A despecho de la intensa campaña vial de la anterior gestión en la provincia, que aumentó considerablemente la cantidad de kilómetros asfaltados, todo el corredor costero, enhebrado por la emblemática Ruta Provincial 1 Teófilo Madrejón, ha recibido poca atención y hoy se advierten las consecuencias.
El camino lleva el nombre de Antonio Leonhardt, periodista de esta casa que, desde las páginas de El Litoral, bregó durante muchos años para que se concretara la realización del corredor. Hoy la ruta presenta las deficiencias que tuvo desde su inicio: un trazado angosto, sin banquinas asfaltadas y con puentes de tránsito peligroso. A ello hay que agregar el desgaste de muchos años de uso y el consecuente deterioro que presenta en la actualidad.
La vía que recorre más de trescientos kilómetros a la par del río San Javier, en el denominado corredor costero, de impactante belleza natural, presenta numerosos peligros: la calzada está deformada, con marcados huellones y crecientes baches; no hay banquinas o están en mal estado, y falta señalización. Los puentes son angostos y de alto riesgo, como por ejemplo, el que extiende sobre el Arroyo Leyes.
A ello se suma, por largos tramos, la absurda construcción de un terraplén en la margen este del camino. La improvisada defensa de tierra apisonada, a la que no se le hace mantenimiento, impide tener una visión panorámica del paisaje costero, tan apreciado desde el punto de vista turístico. Pero, además, la barrera protege mal a la ruta de las inundaciones y, sobre todo, ante una mínima lluvia, agrega tierra, arena y barro a la calzada, convirtiendo al camino en una trampa. Precisamente, en los días de lluvia, cuando los peligros se incrementan y a la escasa visibilidad propia del fenómeno se suman profundas "canaletas" tapadas con agua y el barro que se desliza desde esa defensa. Lo correcto sería considerar este aspecto en cualquier proyecto futuro.
A la parte "física" del trazado, deben agregarse otros peligros derivados de su uso, entre ellos, la circulación informal, el caos del tránsito de a caballo, bicicletas, motos y autos, muchas veces sin luces ni frenos. También se suman los camiones de gran porte que, para esquivar los peajes de la Ruta 11, se desvían de su trayecto, aumentando la circulación y los riegos, en particular en largos tramos urbanizados, desde el nacimiento de este camino hasta Arroyo Leyes, que conviven mal con la velocidad que impone una ruta.
Durante muchos años no ha habido intervención a este camino costero, salvo el imprescindible reemplazo del colapsado puente Bailey del Leyes y el proyecto de autovía a Rincón, que en la actualidad está en revisión.
Por todo esto es evidente la necesidad de abocarse en breve a un reordenamiento sustancial de la Ruta 1, en toda su extensión. No sólo es deseable, para sumar una infraestructura necesaria para el promocionado corredor turístico costero, sino, básicamente, para aportar una mayor seguridad vial a una ruta de trascendencia para el desarrollo de una región históricamente postergada.