Erdosain
José se ha venido -como quien dice- con los botines de punta: -Estamos invadidos por rosarinos, asesores, secretarios, funcionarios, ñoquis, todo llega de Rosario... es un malón de niños bien...
Abel, que acaba de llegar, le responde antes de decirle a Quito que le sirva el café: -Estás exagerando, no es para tanto; conozco muchos santafesinos o gente del interior de la provincia que trabaja en este gobierno...
-A mí me parece de muy mal gusto -digo- que juguemos a inventar un problema entre rosarinos y santafesinos. Lo único que nos falta es que, además de los problemas que tenemos, sumemos una guerra de secesión.
-Vos dirás que exageramos, pero el que exagera es el gobierno -responde José-, no sólo está llenando la ciudad de rosarinos, sino que se han otorgado unos aumentos que duplican a los funcionarios del gobierno anterior.
-Lo que se hizo fue sincerar los sueldos -contesta Abel-; un gobernador o un ministro no pueden ganar millones, pero tampoco pueden ser mendigos. Los servicios que se prestan al Estado deben ser bien remunerados; si no, la mejor gente se dedica sólo a la actividad privada.
-Cuando los peronistas decíamos eso éramos corruptos -replica José-, pero cuando lo dicen los socialistas son correctos.
-Con los peronistas, la poca o mucha corrupción que había no se expresaba en los sueldos -interviene Marcial-, sino en los negociados... ¿o nadie se acuerda de los juguetes de Vanrell o del Puente Colgante de Vernet?
-Ya sabemos que los socialistas y los radicales vienen a moralizar. Son tan moralistas que ahora me quieren hacer creer que el mejor acto moral que pueden ofrecer a la sociedad es aumentarse los sueldos.
-Insisto en que los sueldos deben ser buenos -digo- y reitero que el problema no es que sean rosarinos, santafesinos o de Rafaela, el problema es que gobiernen bien, que hagan las cosas como se debe.
-Eso está por verse -contesta José-, hace cien días que están en el gobierno y hasta ahora no hay nada serio que criticarles, pero tampoco hay nada extraordinario que ponderar...
-Desde 1983 a la fecha los peronistas sumaron diez mil días en el gobierno -reflexiona Abel-, nosotros hace apenas cien días que llegamos, pero ya nos están apretando como si los responsables de esta provincia sometida fuéramos nosotros.
-Si nosotros cometimos errores, los estamos pagando -retruca José-, pero ustedes parecería que fueran perfectos y que todo lo malo que ocurre en esta provincia es por culpa de los peronistas.
-No es por culpa de los peronistas -susurra Marcial-, es por culpa de los que gobernaron esta provincia...
-Lo cual viene a ser lo mismo- digo yo.
-La diferencia es apenas una sutileza -corrige Marcial-, pero a esa sutileza los peronistas nunca la van a entender y los socialistas nunca la van a reconocer.
-Yo tampoco te entiendo -dicen Abel y José al mismo tiempo.
-Me lo imaginaba -replica Marcial con una sonrisa, como si estuviera hablando consigo mismo.
-No comparto -vuelven a decir los dos al mismo tiempo.