Carmen Coiro (DyN)
La historia ha dado sobrados ejemplos de lo pernicioso que resulta en el manejo del Estado el poder absoluto de sus gobernantes: en general, aunque el precio que pagan los gobernados es muy alto, finalmente los que terminan perjudicándose por su propia miopía son los mismos que creen que eternamente disfrutarían de esa omnipotencia.
En Argentina hay sombras de esa situación: el kirchnerismo, instalado desde hace ya cinco años a la cabeza del manejo del Estado, da muestras repetidas de un uso y del poder que ya comienza a generar resquebrajamientos en las bases que tanto los han venido apoyando en cada contienda electoral, y con una actitud de sumisa expectativa que tiende a tornarse en irritación.
Como el padre de Eugenia Grandet en la inmortal obra de Balzac, los Kirchner acumulan y acumulan riqueza en el Tesoro, que cada vez se parece más a "su" tesoro. El padre de Eugenia sometía a la joven y a su madre a una vida miserable de racionalización extrema de alimentos y bienes básicos, y por las noches se encerraba en su cuarto secreto repleto de oro: sólo la contemplación le producía placer, no su uso.
El anuncio de que el Tesoro logró el récord de 50 mil millones de dólares guardados tiene un sentido similar, parecido al que detenta la suma nunca precisada de dinero que ahorró Néstor Kirchner en las arcas de su provincia, Santa Cruz, que están vaya a saber en qué cuenta extranjera y lo que es más misterioso, con qué propósito.
Si se recurre al buen pensamiento, se podría aceptar la explicación oficial de que se trata de dinero para "blindar" al país de las envolventes crisis económicas que por gracia de la globalización han golpeado más de una vez a la Argentina de la década anterior.
Lo que no se explica es que ése sea el excluyente fin de la recaudación fenomenal que este Estado kirchnerista ha logrado acumular y que exhibe como su más resonante triunfo. Avezados economistas se han preguntado por qué tan elevada la suma destinada al "blindaje" si ni siquiera una ínfima parte de ella se redistribuye en la vida de la sociedad: en poner a los haberes jubilatorios en un nivel digno, mejorar hospitales, escuelas e infraestructura y en modernizar al país.
Además de la enorme suma que en materia de impuestos depositan a diario comerciantes, industriales, productores, ciudadanos asalariados, que entregan gran parte de sus propias ganancias al Estado todopoderoso del kirchnerismo, el golpe a las retenciones en las exportaciones agropecuarias es otra de las herramientas favoritas porque además sirven para matar dos pájaros de un tiro. Por un lado, el Estado se embolsa el 44 por ciento -casi la mitad- de la rentabilidad de los agroexportadores, y por el otro molesta a la clase de productores que identifica, con una idea política que atrasa al menos treinta años, con el "enemigo burgués o el oligarca" al que hay que golpear de cualquier modo.
Uno de los productores agrícolas advirtió sobre lo que consideró la "hipocresía" de la gente hoy en el poder. Por un lado, está el discurso populista según el cual se está actuando al mejor estilo Robin Hood, para quitarle dinero a los ricos con el propósito de volcarlo en los pobres; pero por el otro, la realidad demuestra que esa supuesta buena intención oficial dista años luz de verificarse.
La decisión firme e inamovible de no reconocer el avance de la inflación es un cuello de botella, igual que la de aumentar hasta un inédito 44 por ciento las retenciones de todo lo que se exporta. Ambas políticas no fueron elaboradas en conversaciones y acuerdos con las partes interesadas: fueron adoptadas en forma inconsulta, e impuestas de arriba hacia abajo aunque al actual sistema lo sigan calificando como democrático y republicano.
Se trata de dos aspectos cruciales de la economía oficial que ya fueron colocados en sendos callejones sin salida. Si no se reconoce la inflación y el garrafal error cometido al intervenir el Indec, tampoco habrá solución para esa crisis, y si se adoptó una política a largo plazo de retenciones sin la consulta a los sectores productivos que resultaron víctimas de ese modelo de acumulación, también se habrán colocado en una trampera.
¿Cómo desactivar ahora la masiva protesta de los ganaderos si el gobierno no da marcha atrás en sus principales decisiones en materia de retenciones?
La tozudez de los Kirchner y su estrechísimo círculo integrado por aquellos pocos a los que no perciben como enemigos, están elaborando lenta pero progresivamente un cono de sombra para los mismos dueños del poder.
Si la acumulación de riqueza en el Tesoro tuviera como finalidad inconfesa poder echar mano de recursos para la perpetuación en el poder de los Kirchner -con presidencias alternadas entre marido y mujer- entonces a la larga ubicará a la pareja también en un callejón de salida.