeza de decir "en versos simples y profundos las penas, los dolores y la dignidad del hombre americano de sus días", "supo como nadie de su tiempo, con tono dominante, hacer una canción majestuosa y digna en el habla castellana".
"Controvertido para los que no lo conocían por sus agudos dichos" y "meticuloso observador de los asuntos políticos -algo así como el Jorge Luis Borges de izquierda-", según Isella, Yupanqui es dueño de una "obra genial y universal".
"Uno aprendía escuchando sus historias una y mil veces, pero contadas y regadas en el magnífico idioma que es la imaginería yupanquiana, que cada vez me las entregaba remozadas y aumentadas. Vicios hermosos de su modo aprendido en los caminos del pueblo", concluyó Isella.
Natalia Kidd (EFE)